2° Domingo de Cuaresma. Año C. Llamados a sentirnos elegidos es ser llamados a vivir en coherencia con el evangelio
EVANGELIO
Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 9, 28b-36
Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante. Y dos hombres conversaban con Él: eran Moisés y Elías, que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con Él.
Mientras éstos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.
Él no sabia lo que decía. Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor. Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: “Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo”. Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo.
Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.
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Homilía
2° Domingo de Cuaresma. Año C.
Domingo 13 de marzo de 2025.
Las democracias en el mundo hoy están en crisis. Ciertos personajes, elegidos por sistemas democráticos, hoy enarbolan discursos de odio y autoritarismos. Es el peligro de los caudillos. Personas a las que se les atribuye (y ellos mismos se atribuyen) características mesiánicas. Como si fueran elegidos divinos para salvar al mundo de todo aquello que se opone a su pensamiento. El evangelio de este domingo nos propone un sentido de lo que significa ser elegido desde los criterios del evangelio.
El relato de la Transfiguración aparece en los tres evangelios sinópticos con muchas similitudes y algunas diferencias notables. En lo similar, los tres relatos cuentan que Jesús sube al monte con sus amigos, aparecen las figuras de Elías y Moisés y, finalmente, la voz de lo alto lo proclama a su hijo, al que hay que escuchar. Después de los eventos de la transfiguración, aparece esa voz de lo alto y allí se dice que Jesús estaba solo. Han desaparecido todos y el narrador nos deja con un Jesús que es el centro del relato. Ya no hay confusión con Moisés y Elías. Jesús es particular, porque no es cualquier profeta ni cualquier liberador, sino que es el hijo. Y aquí la primera particularidad, mientras Mateo y Marcos dicen que Jesús es el hijo amado, Lucas afirma que Jesús es el hijo elegido. ¿Elegido para qué?
Para responder a esta pregunta debemos fijarnos en otra particularidad del evangelio de Lucas. La sección con más diferencias con los otros dos evangelios es la aparición de los dos personajes del antiguo testamento. Los textos de Mateo y Marcos dicen que Moisés y Elías estaban hablando con Jesús, pero sus relatos continúan inmediatamente con otro diálogo. En cambio, Lucas nos explica el contenido de esa conversación. El profeta y el liberador de Israel están conversando con el hijo elegido sobre cómo la partida de Jesús iba a cumplirse en Jerusalén. No como un vaticinio, sino como la plenitud de un camino, es decir, como consecuencia de la vida que el mismo Jesús ha elegido llevar. De Pedro y de los otros se dice que no duermen del todo. Son capaces de captar la importancia del momento. Pero el momento no es importante porque sea cinematográfico, sino porque pone de relieve lo central de la figura de Jesús: que es coherente con el proyecto de Dios y quiere darle plenitud. Entonces, la elección de Jesús no pasa por ser el primero de la clase o el muchacho más listo del barrio, quien grita más fuerte en una discusión o quien resiste a todos los problemas. La elección de Jesús pasa por su deseo de servir coherentemente al proyecto de justicia del Padre. Al final es el liberador y un profeta de la justicia quienes proclaman esa plenitud de la promesa de Dios en la vida de Jesús.
En nuestras vidas, vivimos situaciones muy similares a las que nos relata el evangelio. A veces, tenemos amigos o familiares que nos ayudan a conocernos mejor, con quienes compartimos nuestros sueños y también las dificultades, para quienes no ocultamos cuando andamos mal o con quienes queremos festejar un logro. La invitación del evangelio es a que caminemos con coherencia, con las decisiones que hemos tomado y también nos dejemos acompañar por otros. Que las relaciones que forjemos nos ayuden a fortalecer nuestras opciones de vida, nuestros ideales políticos y religiosos, las luchas que queremos emprender por mayor inclusión y justicia, al estilo del Reino. Cuando el valor de las democracias se ve amenazado, estamos llamados a sentirnos verdaderos elegidos, como Jesús, no por la fuerza ni por el dinero, ni por el poder, sino por nuestra coherencia de vida con el evangelio, que nos anima a fortalecer aquello a lo que Jesús dio plenitud con su vida: la justicia y la dignidad.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
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