31° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B. Invitados a ofrecer siempre respuestas novedosas a los problemas de la realidad.

Homilía

31° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B. 

Domingo 03 de noviembre de 2024.


Quien no se equivoca, no aprende, porque, como solemos decir cuando alguien a quien queremos se equivoca y queremos darle ánimos: “De los errores se aprende”. Lamentablemente, en muchas ocasiones, en la sociedad (y, a veces, en nuestras propias familias o en las comunidades eclesiales) no se toleran los errores con tanta facilidad. No solamente porque no siempre hay dos oportunidades para aprobar un examen, sino porque, las más de las veces, excluimos a esas personas de nuestros grupos o las castigamos, porque han pensado diferente. El evangelio de hoy nos ofrece una nueva forma de sentirnos comunidad, de sentirnos familia o de sentirnos sociedad, aceptando los errores, aceptando las novedades.

 

Nos vamos acercando al fin del evangelio de Marcos, Jesús está en medio de una nueva disputa con uno de los escribas. Esta vez es un tema central: el mandamiento más importante. Pero si esto fuese un examen, aquí comienzan los errores. En primer lugar, el escriba pregunta por uno, por “el” mandamiento más importante. Jesús, en cambio le responde con dos mandamientos. Por un lado, retoma el famoso Shema Israel, la oración del Deuteronomio que se repite para reconocer la fe en un solo Dios a quien se ama y se enseña a los descendientes. Por otro lado, del Levítico extrae el mandamiento de amar al prójimo. En vez, de responderle con un solo mandamiento, se muestra a Jesús como un buen conocedor de la Ley de Israel (de la Torah) que es capaz de sintetizar los libros de la identidad de Israel en el amor a Dios y al prójimo. Con todo, es una respuesta errada o, al menos, no esperada (si le preguntan por uno y responde con dos).

 

En segundo lugar, la respuesta del escriba también contiene un error o una frase inesperada. El escriba afirma que lo que Jesús ha dicho es verdadero. Pero cuando lo parafrasea, añade algo que Jesús no ha dicho: que amar a Dios y al prójimo “vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. Respuesta que Jesús no discute, sino que, inclusive más, alaba diciéndole que está cerca del Reino. Quien podría haber quedado al margen del Reino, por ser un operario de la antigua alianza, es recibido en el Reino propuesto por Jesús. El que piensa diferente es acogido en la comunidad, porque tiene un corazón dispuesto a aprender. El escriba se muestra como un buen intérprete de la Ley de Israel y, como conocedor de la Ley, ha sabido reconocer en las palabras de Jesús, el espíritu de la voluntad de Dios.

 

A partir de un “diálogo de errores” en los que las respuestas nunca son totalmente lo que se ha preguntado o lo que se ha dicho, el autor del evangelio nos conduce hasta el mensaje central del evangelio y la propuesta del Reino: el amor vale más que cualquier prescripción. Las ideologías políticas, las normativas religiosas y los proyectos familiares no tienen ningún valor si no defienden y están amparados en el amor. No me cabe duda de que, por ejemplo, mis amigos que son padres y madres, quieren lo mejor para sus hijas e hijos y, por ello, hacen, trabajan, juegan, se esfuerzan. Actúan para demostrar su amor, porque amar no es una idea o un simple sentimiento. 

 

Bíblicamente, el “amar” (agapaó en griego) al que se refiere Jesús es “estimar” y principalmente “actuar en favor de otro”. Amar siempre supone una opción. Es decir, no es algo que nazca involuntariamente, sino que amar a Dios y amar al prójimo, respetar y estimar a los que son, piensan o actúan diferente, a los que están en los márgenes de un sistema mal-llamado “normal”, a los que no pueden ejercer sus derechos es una opción. Jesús nos está invitando a optar por ellos, a optar por salir de los lugares cómodos y comunes, de las normas establecidas, de las rigideces de los sistemas y acudir en favor de los que han sido excluidos. Eso es estar cerca del Reino de Dios, del sueño de Dios para la humanidad.

 

Pidamos al Señor que nos regale valentía para amar, para optar por los desfavorecidos, por equivocarnos frente al sistema y ofrecer siempre respuestas novedosas a los problemas que se nos presenten. Al final del día, de esos errores se aprende, se vive y gracias a ellos, aprendemos, crecemos y fortalecemos nuestras opciones. No condenemos tan fácilmente al que creemos que se equivoca, porque sea distinto a "lo nuestro" o a "lo que siempre se ha hecho". A veces, esos errores pueden ofrecernos una nueva perspectiva, una oportunidad de mirar el mundo con otros ojos y, con eso, una posibilidad de transformación para la humanidad.

 

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.


ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 14, 23

Aleluya.

El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará e iremos a él, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Amarás al Señor, tu Dios. Amarás a tu prójimo.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 12, 28b-34

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero de los mandamientos?

Jesús respondió: El primero es: “Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas”. El segundo es: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay otro mandamiento más grande que éstos.

El escriba le dijo: Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que Él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, va le más que todos los holocaustos y todos los sacrificios.

Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo:

Tú no estás lejos del Reino de Dios.

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

 

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