24° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B. Tomemos postura por la coherencia de vida y la entrega por los demás.

Homilía

24° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B.

Domingo 15 de septiembre de 2024.

“Cuando se cierra una puerta, siempre se abre una ventana” solemos pensar o decir cuando algo no anda bien y queremos mantener firme la esperanza en momentos complejos. En tiempos de crisis, se suele revisar la identidad de un pueblo o de una persona. El evangelio de este domingo, nos presenta una nueva posibilidad para la comunidad a la que estaba destinada el texto en el siglo 1 EC.

 

En el contexto en que se escribió el texto de Marcos (en la década de los 70 EC), había estallado la guerra judía (66-73 EC). Para la comunidad de Marcos, de origen siro-palestino, este evento cambiaría radicalmente su situación vital. Siendo un grupo humano independiente de la sinagoga, con reglas propias, ritos de iniciación y comidas comunitarias, la comunidad de Marcos se había convertido en un grupo socialmente desviado del judaísmo rabínico más tradicional. Por eso, al estallar la guerra (que generó conflictos étnicos importantes entre judíos y paganos, y también entre las diversas facciones del judaísmo), los miembros de la asamblea, por un lado, se vieron en persecución, tanto por los romanos, que no distinguían entre judíos rabínicos y judíos seguidores de Jesús, como por los mismos judíos, que los despreciaban por sus prácticas religiosas.

 

Ante el conflicto, debían optar por ser nacionalistas o imperialistas. En otras palabras, la comunidad podía defender los ideales de la revolución mesiánica anti-romana o defender la relación estable con el imperio. En verdad, ambas respuestas se presentan en el texto como frutos del miedo. En el evangelio, unos tienen miedo de perder los privilegios que han ganado con el imperio (por eso lo comparan con el Bautista, asesinado en la corte de Herodes) y los otros tienen miedo de no ser suficientemente fieles al judaísmo (por eso, lo declaran mesías y lo conectan con el proyecto mesiánico liberador). Sin embargo, Jesús no se hace cargo de esas posturas. 

 

Al contrario, les muestra que la libertad que ha venido a anunciar no tiene los códigos tradicionales, sino que supone otra dimensión. Su mesianismo, el del Hijo de Dios, se da cuando es rechazado, muerto y resucitado. Esa es la identidad nueva que le ofrece Jesús a la comunidad creyente. No se puede ser seguidor de Jesús y ser un conformista con el imperio, pero tampoco se puede ser un purista de la identidad nacional o un aprovechador de los intereses del pueblo. Para ser seguidor de Jesús hay que ser coherente con el proyecto del Maestro y entregar la vida (trabajar) en favor de otros.

 

En medio del sufrimiento de la persecución que vivía la comunidad, tuvieron que repensar su identidad. Responder al ¿quiénes somos? les permitía seguir sosteniendo su fe, sus prácticas y defenderse en medio del sufrimiento. En el fondo, esta nueva identidad les permitía mantener la esperanza, porque podían ser coherentes como su maestro Jesús, para quien la muerte no es la sumisión a los poderosos, ni el fracaso de una revolución o de su rol como Mesías, sino que es fruto de su coherencia de vida.

 

Estamos en la semana de fiestas patrias en Chile. Vale la pena, en medio de todas las merecidas y siempre agradables celebraciones, volvernos a preguntar ¿quiénes somos? ¿qué sociedad queremos construir? ¿de qué manera queremos seguir viviendo como sociedad? No es fácil responder a estas preguntas. Como a los de la comunidad de Marcos, nos atacan por diversos lados. Unos quieren que todo se mantenga igual, otros usufructúan de la bondad del pueblo y de sus necesidades, otros quieren comenzar de cero (como si una identidad pudiese crearse de la nada artificialmente), otros avanzan cautelosamente, otros se quieren adueñar de los emblemas patrios como si fuesen propiedad de un sector político, otros defienden las fronteras, otros las abren, etc. Sin embargo, pocos seguirían la identidad que Jesús presenta en el evangelio o, en otras palabras, pocos miran las necesidades de la gente y quieren entregarse por ellos, sin pensar en su propio ego triunfalista o en los beneficios propios.

 

Pidamos al Señor, seguir su mesianismo y tomar postura por esta identidad renovadora, acogiendo la diversidad humana y trabajando por sociedades más justas y dignas. Esa es la ventana que se nos abre, cuando, a veces, de diversos sectores políticos, religiosos y sociales quieren cerrarnos las puertas.

 

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.

 

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Gál 6, 14

Aleluya.

Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo estoy para el mundo. Aleluya.

EVANGELIO

Tú eres el Mesías... El Hijo del hombre debe sufrir mucho.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos  8, 27-35

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: ¿Quién dice la gente que soy Yo?

Ellos le respondieron: Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas.

Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo? Pedro respondió: Tú eres el Mesías.

Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; y les hablaba de esto con toda claridad.

Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo:

¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.

Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará.

 

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