1° Domingo de Cuaresma. Año C. Cuando dialogamos, el mal pierde espacio y se retoman las sendas de la dignidad.

Desde esta semana, la homilía del domingo será enviada el día viernes, para la preparación próxima para la eucaristía.  

EVANGELIO

Fue conducido por el Espíritu al desierto donde fue tentado.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 4, 1-13

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces:

Si Tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan. Pero Jesús le respondió: Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan.

Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si Tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá. Pero Jesús le respondió: Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a Él solo rendirás culto.

Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: Si Tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Él dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra

Pero Jesús le respondió: Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.

Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de Él, hasta el momento oportuno.

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Homilía

1° Domingo de Cuaresma. Año C.

Domingo 09 de marzo de 2025

Los adolescentes tienen fama de no ser tan cuidadosos con sus dormitorios. Las madres suelen regañarles, porque tienen siempre todo “patas arriba”. La ropa limpia, los cuadernos y los libros nunca están en el lugar en que, según el criterio materno, deben de estar. Sin embargo, la experiencia de muchos es que, en medio de ese desorden aparente, cada cosa tiene un lugar y uno reconoce cuando le han movido algo de sitio. Ese desorden aparente tiene un sentido. De alguna manera, ese "patas arriba" no significa necesariamente caos. El evangelio de hoy nos muestra que poner todo “patas arriba” no siempre es malo, sino que hay que discernir tiempos y lugares, para reconocer qué criterios necesitan ser cambiados.

 

El texto conocido como las tentaciones en el desierto se encuentra en los tres evangelios sinópticos, con sutiles diferencias. Mientras la versión de Marcos es breve y general, las de Mateo y Lucas ahondan en detalles del diálogo entre el tentador y Jesús. Los diálogos versan sobre el poder económico (el pan), el poder político (los reinos) y el poder religioso (el templo). Este último diálogo resulta muy interesante, porque es la "guinda de la torta", está al final de las tres tentaciones en el relato que hemos leído según Lucas y ocurre en el templo de Jerusalén, el centro del poder religioso del contexto de Jesús.

 

Muchos otros personajes bíblicos han superado tentaciones del diablo: Abraham, Moisés, Saúl, el mismo Job, por nombrar algunos ejemplos. Son hombres buenos y justos que son atacados por los demonios. Ya la literatura hebrea quiere enseñar que todo ser humano puede ser atacado por el mal y que hay formas piadosas de superar la tentación. En este sentido, la historia de Jesús no es tan novedosa. Lo que la hace particular es que la tentación en el contexto religioso, no se trata solo de rezar para no caer en tentación, sino que Jesús encarna una nueva manera de librarse de las ataduras del mal: reordenar los criterios con los que se ha ordenado el mundo.

 

Jesús cambia todas las reglas sociales del momento al atribuirse el ser hijo de Dios y, con ello, ha subvertido el orden social, porque siendo plenamente hombre, se presenta como plenamente Dios. Dios ya no está en las alturas o detrás del velo del templo, ni cuidado por una casta selecta de varones, sino que tiene rostro humano, llora, se ríe, sufre, festeja y se frustra como cualquiera de nosotros. Eso es, tal vez, lo que más llamó la atención del diablo: que su autoridad y su relación con Dios se fundamenta en la vida cotidiana. Lucas quiere alentar al lector a que considere la autoridad particular de Jesús, la de invertir los criterios humanos y hacer evidente que lo más importante es la vida de todo ser humano. Tal es la inversión de los roles en el texto que el diablo cita un pasaje del salmo 91 “a sus ángeles dará órdenes para que te guarden”. Este texto era utilizado en las comunidades de Qumrán, entre otras, como un texto para ahuyentar al diablo. La presencia de Jesús y su compromiso radical con la vida cotidiana de toda la humanidad adquiere tal autoridad en este relato que es el mismo diablo el que cita un texto para bloquear todo su poder. Y así sucede. Sus tentaciones no tienen efectos en Jesús.

 

El corazón de toda tentación es hacer dudar a Jesús de su propia identidad de hijo de Dios. El corazón del mal es quitarnos nuestra propia comprensión de que somos hijos de Dios muy amados por él y que nuestra vida cotidiana, con sus altos y bajos, en toda su diversidad, es querida por Dios. En el momento de la tentación, Jesús rechaza la prueba y nos muestra la autoridad que tiene el ser conscientes de nuestra identidad de personas amadas creadas para amar en la vida diaria. Cuando la política (civil y religiosa) de turno, los criterios comerciales vigentes o la autoridad del momento nos invitan a olvidar el amor por los demás, entonces nos enfrentamos a la tentación en el desierto.

 

Pidamos al Señor que, en este tiempo de Cuaresma, nuestras acciones vayan en la dirección de amar, respetar, dialogar, aceptar y acoger, especialmente, a quienes han sido y siguen siendo excluidos de distintas comunidades sociales y eclesiales. Entonces, nuestras acciones se parecen a las de esos ángeles del salmo, que cuidan de los hermanos y hermanas, y el mal va perdiendo espacio en el mundo, porque estamos comprometidos con construir una sociedad “patas arriba”, como la propuesta de Jesús: un lugar donde el egoísmo y la división se invierten, para dar paso a la paz y la justicia, que traen dignidad a toda la humanidad.

 

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.

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