Domingo de la Sagrada Familia. Año C. Ser Familia es acoger y acompañar con esperanza y amor.
Homilía
Domingo de la Sagrada Familia. Año C.
Domingo 29 de diciembre de 2024.
Hace unas semanas fui a ver la película Cónclave. Sin querer hacer un espóiler de la historia, quiero confesar que, tal vez, lo que más me gustó, fue el discurso de la homilía inicial. Sin ser un filme religioso, dio “en el clavo” con la idea de que uno de los pecados más graves es la certeza, es decir, creer que siempre tenemos la razón. Entonces, el protagonista pide, en la homilía, que le demos espacio a las preguntas y a la incomodidad. El texto de hoy nos habla de cómo la familia de Jesús da espacio y acompaña esas incomodidades.
En el judaísmo y la cultura grecorromana del siglo 1 ec, cuando los niños alcanzaban los 12 años, normalmente acababan el período de formación escolar. Entonces, se esperaba que hubiesen alcanzado algunas cualidades adultas, como sabiduría, madurez y autocontrol. De hecho, esto es retratado en algunas narraciones literarias de niños prodigio de la época. Tal vez, el escritor de Lucas quería destacar lo maravilloso que era este Jesús. Pero el Jesús niño -que actúa como adulto-, además de destacar por su sabiduría o por su determinación, destaca, porque incomoda. Incomoda con preguntas a los doctores de la Ley y también incomoda a sus padres al separarse de la caravana y porque ellos no entienden lo que está sucediendo.
Jesús incomoda. Lo ha hecho desde el nacimiento y lo hará toda su vida. Su familia, en vez de reprender esa incomodidad, la acoge e intenta entenderla. El texto de la liturgia de hoy termina con María guardando todo lo que sucede en su corazón. En otras palabras, la familia de Jesús está compuesta por un hijo que incomoda y unos padres que, por un lado, intentan comprender a su hijo y, por otro, en vez de juzgar severamente, pasan por el corazón lo que atestiguan, porque lo aman.
La iglesia celebra hoy la fiesta de la sagrada familia. En muchos lugares se enarbolarán discursos en favor de unos tipos de familias y en desmedro de otros, cuando, en verdad, lo único que el texto de Lucas nos dice sobre la familia es que se trata del espacio donde la incomodidad tiene cabida, no se dan las cosas por supuestas, sino que se conversa, se acoge y todos aprenden de todos, porque lo que los une no es ni el vínculo de la sangre ni la ley, sino el amor.
Como cristianas y cristianos, tal vez, hoy podríamos preguntarnos si, con nuestras actitudes y decisiones en la vida, acogemos la incomodidad, acogemos las preguntas que tiene el mundo, acogemos a los piensan y actúan distinto, ofreciéndoles una verdadera “familia en la fe” o, más bien, los marginamos, los violentamos y los excluimos. Familia no es quien cumple un cierto estándar legal, religioso o social, familia es ese grupo que es capaz de acoger y acompañar con amor y esperanza.
Pidámosle al Señor que nos regale el deseo de convertirnos en verdadera familia, para asumir las incomodidades del mundo, transformarlo y que todos se sientan “en familia” cuando se encuentren con nosotros. Que, a ejemplo de María, las relaciones que entablamos en nuestra vida, las guardemos en el corazón. Que ese sea nuestro criterio y no el cálculo político, económico o social. Al final del día, “las cosas de mi Padre”, no están en el ámbito de la “conveniencia”, sino en el del amor, porque “¡miren cómo nos amó el Padre!” (ya lo decía la primera carta de Juan).
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-52)
Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.
Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.
Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.
Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:
«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».
Él les contestó:
«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.
Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.
Su madre conservaba todo esto en su corazón.
Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.
Palabra del Señor
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