27° Domingo del Tiempo Ordinario. Por relaciones justas, en paz y fraternidad... de eso va cualquier forma de unión social.
Homilía
Domingo 27° del Tiempo Ordinario
Domingo 06 de octubre de 2024
Se dice que el poeta alemán Goethe (famoso por su libro Las Penas del Joven Werther) afirmaba: "No preguntemos si estamos todos totalmente de acuerdo, sino si vamos por el mismo camino". En otras palabras, a veces podemos disentir de las formas y los modos, pero lo importante es si, en el fondo, compartimos los mismos horizontes. Lo que Goethe, como buen romántico, decía sobre la vida, lo experimentó el cristianismo primitivo sobre un tema controvertido: el divorcio. Hay diversas versiones de qué es y si está permitido o no. Marcos, es la versión más radical a este respecto. Pero ¿por qué? ¿con qué intención?
Lo primero que hay que destacar es que el divorcio era una práctica común en el Judaísmo Antiguo. Pero ni el matrimonio ni el divorcio tenían los mismos ritos, formas ni implicaciones sociales que tienen hoy. Efectivamente, hoy el divorcio está culturalmente extendido y civilmente aceptado, porque el matrimonio ha adquirido otros ribetes. Para la cultura romana, por ejemplo, la mujer podía pedir el divorcio, ya que, aun casada, siguió dependiendo de la casa de su padre y no de la de su marido. Para los judíos, en cambio, el divorcio estaba permitido solo para los varones, porque algún rabino lo había interpretado así y lo habían traducido así para el pueblo.
Y aquí es donde se juega el centro del evangelio. La discusión de Jesús no es con las personas divorciadas, ni con las vueltas a casar, sino con quienes interpretan las escrituras y ofrece nuevas miradas que solo pueden ser comprendidas cuando se entienden en el conjunto de su mensaje y no como versículos aislados. Entonces, por ejemplo, si antes solo los varones podían divorciarse, ¿quiénes pueden pedirlo ahora?, y si el matrimonio podía ser por conveniencia y el divorcio también, ¿cómo entenderlos en la nueva comunidad de seguidores de Jesús?
Aquellos a quienes el texto llama "fariseos" eran una facción del judaísmo rabínico del tiempo de Jesús que habían hecho más rígidas sus prácticas religiosas y se atribuían la autoridad de interpretar la palabra de Dios. Mientras ellos creían, por interpretación y conveniencia, que solo el varón podía divorciarse, Jesús abre la posibilidad a que también las mujeres puedan hacerlo. Y entonces, la preocupación no es si el divorcio es correcto o no, sino el sentido que se le da a la unidad original. El adulterio es toda forma de traición a la unidad de cualquier tipo. Adulterio es cuando un miembro de una pareja engaña a otro, pero también cuando no somos fieles a nuestros compromisos como amigos, trabajadores, empleadores, cuando declaramos guerras sin sentido que, como siempre, afectan a los más pobres. Todas son diferentes formas de adulterio, de divorcio, porque hemos roto unilateralmente y sin razón una relación de justicia y paz con la que estábamos comprometidos. De hecho, Jesús entiende el divorcio como un contra, un "divorciarse contra". Nuevamente, el foco no está en las razones que puedan o no ser válidas para el divorcio, sino en la actitud violenta que supone romper un lazo. El divorcio no es solo la relación marital, sino que es todo acto de violencia, desamparo, descuido del amor.
Si, según el evangelio de hoy, el divorcio no puede ser pedido solamente por el varón, ni solamente por la mujer, ¿qué sucede cuando ambos están de acuerdo? Eso no lo dice el evangelio. Podríamos suponer que el acuerdo es una forma de mantener relaciones honestas y sanas, de mostrarse respeto y vivir en paz. En otras palabras, cuando el matrimonio es sinónimo de abandono y violencia, ese no es un verdadero matrimonio. Cuando en una sociedad se abandona y se somete a la gente a la violencia, eso no es de Dios. El tema no es la ley o el papel de divorcio, sino cómo cuidamos que el matrimonio sea una experiencia sana y no se convierta en un trauma para las personas.
Me dijeron que no predicara sobre este tema, que iba a ser "meterme en camisa de once varas". Y, tal vez, lo sea. Pero creo que lo más sugerente de este evangelio no está en si el divorcio es permitido o no, sino en cómo interpretamos y miramos el mensaje de Jesús sobre las relaciones humanas. Así como él no fue literal, ni siguió la tradición rígida para leer la Ley de Moisés, nosotros tampoco podemos ser rígidos en leer la Buena Noticia, ni creer que todo ha de seguirse "al pie de la letra". Hay contextos históricos, luchas de poder y mensajes que son importante conocer para poder leer mejor estas líneas y ofrecer la sabiduría del texto adaptada a los tiempos que vivimos. Cuando miramos el evangelio como la fuente de una ley y no como la inspiración para darle sentido a la vida, nos concentramos más en lo correcto o incorrecto del divorcio, antes que en la necesidad de vivir relaciones sanas y amorosas, que sí son la preocupación de Jesús, en este pasaje y en toda su Buena Noticia.
En tiempo de guerras, pidámosle al Señor que podamos vivir y luchar por vidas que se relacionen en justicia, paz y fraternidad, que nuestra experiencia de Dios no pase por discutir quién tiene más poder o autoridad para imponer una norma, sino por cómo facilitamos una experiencia espiritual que nos conecte con lo más profundo de lo que somos, nuestros deseos de coherencia y de vida plena en relación con otros.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 14, 12
Aleluya.
Si nos amamos los unos a los otros, Dios permanece en nosotros y el amor de Dios ha llegado a su plenitud en nosotros. Aleluya.
EVANGELIO
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 2-16
Se acercaron a Jesús algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?”
Él les respondió: “¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?”
Ellos dijeron: “Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella”.
Entonces Jesús les respondió: “Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, “Dios los hizo varón y mujer”. “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne”. De manera que ya no son dos, “sino una sola carne”. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido”.
Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto.
Él les dijo: “El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio”.
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo:
“Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.
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