22° Domingo del tiempo ordinario. Año B. Hay que pensar antes de actuar, pero nunca dejar de actuar ni de pensar.
Homilía
Domingo 22° del tiempo ordinario. Año B.
Domingo 01 de septiembre de 2024.
Estamos acostumbrados a actuar más y pensar menos. Nos gustan los procesos rápidos y nos inquieta la gente que se sienta largo rato a deliberar una opinión, queremos que los políticos resuelvan “ya” los problemas sociales, que la iglesia cambie “ahora” y que las culturas se adapten a los nuevos modos “de inmediato”. Sin embargo, cuando algo no resulta, solemos decir, “piensa primero antes de actuar”. Hoy el texto de Marcos en el evangelio nos vuelve a recordar la importancia de detenernos a escuchar en vez de solo actuar.
Muchos biblistas han dicho que el evangelio de Marcos es el evangelio de la acción. Y no se equivocan. En efecto, nos muestra a un Jesús que obra muchos milagros, expulsa demonios, sana enfermos y, por ello, estamos acostumbrados a ver, en la versión de Marcos, a un Jesús “en acción”, hasta el extremo de su muerte en la cruz. Lo que, a veces, olvidamos es que esa acción viene precedida por una reflexión honda de Jesús sobre lo que hace. Hoy nos enfrentamos a uno de esos momentos de enseñanza. Jesús no cuestiona, en el fragmento que hemos leído hoy, las prácticas de los fariseos y escribas, sino su doctrina. Por lo tanto, lo que recibiremos de Jesús es el corazón de su enseñanza.
Frente al cuestionamiento que hacen los líderes religiosos de Jesús y sus discípulos, él responde con una dura crítica a la instrucción del establishment, es decir, a lo que enseñan aquellos que ostentan y ejercen el poder político y religioso de la época. No pone en cuestionamiento algo que hayan hecho, sino lo que enseñan, es decir, su doctrina, basada en una supuesta tradición ancestral (algo así como nuestro “siempre se ha hecho así”, que solemos escuchar en parroquias, comunidades religiosas, en las familias, instituciones de gobierno, militares, etc.). No se trata solamente de que se hayan aferrado a una tradición, sino de que han asumido dichas prácticas como buenas, sin mirar el contexto en el que se produjeron y en el que ellos viven. Por eso, Jesús les cambia la frase y en vez de hablarles de las tradiciones “de los ancestros”, les encara que se aferran a tradiciones “humanas”. En el fondo, les hace ver que están juzgando a otros por una doctrina que responde a intereses humanos y que poco y nada tiene que ver con la verdadera sabiduría de los antepasados que respondía a sus contextos y que buscaba discernir qué es bueno o no para la vida del ser humano y, por lo mismo, dónde encontrar a Dios en medio de la vida cotidiana.
De allí que el texto afirme que lo bueno o lo dañino para la humanidad no se encuentra en lo externo (las prácticas), sino en el corazón (en las intenciones y enseñanzas). El problema no está en lo que la persona hace, ni con quién lo hace, ni lo que come, ni lo que deja de comer, ni la música que escucha, ni el lugar donde nació o donde vive, ni la religión a la que se adscribe o el género con el que se identifica. El problema está en que no somos capaces de distinguir cuando alguna acción está guiada por una motivación recta o por un afecto desordenado, por el deseo honesto de servir al prójimo o bien por nuestros egoísmos, rencores y resentimientos.
La invitación de Jesús es a escuchar su enseñanza que destaca la honestidad de corazón, el cariño sincero y la preocupación por el otro. Es cierto que el mundo necesita de acción, pero no cualquier acción, sino una que sea guiada por motivaciones apropiadas, justas, que busquen integridad y, sobre todo, que no agobien a los que ya están agobiados por la injusticia y el dolor.
Pidamos al Señor que ilumine nuestras acciones con corazones rectos, que nos ayude a caminar desde el egoísmo a la solidaridad y desde el juicio a la reconciliación. Que, en este mes de la Biblia (septiembre), guiados por la palabra de Dios y por la enseñanza de Jesús que recogen las Escrituras, podamos prestar atención a su enseñanza, pensar antes de actuar, y no desistir. Que no dejemos de actuar en favor de los demás y no dejemos de pensar en las razones por las que nos hemos sumado a un proyecto de justicia y fraternidad, como el proyecto de Jesús.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Sant 1, 18
Aleluya.
El Padre ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación. Aleluya.
EVANGELIO
Dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 7, 1-8. 14-15. 21-23
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras, de la vajilla de bronce y de las camas.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?”
Él les respondió: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice:
“Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos”.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres”.
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”.
Comentarios
Publicar un comentario