10° Domingo del Tiempo Común. Año B. Ser de la familia de Jesús, para proteger fielmente a los desvalidos
Homilía
10° Domingo del Tiempo Común. Año B
Domingo 09 de junio de 2024
Siempre han dicho que me parezco físicamente a mi madre y a mi padre, y también en más de alguna actitud, porque "de tal palo, tal astilla". Es cierto que la familia marca nuestra forma de ser, las palabras que usamos, los lugares que frecuentamos y los intereses que tenemos. También es claro que la familia es más que los lazos de sangre. Nuestros amigos, nuestra comunidad de fe también los podemos llamar familia. De hecho, es muy común, al menos en Hispanoamérica, que entre algunos amigos se llamen de “hermano” y en el uso del castellano peninsular se le dice “tío” o “tía” a alguien a quien le tenemos confianza. Precisamente, de tratos familiares y de cómo no traicionar nuestros orígenes, nos habla el evangelio de hoy.
En el relato de Marcos los parientes aparecen al comienzo y al final del fragmento que hemos leído. Al comienzo, llegan para proteger a Jesús y separarlo de quienes le quieren hacer daño. Al final, Jesús los nombra para mostrar que el proyecto del Reino se basa en relaciones de fidelidad. En cualquiera de los casos, se presentan en el texto como fuente de protección y fidelidad. Familia que protege, que cuida a los suyos y que los apoya fiel e incondicionalmente, a pesar de que, a ratos no comprendamos sus decisiones o se emprendan rumbos inciertos. Familia en el evangelio es cuidado y conexión, protección y fidelidad.
Pero junto con los familiares, hay otro personaje que también aparece nombrado dos veces, en dos variantes. Primero, los escribas dicen que Jesús está poseído por el poder de Belcebú. Belcebú es un nombre arameo, por lo tanto, provienente de la tradición judía, utilizado para nombrar a una deidad pagana reconocida como un espíritu impuro o también llamado príncipe de los demonios. Cuando Jesús se defiende, no lo nombra de esta manera, sino que reemplaza el nombre de este demonio por el de Satanás. Satanás es un opositor al Reino de Dios en Marcos, es decir, alguien contrario a la voluntad de Dios para la humanidad.
Los escribas quieren asociar a Jesús con una deidad pagana, para decir que no es de su raza, que lo que hace, lo hace en el nombre de otros dioses y no del Dios de Israel. Jesús, en cambio, nos muestra que lo central no está en el origen racial de la deidad, sino en los propósitos de su vida, es decir, si está a favor o en contra del proyecto de Dios para el mundo. Y, entonces, viene el discurso sobre la familia de Jesús. En el fondo, no importa tanto el lazo sanguíneo entre Jesús y sus parientes, cuanto el sentido de los vínculos que formamos con las demás personas.
Como comenté al comienzo, los parientes de Jesús aparecen para mostrar protección, y fidelidad. Esos son los rasgos que harán de nosotros o seguidores Jesús o “satanases”, es decir, opositores a ese proyecto de relaciones sanas y justas. En un mundo donde priman los “belcebúes”, es decir, las relaciones de poder, los vínculos de conveniencia y la preocupación por la pureza de raza, de orientación sexual, de clase social, prototipos de familia o la preeminencia de un género o de una etnia, el evangelio nos muestra que el proyecto de Jesús camina por senderos de acogida y respeto. Cuando nos aventuramos a proteger a los que otros, y a veces la misma iglesia, han dañado; cuando nos fidelizamos no con nuestro origen geográfico sino con el proyecto del Señor; entonces, y solo entonces, podremos dejar de ser oposición a Jesús y llamarnos familia de seguidores, es decir, llamarnos verdaderamente comunidad.
Al final del día, es cierto eso de “de tal palo, tal astilla”. El tema para nuestra vida cristiana es “de qué madera soy astilla”. Pidámosle al Señor que nos regale fuerza para poder ser fieles a su madera, para poder ser parte de su familia y, entonces, como el texto nos enseña: proteger y acompañar. Proteger a quienes necesitan consuelo y apoyo, y acompañar fielmente su proyecto de justicia y dignidad.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 12, 31b-32
Aleluya.
“Ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando Yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Ha llegado el fin de Satanás.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 3, 20-35
Jesús regresó a la casa, y de nuevo se juntó tanta gente que ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes se enteraron, salieron para llevárselo, porque decían: “Es un exaltado”.
Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: “Está poseído por Belcebú y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los demonios”.
Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó:
“¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.
Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre”. Jesús dijo esto porque ellos decían: “Está poseído por un espíritu impuro”.
Entonces llegaron su madre y sus hermanos y, quedándose afuera, lo mandaron llamar. La multitud estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron: “Tu madre y tus hermanos te buscan ahí afuera”.
Él les respondió: “¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?” Y dirigiendo su mirada sobre los que estaban sentados alrededor de Él, dijo: “Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.
Comentarios
Publicar un comentario