Domingo 16° del Tiempo Ordinario. Año C. La audacia de seguir a un señor que libera.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Cf. Lc 8, 15
Aleluya. Felices los que guardan la Palabra de Dios con un corazón bien dispuesto, y dan fruto gracias a su constancia. Aleluya.
Evangelio
Marta recibió a Jesús en su casa. María eligió la mejor parte
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 10, 38-42
Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude”.
Pero el Señor le respondió: “Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada”.
Palabra del Señor
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Homilía
16° Domingo del Tiempo Ordinario. Año C.
Domingo 20 de julio de 2025
A más de algún varón he oído decir “no soy machista, porque ayudo en casa”. Esta siniestra frase promueve un determinado rol para las mujeres (las labores domésticas) y circunscribe su espacio de acción (la casa). Así, esa frase parece desplazar a la mujer del espacio público o del espacio de aprendizaje, quitándole voluntad y sometiéndola al deseo de un varón que, tal vez, quiera ayudarle. El evangelio de este domingo nos invita a revertir esos códigos y buscar la plenitud de la mano de Jesús.
Durante años, he escuchado que Marta y María representan dos sentidos complementarios de la vida: la contemplación y la acción. Sin embargo, si miramos el relato, esa respuesta parece demasiado simple y poco convincente. En verdad, la que parece enaltecida es la mujer contemplativa, es decir la que escucha al maestro. A simple vista, la que se queja, trabaja y tiene opinión es silenciada por su señor. En este contexto, el reclamo de Marta parece sensato. Ella está haciendo todo y María, su hermana, no colabora. Sin embargo, Jesús que ha sido delicado con las mujeres, que ha comprendido sus dolores y que se ha dejado acompañar y sostener por ellas, la hace callar. Esto es, por decirlo menos, desconcertante. Para encontrarle valor al relato, hay que intentar descifrar este desconcierto. ¿Por qué menosprecia esa actitud de Marta?
Un detalle que podríamos pasar por alto es relevante en este momento. Marta, cuando interactúa con Jesús para reclamar por la pereza de su hermana, lo llama “señor”. En el texto original, la palabra usada es kyrios (en griego). Esa es la misma forma de tratamiento que se le da al dueño de los esclavos. Es decir, quien utiliza esa expresión se identifica como esclavo o esclava.
Las esclavas en tiempos de Jesús estaban sometidas a la explotación sexual y al trabajo forzado, en condiciones muy duras (algunos dicen que mucho más que los esclavos varones). Marta representa ese tipo de explotación. Está trabajando duramente, porque la sociedad le ha dicho que, como mujer, ha de estar activamente atendiendo a otros, que no tiene valor en sí misma, sino que su valor depende de las cosas que haga en la casa y que los temas de debate público –como la enseñanza de un Reino de justicia– no le puede interesar. En el fondo, Marta actúa como esclava, aunque no lo sea; es decir, tiene mentalidad de esclava.
El escritor de Lucas, entonces, pone en boca de Jesús la oferta de un nuevo camino que libera a la mujer de ese estereotipo social de esclavitud. La mujer ya no tendría valor o dignidad por lo que hace al complacer a otros en la casa, sino por lo que anida en su corazón. Su dignidad de mujer no se la pueden arrebatar ni su identidad puede quedar reducida a los estereotipos sociales. La mujer puede y debe escuchar, aprender, instruirse para liberarse y poder caminar junto a Jesús. En el fondo, es el paso de la esclavitud al seguimiento. Jesús le da un nuevo significado al kyrios o “señor” que pronuncian los labios de Marta. Ya no es el señor esclavista, sino el señor que libera.
El “señor” esclavista no deja que las personas con las que se relaciona desarrollen todas sus capacidades. El “señor” liberador es el que anima a los otros a desarrollar sus potencialidades, el que invita a dejar las ataduras sociales y a vivir para construir un mundo nuevo. Por eso, en muchas ocasiones a Jesús lo llaman “señor”, porque, en el camino, ha ido convocando a muchas y muchos para que se sumen a su proyecto. Marta dice “señor” pero todavía lo dice con el tono de la esclava. Jesús la invita a que imite a María y probablemente a otras mujeres que se han liberado y que pueden llamarle “señor”, porque siguen a un maestro de vida y no a un dueño posesivo.
Es cierto que en las sociedades contemporáneas, principalmente, en las occidentales, las mujeres han luchado y han recuperado el terreno que les corresponde en la esfera pública, ganando derechos justos. Sin embargo, también es cierto que, por un lado, la libertad a la que aspiran las mujeres como parte de la humanidad aún no ha llegado a su plenitud y, por otro, en distintos países se levantan discursos políticos cuyas propuestas van mermando esos derechos o dan carta de ciudadanía a legislaciones que menoscaban aquello que han conseguido y que merecen.
En el fondo, no se trata de ser Marta o María, de oponer vida activa a vida contemplativa, sino de escoger promover y seguir a un “señor” que esclaviza o a un “señor” que libera. Pidamos al Señor que nos regale la audacia para seguir al señor de la libertad y, así, ofrecer en la iglesia y en la sociedad espacios de justicia, donde todos podamos desarrollarnos en plenitud, sin esconder talentos ni responder a estereotipos forzados, porque “no ayudamos en casa”, sino que participamos de la misma casa común y tenemos el deber de hacer del mundo un espacio más justo y equitativo para todas y todos.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
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