28° Domingo del Tiempo Ordinario. Año C. Mirar con profundidad para vivir en libertad y luchar por plenitud

EVANGELIO

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 17, 11-19

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia y empezaron a gritarle: ¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!

Al verlos, Jesús les dijo: Vayan a presentarse a los sacerdotes. Y en el camino quedaron purificados.

Uno de ellos, al comprobar que estaba sanado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano.

Jesús le dijo entonces: ¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?  ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero? Y agregó: Levántate y vete, tu fe te ha salvado.

Palabra del Señor

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Homilía

Domingo 28° del Tiempo Ordinario. Año C.

Domingo 12 de octubre de 2025


Hace unos días atrás se estrenó el Tiny Desk Concert de un programa televisivo de comienzos de este siglo: 31 minutos. Un set de marionetas y un grupo de artistas chilenos se plantaron en un estudio sencillo y grabaron un pequeño concierto en el escritorio de la radioemisora NPR. En menos de 24 horas, llegaron a más de dos millones de reproducciones en YouTube y se convirtieron en noticia en distintos lugares de América. Lo que más captó la atención, (más allá de la nostalgia de sus canciones para los que fuimos jóvenes a comienzos del 2000) es que reconocieron que ese encuentro musical era más que un video infantil, era una plataforma para denunciar los abusos contra muchos migrantes en Estados Unidos. Ejerciendo su libertad, este grupo de artistas reconoce que la vida no está para seguir los afanes de los poderosos ni para seguir la corriente de otros artistas que solo buscan obtener beneficio personal. El evangelio de este domingo nos invita, precisamente, a valorar la libertad que tenemos como seguidores de Jesús, cuando se busca la plenitud de todos y todas.

El evangelio de Lucas nos ha ido mostrando, durante estas últimas semanas, distintas escenas de Jesús en su camino a Jerusalén, el corazón de la fe del Israel bíblico, porque allí se encuentra el templo, el lugar de adoración al Señor. En esta ocasión, le salen al encuentro diez leprosos. De ellos, como dice el relato, solo uno regresa agradecido. La escena, en sí misma, es conmovedora. Uno de los sanados vuelve, se postra agradecido ante Jesús. Ese leproso sano y agradecido es, a la vez, un samaritano, a quien Jesús le dice que su fe le ha salvado. Hay que hacer algunas precisiones para entender el mensaje.

Los diez leprosos van de camino a Jerusalén, a presentarse a los sacerdotes del templo, como Jesús les mandó. En el camino, es decir, sin haber llegado a su destino, ven que han quedado sanos. Sin embargo, uno de ellos, vio algo más. El verbo usado en el evangelio es “ver con profundidad” (horaó, en griego). Ese leproso no solo vio su cuerpo sano, sino que vio algo más, vio con profundidad. Lo que vio fue la presencia de Dios en la persona de Jesús, ya que «volvió atrás alabando a Dios en voz alta». En el fondo, ese leproso no vuelve solamente agradecido por la recuperación de su salud física (eso hubiera correspondido a todos los recuperados), sino que vuelve agradecido porque, en el encuentro con Jesús, su vida cambió de rumbo.

Tanto cambió de rumbo que volvió al lugar donde tuvo ese encuentro revelador: volvió donde Jesús. Esto es significativo, porque uno de los problemas entre los samaritanos y los israelitas era la definición del lugar para adorar a Dios. El leproso sanado y agradecido se encontraba ante un dilema. Por un lado, podría haber seguido a los otros leprosos sanados a Jerusalén, pero como samaritano, no cree que ese templo sea el lugar de adoración de Dios. Otra posibilidad era seguir su tradición samaritana e ir ante los sacerdotes del monte Gerizim, lugar donde los samaritanos adoran a Dios. Sin embargo, el leproso es libre de ambas opciones y su decisión no sigue a la masa ni a su tradición. La decisión la hace sobre la base de su propia historia con Jesús. Al ver con profundidad lo que Jesús había significado en su vida, decide alabar a Dios donde corresponde, en la persona de Jesús de Nazaret. Ya no hay templo ni israelita ni samaritano que tenga tanto peso en su existencia como la persona, el proyecto y las acciones de Jesús de Nazaret.

En muchas ocasiones creemos que nuestro norte es el éxito (como los que van a mostrar que han sido sanados) o que debemos aferrarnos a nuestras raíces (como un samaritano). Podemos estar presos en un sistema que nos invita a triunfar y a sentirnos mejores que los otros. Lucas, en cambio, nos muestra que se puede vivir en libertad cuando reconocemos qué vínculos son significativos en nuestra vida, qué valores distintos a los nuestros apreciamos y, especialmente, a qué personas podemos confiar nuestra vida. Este evangelio es un himno a la libertad. Nos invita a vivir libres de ataduras, de lo que nos hayan inculcado de pequeños, de lo que hayamos aprendido en la escuela, de lo que digan los dirigentes o los poderosos, porque la verdadera libertad la encontramos en Jesús de Nazaret. En su ejemplo de vida sencilla y en su proyecto de justicia hallaremos plena libertad y sentido para nuestras vidas y el mundo.

Pidamos al Señor que nos ayude a mirar con profundidad nuestra vida diaria, para reconocer aquellas personas, relaciones y situaciones que nos ayudan a ganar libertad, que nos ayudan a sentirnos plenos. Al estilo del Tiny Desk Concert, ojalá podamos seguir caminos que nos animen a trabajar por la libertad y plenitud de toda la humanidad. 

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ. 

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