Domingo de Cristo Rey. Año C. Un Reinado que plenifica la vida de todos aquí y ahora.

 Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 23, 35-43

Después que Jesús fue crucificado, el pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: “Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, sí es el Mesías de Dios, el Elegido!”

También los soldados se burlaban de Él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: “Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!”

Sobre su cabeza había una inscripción: “Este es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: “¿No eres Tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro lo increpaba, diciéndole: “¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que Él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero Él no ha hecho nada malo”. Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino”.

Él le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Palabra del Señor

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Homilía

Domingo de Cristo Rey

Domingo 23 de noviembre de 2025

 

Hace pocos días, la BBC ofrecía un titular: «Chile está extremadamente atemorizado. Pero está lejos de ser el país con el mayor problema por crimen y violencia». Y, aunque hay problemas que son innegables -como el narcotráfico-, hay otras realidades que se silencian. A diario, los periódicos o la televisión nos llenan de inseguridades y nos hacen tomar decisiones políticas y prácticas, según sus puntos de vista. El evangelio de este domingo, en la solemnidad de Cristo Rey, nos muestra que la inseguridad no es buena consejera, ni puede ser el criterio para vivir la vida.

La liturgia nos presenta una escena muy poco solemne para celebrar el Reinado de Jesús. En vez de coronas, oro, inciensos, procesiones largas o trajes pomposos (asociados a las monarquías o a algunas prácticas eclesiales), se nos invita a leer un texto que nos lleva a un monte, donde cuelgan crucificados tres personajes. Sabemos que uno de ellos no es un delincuente y ha sido crucificado injustamente: Jesús. De los otros, parece que sí habían infringido la ley romana. Pero, entre ellos mismos, las actitudes no son las mismas. Uno de los ladrones es indolente y desafiante, aun en el momento de la muerte. Hoy quiero que miremos las actitudes del otro ladrón.

Ese otro malhechor interactúa dos veces en el relato: La primera vez, para increpar al bandido desafiante; y la segunda, para hablar con Jesús. Del primer diálogo, podemos saber que es un hombre de profunda fe (temeroso de Dios) y, a la vez, justo (reconoce con honestidad su culpa). En el segundo diálogo, se muestra otro rasgo de este hombre. De su corazón, en el momento de la muerte, brota una petición, sencilla y, a la vez, insegura: acuérdate de mí, cuando llegues a tu Reinado. El “cuando” es su muestra de inseguridad. Quiere confiar, pero no ha terminado de comprender el mensaje de Jesús. Sabe que está frente a alguien importante, pero no logra calibrar del todo lo que ese Dios-hecho-hombre ha hecho por las calles de Galilea y en Jerusalén. El mensaje de Jesús es claro: «El Reinado ya está en medio de ustedes». Ese malhechor como muchos creyentes, imagina que el Reinado es algo que viene más adelante, mientras, en verdad, ya está germinando en medio de nuestras relaciones cotidianas. Por eso, Jesús no le responde «sí, más tarde me voy a acordar de ti», sino que le dice «hoy estarás conmigo». El hoy es sinónimo de lo cotidiano, de algo que ya sucede, es la hora actual, viva, presente, confiante. Jesús transforma el “cuando” de la inseguridad por el “hoy” de la confianza.

Vivimos en un mundo lleno de inseguridades, de violencia y marginación. Algunos podrán sostener que el Reinado de Jesús vendrá más adelante, que este mundo que nos toca vivir es pasajero y que la recompensa se dará en el futuro. Sin embargo, el evangelio muestra otra dinámica. Frente al mundo de inseguridades, las y los cristianos estamos llamados a contribuir a gestar un mundo de confianza, aquí y ahora. La invitación de Jesús es a aventurarnos a ofrecer confianza, a generar lazos hondos de amistad personal y social, porque su Reinado se vive “hoy”. Cristo es rey, pero no de un Reinado utópico y fantasioso, sino de uno concreto e histórico, en el que nos comprometemos día a día con las luchas de quienes más necesitan y anunciamos a un Dios de esperanza y misericordia, porque así germinan la verdadera fe y la verdadera justicia. 

Pidamos al Señor que nos habite la fe y la justicia del malhechor, y también la confianza de Jesús. Que nuestros corazones creyentes y deseosos de justicia no se dejen amedrentar por los contextos de inseguridad, sino que podamos caminar con Jesús. Tal vez, así , podamos oír a Jesús mismo diciéndonos que “hoy” vivimos su Reinado, porque sonreímos en la calle, trabajamos con esmero, ofrecimos compañía, nos comprometemos con los marginados del mundo y nos ocupamos de las necesidades de nuestros entornos. Al final, el Reinado de Jesús es un regalo cotidiano que se vive a diario, sin coronas ni pajes, sino que frente a las cruces del mundo, dando la batalla contra las injusticias y suscitando esperanza en medio del dolor. Al hacer evidente la dignidad de todos y todas sin exclusión, el Reinado de Dios se vive y plenifica la vida de la humanidad.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ

 

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