6° Domingo de Pascua. Año B. Claridad y fuerza para animar un proyecto común.

Homilía

6° Domingo de Pascua. Año B.

Domingo 05 de mayo de 2024

Esta semana, un buen amigo jesuita vino a visitarme. Entre clases, trabajo y, también, uno que otro paseo, nos reencontramos después de muchos años, de mucha historia que ha pasado, de caminos diferentes, de estudios distintos, pero de una misión compartida. Como con ese amigo con el que me encontré, el evangelio de este domingo nos coloca frente a un modo de establecer una relación y frente a una tarea que se asume cuando somos consecuentes con dicha relación.

En primer lugar, hay que señalar que hemos leído un fragmento de los capítulos de la cena del Señor, es decir, de los largos discursos que el evangelio según Juan coloca en boca de Jesús, antes de su pasión, muerte y resurrección. Estamos frente a un discurso de despedida en el que el maestro quiere enseñar algo que es fundamental. Si bien hay quienes gustan de hablar solos (inclusive para justificar cuando hablo solo, me repito el verso del poeta Machado, "quien habla solo, espera hablar con Dios un día"), lo cierto es que el diálogo requiere de, al menos, dos personas, en otras palabras, el diálogo supone una relación. 

Los discípulos y discípulas han seguido a Jesús un tiempo largo, lo han escuchado hablar en público, realizar milagros, les ha hablado en privado también, han comido con él, lo han visto discutir y también perdonar. Sin embargo, estar cerca de alguien no asegura una relación estrecha. Jesús les insiste en que son sus amigos (philoi en griego) y no sus siervos (esclavos, dóulos en griego). Con mucha razón, alguien podría decir que Jesús pasa de una relación funcional (el esclavo sirve al dueño) a una relación afectiva (los amigos se quieren). Pero también es cierto, que el philos en la cultura helenística no era simplemente un vínculo afectivo, era también un vínculo político, porque suponía la cercanía afectiva con el rey, pero también implicaba luchar por sus proyectos. Esos philoi eran los compañeros del rey, estaban en igualdad de condiciones, porque compartían un proyecto común. Cuando Jesús los -y nos- llama "amigos" no solo establece cercanía afectiva, sino que, en la misma palabra, nos da una identidad y una misión: somos de los suyos, y hemos de continuar su proyecto, porque lo compartimos. De otra forma no se puede ser amigo del Señor.

Ahora bien, su proyecto no es otro que el de amar. Y eso no se logra de la noche a la mañana, ni se adquiere por generación espontánea. ¡A amar se aprende! Por eso, el evangelio nos ha dejado tan claro que debemos mirar los ejemplos que nos dan Jesús y el Padre. Ellos se aman, no de manera melosa, sino que el  amor del Padre se fundamenta en un proyecto de justicia para la humanidad. Y el amor de Jesús es haber sido consecuente con ese proyecto. En otras palabras, el gozo y el amor de Dios que son las formas que tenemos para gozar y amar en nuestra vida serán plenas cuando se vinculen al proyecto de justicia que el Señor tiene para el mundo. Amar no se trata de que los padres de familia o los gobernantes o los educadores hagan todo lo que le piden los niños, niñas y adolescentes, ni será suficiente con que declaren que les aman con palabras o con regalos; si no se les presenta un proyecto de familia, de sociedad, de educación, no habrá verdadero amor, porque esos niños, niñas y adolescentes no sabrán dónde mirar cuando busquen su lugar en el mundo. Frente a relaciones familiares inestables que abrazan un día y gritan al siguiente, o mirando a líderes políticos cuyas opiniones cambian con el clima, estamos destinados a formar hombres y mujeres que no conocen el amor verdadero, porque no han recibido la claridad del amor y cómo ese amor se comparte.

Pidámosle al Señor que nos regale claridad y fuerza: Claridad para saber el tipo de sociedad, de iglesia y de vínculos que queremos formar; Fuerza para ser coherentes con esos proyectos, aun en los momentos de crisis. Que todos podamos experimentar vínculos profundos, sustentados en una visión compartida de la realidad. En un mundo en que lo individual y la violencia priman, visitémonos unos a otros, conversemos desde el corazón, para restablecer lazos y proyectar una sociedad, una iglesia y familias que se comprometan con la dignidad y la justicia.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.





ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Jn 14, 23

Aleluya.

El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará e iremos a él, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 9-17

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos:

Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes. 

Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como Yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.

Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.

Éste es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como Yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando.

Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí, sino Yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.

Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, Él se los concederá.

Lo que Yo les mando es que se amen los unos a los otros.

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