12° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B. Donde hay fronteras que separan, Jesús las supera y anima al compromiso

Homilía

12° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B.

Domingo 23 de junio de 2024


Los seres humanos somos complejos. Por un lado, queremos individualidad, ser auténticos, ser verdaderos, inigualables y, por otro, queremos pertenecer a algún grupo, ser reconocidos, que noten nuestra presencia. Nuestros amigos, en general, ejercen mucha influencia en nuestras vidas, especialmente, en períodos más de juventud. "Dime con quién andas y te diré quién eres" suele ser un refrán que destaca el impacto de las relaciones humanas en nuestras vidas. El evangelio de hoy nos presenta un compañero de camino con algunas características que debiésemos notar.

La escena que relata Marcos sucede después del relato de las parábolas. Como hemos visto en las semanas previas, las parábolas no son cuentos para aprender, sino que son desafíos para tomar decisiones. Lo que ahora se nos presenta, el relato de la barca en la tempestad es un segundo paso en el modo de enseñar que tiene Jesús. Por ello, no es extraño que a Jesús, sus discípulos le llamen "Maestro". Acá, Jesús ya no usará imágenes para hablar del Reino, del proyecto de Dios para la humanidad, sino que lo vivirá en carne propia e invitará a sus discípulos a hacerlo también.

De entrada, el relato nos dice que Jesús quiere cruzar los límites. En el texto, Jesús invita o, incluso, manda a "cruzar a la otra orilla". Esta acción sugiere cierta dificultad, es necesario salir del lugar en el estaba para dirigirse a otro desconocido. Un maestro judío que se decía el Mesías debe de haber encontrado cierta dificultad al querer cruzar hacia el sector de los gentiles del mar de Galilea. Son muchas fronteras culturales impuestas las que está dispuesto a traspasar. La experiencia de Jesús es la que debemos pensar sus seguidores y seguidoras actualmente. Las fronteras raciales y étnicas, sociales, económicas, de orientaciones sexuales, de identidades religiosas, de géneros, entre muchas otras, nos hablan de dimensiones de la vida en que debemos tener la osadía de Jesús y cruzar los límites establecidos. Salir de las fronteras que nos imponen algunos para poder salir al encuentro de otros, para poder llevar una palabra de aliento a quienes han vivido la marginación social y religiosa, u ofrecer un gesto de esperanza a los que necesitan compañía.

Precisamente, porque así se encontraban los discípulos. Un segundo rasgo de la enseñanza de Jesús es que se compromete con los que viven la desesperanza. Jesús se ha quedado dormido mientras la barca parece estar a punto de naufragar. La preocupación de los discípulos lo despierta y, entonces, vemos el signo mayor de un seguidor: el compromiso. Jesús se compromete con aquellos a los que les falta la esperanza, los que están a punto de abandonarlo todo, los que no ven salida ante las dificultades que les impone el contexto. Ese compromiso supone dos cosas. Por un lado, la ayuda concreta a las necesidades particulares (calmar la tempestad) y, por otro, el acompañamiento humano (las preguntas y la invitación a la confianza). El mundo nos avasalla con dificultades, la carrera, el dinero, las divisiones políticas, las guerras. La opción para el seguidor de Jesús no es hacer la vista gorda y seguir con su propio proyecto, sino sumarse al de Jesús, comprometerse con la humanidad y acompañar las situaciones que se viven con tensión. En otras palabras, dejar de ser espectadores de la historia y, más bien, hacerse constructores de la vida.

Pidámosle al Señor que nos regale la capacidad de aprender de su forma de comprometerse con la vida humana y que encontremos maneras reales y concretas de vivir el proyecto del Reino. Que cuando nos vean rompiendo los límites que discriminan, y caminemos en favor de los demás, y nos digan "dime con quién andas y te diré quién eres", podamos con honestidad decir "ando con Jesús" y "soy un seguidor/seguidora suyo", porque donde hay fronteras que separan a la humanidad, Jesús las supera y nos anima a comprometernos unos con otros. 

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.


ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Lc 7, 16

Aleluya.

Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su pueblo. Aleluya.

EVANGELIO

¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 4, 35-41

Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: Crucemos a la otra orilla. Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron en la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.

Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.

Lo despertaron y le dijeron: ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?

Despertándose, Él increpó al viento y dijo al mar: ¡Silencio! ¡Cállate! El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.

Después les dijo: ¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe? Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros:

¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?.





 

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