Domingo del Bautismo del Señor. Año A. Ejercer el bautismo es acudir a los demás

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 3,13-17
Jesús fue desde Galilea hasta el Jordán y se presentó a Juan para ser bautizado por él. Juan se resistía, diciéndole: “Soy yo el que tiene necesidad de ser bautizado por ti, ¡y eres tú el que viene a mi encuentro!”
Pero Jesús le respondió: “Ahora déjame hacer esto, porque conviene que así cumplamos todo lo que es justo”. Y Juan se lo permitió.
Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia Él. Y se oyó una voz del cielo que decía: “Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección”. 
Palabra del Señor


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Homilía

Domingo del Bautismo del Señor. Año A.

Domingo 11 de enero de 2025


El bautismo suele entenderse en diversas culturas como un ritual de pasaje y marca la pertenencia de un sujeto a un grupo social. En los casos más contemporáneos, marca la pertenencia a una determinada iglesia. En el caso que nos muestra el evangelio, el bautismo que practicaba Juan era un ritual de arrepentimiento y permitía que la persona perteneciera al grupo de los que iban a participar del Reino.

Sin lugar a dudas, en la fila para el bautismo se encuentran los que, habiendo cometido algún delito o fechoría, desean perdón y viven el arrepentimiento, pero también los excluidos sociales, aquellos a quienes la sociedad ha marginado y les ha dicho “tú no perteneces aquí”. Entonces, el bautismo, podría haber funcionado como una forma de integración social. Aquellos que no encuentran su lugar en el mundo, lo encuentran en el proyecto de Dios. 

Pero no solo se trata de que esos excluidos se acerquen al grupo de “los que están con Dios”, sino que aquí ocurre lo más inesperado: Dios mismo acude a ellos. En un acto insólito, Jesús, que no necesita del bautismo (ni sociológica ni teológicamente), hace la fila como uno más de los condenados. Y, todavía, más, en palabras de Juan, “acude al encuentro” de quien lo necesita.

Hoy vivimos tiempos turbios, en los que los poderosos no terminan de saciar su ambición y son capaces de invadir territorios extranjeros, negociar salidas dignas y con ropas de marcas, robar miles de millones de los municipios para su pecunio, de dañar la imagen de ciudadanos asesinados a manos del estado o insultar la idiosincrasia de algunos pueblos. Todo esto, como es usual, desde un cómodo sofá, sin conocer historias personales y lejos de los afectados. La lejanía nos convierte en personas indolentes, en hombres y mujeres incapaces de mirar a la cara al otro y reconocer su dignidad. En vez de acudir al encuentro de los demás, nos refugiamos en nuestros deseos e ideas. Esto que parece exclusivo del mundo de la política, lo vivimos a veces en las familias y, sin duda, en la comunidad eclesial, cada vez que callamos la voz de alguien y anulamos sus derechos u obviamos sus preguntas, porque nos incomodan.

Al final, lo único que hará que alguien verdaderamente pertenezca a la comunidad creyente es la cercanía, es que acudamos, como Jesús, a su encuentro, que acojamos sus necesidades e inquietudes, y que, así, transitemos juntos los caminos del proyecto de Dios. Más allá de aguas, óleos y ritos, eso es pertenecer, eso es ejercer el bautismo, eso es sentirse parte de la comunidad creyente.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ


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