Domingo de la Ascensión del Señor. Año B. Invitados a fundar una nueva era, a ensayar nuevas formas de vida
Domingo de la Ascensión del Señor. Año B.
Domingo 12 de mayo de 2024.
Homilía
Se dice que quienes han nacido o vivido en ciudades frente al mar tienen la capacidad de soñar con los pies bien puestos en la tierra. Vivir así es un tanto paradójico o, por decirlo menos, difícil. El mundo nos enseña que ser pragmático (tener los pies en la tierra) y ser un soñador no son compatibles. Sin embargo, creo que nuestro grupo familiar, nuestro grupo de amigos (lo que llaman la “cuadrilla” en el país Vasco) o nuestra comunidad de fe son los que nos pueden ayudar a vivir en equilibrio esas dos dimensiones. Al menos, esa ha sido mi experiencia. Mi familia, mis amigos y los lugares donde he formado comunidad de fe junto a otras y otros, son los que me han ayudado a vivir esas dos dimensiones que le dan sentido a la vida, los proyectos hondos, los sueños, pero también el criterio de realidad. Precisamente, de este equilibrio y cómo lograrlo, nos habla el evangelio en este domingo de la Ascensión del Señor.
Primero, una aclaración al texto que hemos leído y que es el final del texto canónico, pero, en verdad, es un complemento al final original del libro de Marcos. Lo que leemos después de Mc 16,9 es un resumen de diversas tradiciones del nuevo testamento que hablan sobre los eventos de la pascua. Según este anexo al final de Marcos, Jesús resucitó y se apareció primero a una mujer, María de Magdala, a la que los discípulos no le creyeron. Después se apareció a otros dos, pero tampoco les creyeron. Finalmente, él tuvo que ir donde estaban los once reunidos, para que le creyeran.
La sección que escuchamos hoy, omite que las primeras palabras de Jesús al grupo reunido fueron de reproche, no porque no cumplían ciertas normas religiosas, sino por no haberles creído a sus compañeras y compañeros de misión. Jesús interviene para consolidar el vínculo entre sus seguidores. Solo cuando las relaciones de confianza están restauradas, cuando el grupo vuelve a estar completo y se pueden reconocer unos a otros, sin miedos ni incredulidades, entonces, el Señor ofrece una misión. La misión no es fuerza de voluntad personal, como quien tiene que superar una prueba o cumplir con un objetivo en una empresa. La misión supone el grupo de apoyo, desea que la familia esté apoyando los sueños de sus hijos e hijas, supone también que tenemos redes de amigos en los que confiamos y, como dice el evangelio, sabe que habrá momentos de dificultad (demonios, serpientes, venenos, enfermos).
En medio de la misión, de sus tensiones y dificultades, del no entender decisiones que se toman, de cuando alguien nos quiere hacer daño, de los problemas de salud de los hijos, cuando la propia salud comienza a fallar, o cuando una materia se coloca cuesta arriba, como comunidad estamos invitados a sostenernos y animarnos a seguir adelante, porque compartimos un horizonte de vida, ese sueño de Dios para el mundo: una sociedad más justa y digna.
Pero también es el grupo el que llamará la atención cuando haya que replantearse nuevas opciones y volver a tomar decisiones o cuando uno haya errado el camino. Es la comunidad la que debe acoger y corregir con misericordia, para ayudarnos a enmendar. ¡Todos! Laicos, laicas, religiosos, sacerdotes, religiosas. Contra todo clericalismo, el evangelio nos enseña que es la comunidad la que ayuda, que no hay autoridad únipersonal al interior de una comunidad, sino que es Jesús el único que dirige la asamblea y nos envía en misión.
Ahora bien, no creamos que es una misión abstracta, es muy concreta y se descubre, también en comunidad. Es dialogando con la asamblea, la familia, los amigos, la comunidad religiosa que descubriremos las necesidades del mundo, la voz de Dios que clama en medio de la sociedad y que nos llama a anunciar la liberación y la paz. No podemos quedarnos como los discípulos de la descripción del libro de los Hechos que, pasmados, miraban el cielo. Antes bien, debemos ser como los discípulos de la descripción de Marcos, que ven al Señor que va a los cielos y, con los pies bien puestos en la tierra, se ponen en movimiento.
Los seguidores de Jesús, al conmemorar esta celebración de la Ascensión, estamos invitados a fundar una nueva era, a ensayar nuevas formas de vida inspiradas en la lógica de Dios, que integruen la experiencia del sufrimiento y, a la vez, animen a confiar unos en otros para poder vivir con esperanza. En definitiva, es como que la vida cristiana fuera en eterno vivir frente al mar, en sano equilibrio, deseando un mundo más justo y utilizando los medios que estén a nuestro alcance para lograrlo.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 28, 19a. 20b
Aleluya.
“Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos. Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 16, 15-20
Jesús resucitado se apareció a los Once y les dijo:
“Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán”.
Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios.
Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban.
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