Domingo de Pentecostés. Año B. Invitados a movernos por un proyecto.

Homilía

Domingo de Pentecostés. Año B

Domingo 17 de mayo de 2024

Cuando alguien quiere hacer algo, pero no pone su energía en ello, solemos repetir el refrán, "Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente". Y es muy cierto. Cuando el mundo nos agobia de egoísmos y violencias, podemos caer en ese juego con mucha facilidad, si nos "domirmos". La fiesta de Pentecostés y, principalmente, el evangelio de hoy nos recuerdan que la vida es movimiento y nos invitan a no dormirnos en el camino, para seguir a Jesús y su proyecto.

El mismo espíritu que aleteaba sobre las aguas turbulentas en el Génesis (Gn 1,2), es el que acompañó al pueblo como columna de nube y fuego en el desierto (Ex 13, 21-22), el que descendió el día del Bautismo en el Jordán (Mt 3,13), el que Jesús entregó a sus discípulos en el evangelio que acabamos de escuchar, el que se hizo presente en la fiesta de Pentecostés que narra el libro de los Hechos y el que movilizó a las primeras comunidades seguidoras de Jesús, como dice Pablo a los corintios. Todas las descripciones del espíritu, hablan de energía y, principalmente, de movimiento. Ciertamente, no es cualquier energía. Del Antiguo Testamento, sabemos que el Espíritu es ayuda, esperanza y fuerza, y lo que mejor sabemos es que es vitalidad. Del Nuevo Testamento, sabemos que es coraje, misión y encuentro. 

En el evangelio, en medio del temor que sentían los discípulos y discípulas, Jesús les entrega el Espíritu Santo. En la escena suceden tres cosas. En primer lugar, Jesús ofrece su paz. La consecuencia de esa paz es el envío en una misión. Y, finalmente, sopla el espíritu sobre los discípulos para perdonar. Paz, misión y perdón están asociados al espíritu en movimiento.

A veces, creemos que la paz es un estado de quietud. En cambio, la paz de Jesús es una paz activa, que se construye. En un mundo en conflicto. Entre el genocidio en Gaza, las guerras en el oriente europeo, la violencia en Nicaragua, la delincuencia creciente en muchos lugares y las desconfianzas políticas, ser agente de paz no es una tarea sencilla. Habremos de colocar nuestros talentos y también nuestras posibilidades a disposición de esa paz, cuando hablamos en casa o con amigos, en el trabajo que realizamos o en los encuentros familiares, debemos ayudar a construir la paz. Ese es el espíritu de paz.

Nos parece que la misión es una actitud mucho más "móvil". ¡Claro!, cuando vamos de misión a un lugar hacemos largas caminatas o estamos mucho tiempo "haciendo" cosas (bendiciendo casas, rezando, trabajando el campo o en un centro con necesidades). Todo eso está muy bien y es el espíritu verdadero de una misión, si es una misión cristiana (lejos de los pietismos y fundamentalismos intimistas). Pero la misión se "hace" no solo en medio de una caminata, construcción o bendiciones, sino que, principalmente, cuando entramos en relación con otros. La misión es vínculo con nuestros hermanos y hermanas. Por lo tanto, la misión también se hace en la familia, en los estudios, en el trabajo, en la iglesia, cuando nos relacionamos honestamente con otro y nos preocupamos de su vida, nos alegramos con sus alegrías y nos entristecemos con sus tristezas. Ese es el espíritu de misión. 

El perdón es todavía más lejano. Los más religiosos dirán que está reservado al confesionario y la mayoría de nosotros dirá que es imposible. Por un lado, porque creemos que no somos lo suficientemente buenos como para perdonar y, por otro, porque lo asociamos al pecado. En verdad, la palabra "pecado" nos puede ayudar a entender el perdón del espíritu. Pecado (hamartia en el griego del Nuevo Testamento) significa "errar al objetivo". Es como cuando uno tira una flecha y no le da al blanco, al centro, al punto importante. Pecar, entonces, no son una lista de actitudes "malas", sino que son nuestros deseos de seguir el proyecto de Jesús, es decir, contribuir a formar un mundo más justo o ser personas más íntegras y que no llegamos a cumplir. Esa experiencia la hemos tenido todos, y nos invita a mover el corazón. Ese es el espíritu de perdón.

Pidámosle al Señor que en este día en que celebramos Pentecostés, podamos movernos, ser agentes de paz, de vínculos honestos y de intenciones rectas. Acogiendo al espíritu de movimiento que es el Espíritu Santo de Dios, evitaremos dormirnos y podremos luchar contra la corriente para que no nos lleve, sino que nos aferremos a Jesús y a su sueño para la humanidad.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.


PRIMERA LECTURA

Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar.

Lectura de los Hechos de los Apóstoles   2, 1-11

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse.

Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Con gran admiración y estupor decían:

¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oye en su propia lengua? Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 103, 1ab. 24ac. 29b-31. 34

R/Señor, envía tu Espíritu y renueva la faz de la tierra.

Bendice al Señor, alma mía: ¡Señor, Dios mío, qué grande eres! ¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡La tierra está llena de tus criaturas!

Si les quitas el aliento, expiran y vuelven al polvo. Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra.

¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras! Que mi canto le sea agradable, y yo me alegraré en el Señor.

SEGUNDA LECTURA

Todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 12, 3b-7. 

12-13

Hermanos:

Nadie puede decir: Jesús es el Señor, si no está impulsado por el Espíritu Santo.

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.

Así como el cuerpo tiene muchos miembros, y sin embargo, es uno, y estos miembros, a pesar de ser muchos, no forman sino un solo cuerpo, así también sucede con Cristo. Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo -judíos y griegos, esclavos y hombres libres- y todos hemos bebido de un mismo Espíritu.

SECUENCIA

Ven, Espíritu Santo, y envía desde el cielo un rayo de tu luz.

Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.

Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres.

Tú eres descanso en el trabajo, templanza de las pasiones, alegría en nuestro llanto.

Penetra con tu santa luz en lo más íntimo del corazón de tus fieles.

Sin tu ayuda divina no hay nada en el hombre, nada que sea inocente.

Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, sana nuestras heridas.

Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos.

Concede a tus fieles, que confían en Ti, tus siete dones sagrados.

Premia nuestra virtud, salva nuestras almas, danos la eterna alegría.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO

Aleluya.

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Aleluya.

EVANGELIO

Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes: Reciban el Espíritu Santo.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-23

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes!

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo:

¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes.

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

Reciban el Espíritu Santo.

Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan. 






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