29° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B. Animados a ser actores y no espectadores de la libertad: ese es el cáliz de Jesús.

Homilía

Domingo 29° del Tiempo Ordinario. Año B.

Domingo 20 de octubre de 2024.

Las largas tertulias después de una comida familiar, en las que no faltaban más agasajos para los invitados, forman parte de los recuerdos que más atesoro en mi vida. De niños, nos ponían en la mesa pequeña y rápidamente salíamos a jugar. Sin embargo, la participación en esa suerte de extenso ritual familiar de conversación era fundamental para sentirse parte de la vida adulta en casa. Este domingo, el evangelio nos ofrece un ritual de vida adulta en la fe, de coherencia y, por lo mismo, de seguimiento de Jesús.

Los estudiosos del evangelio de Marcos han llamado al relato que escuchamos el "tercer anuncio de la pasión". Claro que es el anuncio de su sufrimiento y muerte. Pero este anuncio, en comparación con los otros, se da con la imagen de la cena y, especialmente, de la bebida. Por un lado, dos de los discípulos quieren estar cerca de Jesús. Hemos escuchado muchas predicaciones que los condenan por querer aprovecharse, por falta de humildad, por querer destacar al lado de Jesús. Pero, en verdad, después de compartir con Jesús un tiempo, de escucharlo y de estar cautivados por su proyecto, lo de los discípulos es un deseo honesto que, sinceramente, muchos de los que participamos de la eucaristía querríamos también.

Por su parte, Jesús podría haber aprovechado de atraerlos y fidelizarlos, contándoles los logros, los éxitos, el relato heroico del que pueden ser parte. Sin embargo, Jesús, que parece duro y con muy poco conocimiento de marketing, opta por la verdad, y les ofrece un relato de dolor, entrega y esperanza. No les esconde la realidad del sufrimiento en el proceso de seguirlo, ni el modo en que se le ha de seguir: por medio del servicio.

En este contexto, Jesús no se inventa el ritual del cáliz (con vino). Para la sociedad judía de la que participaban él y los suyos, el pan, el olivo y el vino eran sumamente importantes. De hecho, marcaban muchas de las fiestas religiosas, especialmente el Shabat (el sábado, día dedicado al Señor) y el Pésah (la pascua que rememoraba la liberación de Egipto). Al decirles "ustedes beberán del mismo cáliz que yo beberé", Jesús vuelve sobre un signo fundamental para su cultura y, probablemente, esté diciéndoles que cualquier sufrimiento no es sinónimo de seguirlo a Él, sino que solamente el sufrimiento que se da en nombre de Dios y que ayuda a liberar a otros de las esclavitudes del sistema serán lo que le dé valor verdadero a la entrega y serán la marca fundamental para ser su seguidor o seguidora. En otras palabras, el sufrimiento que Jesús propone no es una píldora para calmar a los que sufren, sino, por el contrario, es una batería de energía para entregar la vida por causas justas en el nombre del Señor. 

Esa entrega real, coherente con la fe, que no es egoísta y mira las necesidades del mundo es el paso a una vida de seguimiento de Jesús. No podemos olvidar que el cáliz hace referencia al ritual del vino (dedicado al Señor y liberador) pero también a la muerte de Jesús. Pablo, en la carta a los romanos (que, lamentablemente, la liturgia no coloca hoy) nos recuerda que "cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte" (Rm 6,3). Es decir, seguir a Jesús es pasar por su muerte o, en otras palabras, es comprometerse con su entrega, con el sentido de su vida, dada para la liberación de la humanidad. ¿Somos agentes de libertad o impulsores de la opresión? Esa es la pregunta para este domingo. 

Pidamos al Señor que nos regale valentía para seguirlo y perseverancia para caminar junto a Él, a su modo. Especialmente, cuando en el mundo hay tanto sufrimiento sin sentido, producto de las guerras y las divisiones, los cristianos y cristianas estamos llamados a vivir nuestro compromiso de fe. Jesús nos invita a ser actores y no espectadores de la libertad. Al final, cuando estemos en familia o con amigos, comiendo este domingo, y tomemos en las manos una copa de vino, ojalá podamos celebrar que hemos pasado de la infancia a la adultez, que hemos pasado de la indiferencia al compromiso por la justicia y la libertad.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.


ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mc 10, 45

Aleluya.

El Hijo del hombre vino para servir y dar su vida en rescate por una multitud. Aleluya.

EVANGELIO

El Hijo del hombre vino para dar su vida en rescate por una multitud.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 35-45

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir.

Él les respondió: ¿Qué quieren que haga por ustedes?

Ellos le dijeron: Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria.

Jesús les dijo: No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que Yo beberé y recibir el bautismo que Yo recibiré?

Podemos, le respondieron.

Entonces Jesús agregó: Ustedes beberán el cáliz que Yo beberé y recibirán el mismo bautismo que Yo. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados.

Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos. Jesús los llamó y les dijo: Ustedes saben que aquéllos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.

Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.


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