4° Domingo de Pascua. Año C. Una voz que incluye a todos y anuncia la paz

 EVANGELIO

Yo doy Vida eterna a mis ovejas.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 27-30.

Jesús dijo: Mis ovejas escuchan mi voz, Yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.

Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y Yo somos una sola cosa.

Palabra del Señor


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Homilía

4° Domingo de Pascua. Año C.

Domingo 11 de mayo de 2025

 

Hay quienes desconformes de alguna situación, se irritan y alzan su voz, es decir, “ponen el grito en el cielo”. Hay voces que se escuchan porque se imponen, porque gritan más fuerte, y las hay más suaves, que invitan a la paz y a hablar desde el corazón. El evangelio de hoy nos invita a ser voz, pero no de cualquier tipo, sino una voz que se deja conocer porque es sencilla y honesta.

 

El contexto en el que se da este discurso que algunos llaman del “Buen Pastor”, es en la fiesta hebrea de la Dedicación, que hoy, más popularmente, se conoce como Janucá. Se trata de una festividad hebrea de ocho días que conmemora la reconquista y reconsagración del templo de Jerusalén por parte de los Macabeos, cerca del año 165 aec. En hebreo, Janucá significa “dedicación”. Es una fiesta cuyo centro es el templo, es decir, el corazón del sistema religioso. Allí “donde las papas queman”, Jesús es interceptado y urgido a que diga si es el Mesías. 

 

Jesús, en vez de dar una clase teórica sobre el mesianismo, usa una imagen de la lectura del libro de los Números que, además, esos judíos que lo cuestionan han leído en esos días de la fiesta de Janucá y que habla de cómo la voz de Dios guio a su pueblo a la tierra prometida (cf. Nm 7, 89). Solo que esta vez, en vez de hablar de la importancia del templo y de la voz del sacerdote en el contexto del culto, habla de la voz del pastor y de cómo las ovejas conocen al pastor. Las ovejas lo conocen, porque él se deja conocer, las cuida y alimenta, les ha hablado antes y es una voz consistente. Entonces, porque lo conocen, porque tienen ese vínculo, lo siguen. Es decir, Jesús le ha dado un duro golpe a la casta privilegiada de sacerdotes del templo que impone yugos sobre otros, que ha expulsado a los creyentes en Cristo de las sinagogas porque piensan diferente. Es un duro golpe a esa casta que fundamenta su autoridad en el linaje y no en el cuidado de la gente. La voz de esa cultura del templo excluye y violenta. La vida de las ovejas no se ve amenazada por la voz del pastor. Al contrario, en la voz del pastor, sus vidas se ven acogidas, protegidas e impulsadas.

 

En el contexto religioso del templo eso no debió sonar muy bien. Tal vez, tampoco nos suene muy bien en la actualidad. El jueves vivimos un momento importante como comunidad eclesial: la elección de un nuevo obispo de Roma. Y, a lo mejor, la lectura de este evangelio puede ser una buena indicación para el nuevo Papa. Es cierto que sigue siendo la elección de una casta privilegiada de varones consagrados célibes la que escoge al pastor. Justamente, lo que Jesús está discutiendo en el templo. En esto, entre otras cosas, todavía debemos seguir creciendo como iglesia para parecernos más a Jesús.

 

Sin embargo, no toda la esperanza está perdida. Después del anuncio de un nuevo papa, lo que sí vimos fue a un pastor emocionado. Fue verdaderamente conmovedor ver el rostro de León XIV, sus ojos humedecidos -fijos en el pueblo de Dios- y la voz temblorosa -que recordaba en castellano su vida sencilla en Perú -. Probablemente, estaba nervioso. Ciertamente, estaba emocionado. La voz de los afectos es la voz más honda que tenemos y que nos conecta con el Señor. Esa voz se mostró el jueves.

 

Pidamos por el papa, para que escuche la voz de Jesús en el templo en la fiesta de Janucá y cambie nuestras formas de entender cómo nos relacionamos en la comunidad de fe. Que León XIV escuche la voz del verdadero pastor y, siguiendo su ejemplo, se deje conocer por las ovejas, cuide sus vidas y las proteja. Que ningún hermano o hermana se sienta amenazada por la presencia del pastor. Que las 12 veces que dijo “todos” en el balcón de San Pedro y las 8 veces que dijo “paz”, sean una ruta para que, efectivamente, todos siempre oigamos esa voz que trae paz, con la que nos habló el jueves pasado. Esa voz que incluye a todos y anuncia la paz es lo más cercano a una voz de pastor al estilo de Jesús, sencillo, protector y profundamente humano. 

 

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ 

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