28° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B. Lo que está en juego es el futuro pleno de la Humanidad.

Homilía

Domingo 13 de octubre de 2024

Domingo 28° del Tiempo Ordinario. Año B.

Alguna vez escuché la frase, “Donde no hay qué comer, ¿qué alegría puede haber?”. Y creo que es cierto. Para poder vivir con tranquilidad, una necesidad básica es la alimentación. Hace relativamente poco salió a la luz un informe que declara que estamos muy lejos de lograr el objetivo de “hambre cero” para el 2030. La estadística es abrumadora: casi el 10% de la población mundial pasa hambre. En vez de avanzar, el mundo ha retrocedido a los índices que teníamos hace 15 años: los más pobres pasan más hambre y los más ricos han aumentado sus fortunas. El evangelio nos muestra que cuando vivimos relaciones sanas y libres con las personas y con los bienes materiales, surge la verdadera alegría, personal y social, por medio del seguimiento a Jesús.

 

El evangelio de Marcos, como en otras ocasiones, insiste en la identidad del seguidor de Jesús. La semana pasada tenía que ver con el poder; esta vez guarda relación con las relaciones que tenemos con personas y objetos. Sobre el vínculo con los objetos, el evangelio pone el ejemplo de ese hombre rico. Sobre las relaciones humanas, aparece la idea de lo que se debe dejar. Ambos relatos presentan muchas preguntas al lector/creyente contemporáneo. ¿Cómo se es feliz dejándolo todo? ¿Qué culpa tiene alguien que ha trabajado para cuidar sus bienes? ¿Qué tipo de proyecto inhumano pide dejar a la familia?

 

No podemos olvidar que, conceptos como trabajo, riqueza, bienes y familia eran entendidos de manera diferente en el mundo que habitó Jesús. Por un lado, todo esto podría englobarse en la idea de “propiedad”. La familia que estaba bajo el cuidado de un pater familias era propiedad de ese sujeto, los esclavos eran un bien, un objeto de propiedad de su dueño, el trabajo tenía una serie de reglas y límites. Ser avaro o considerar a las personas como bienes materiales iba profundamente contra el judaísmo que practicaba Jesús. Ser un fiel miembro del templo o un creyente en el Dios de Israel, suponía, entre otras cosas, humildad y austeridad, así como también reconocer que todas las cosas son regalo de Dios y no posesión del ser humano.

 

Contra ideas venidas de culturas que valoran el acumular riquezas o que consideran que todo les pertenece por derecho (propio, natural o adquirido), el evangelista nos presenta los dos relatos del evangelio. Por un lado, el hombre es incapaz de deshacerse de sus bienes y de darlos a los pobres, a los extraños, a los migrantes, a las viudas y los huérfanos (los pobres de Israel). No puede ser un buen seguidor de Jesús alguien para quien el acumular bienes es un valor. Al contrario, la petición de Jesús es compartirlos con los empobrecidos del sistema. Por otro lado, dejar casa, familia, campos, es dejar las llamadas “zonas de confort” y reconocer que las relaciones que tenemos solo pueden ser sanas, cuando se dan en libertad. En la medida en que una relación supone sujeción o una atadura afectiva, económica o social, no estamos frente a relaciones de libertad y justicia, ni a una forma de seguimiento de Jesús.

 

Con una guerra en Medio Oriente que despedaza a niños y a las poblaciones más pobres de la región, con una Europa que toma formas de extrema derecha o de pequeños guetos culturales (con nacionalismos de izquierda o derecha), con las elecciones de EEUU en la mira y a pocos días del aniversario del 18-O en Chile, con casos de corrupción que incluyen millonarios sueldos-fantasma y un sistema judicial cuestionado, vale la pena preguntarse si los que ostentan el poder, toman las decisiones y se benefician de ellas pueden ser considerados verdaderos actores de la paz y la justicia. Y también, preguntarnos si nosotros alimentamos esas ansias de poder, esos discursos de odio y división, si somos agentes del Reino o agentes del mercado de turno.

 

Pidamos al Señor que nos regale fuerza para poder seguirlo, para poder vivir relaciones sanas con las personas y también con nuestros bienes. Al final, nuestras decisiones diarias cotidianas, familiares, personales, junto a las decisiones políticas que tomen las sociedades, determinarán la felicidad del mundo y su futuro esperanzador. Alguien podría decir que esta situación del mundo “no tiene vuelta”; sin embargo, el texto asume un argumento completamente esperanzador: Para Dios nada es imposible. Para Dios, la felicidad del ser humano no es imposible, sino que es elemental. Por eso, desde la lógica de Jesús, no se puede ser avaro ni malagradecido con Dios, porque ni mi bolsillo ni mi ego están en juego, sino el futuro de una humanidad plena.

 

Que así sea. Amén. 

 

P. Juan Salazar Parra, SJ.

 

 

 EVANGELIO

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 5, 3

Aleluya.

Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos. Aleluya.

EVANGELIO

Vende lo que tienes y sígueme.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 17-30

Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?

Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.

El hombre le respondió: Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.

Jesús lo miró con amor y le dijo: Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.

Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: Entonces, ¿quién podrá salvarse?

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible.

Pedro le dijo: Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

Jesús respondió: Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

 

 

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