5° Domingo de Pascua. Año B. Nuestros vínculos serán fecundos si todos y todas nos sentimos "en casa".
Homilía
5° Domingo de Pascua. Año B.
Domingo 28 de abril de 2024
Hay quienes dicen que "quien canta, sus males espanta". Es cierto que la música se conecta con algo profundo de nuestra alma. Hace unos días fui a ver una presentación de una banda de rock en Bilbao. El grupo de músicos me cautivó rápidamente con un par de canciones del repertorio popular. Siempre creí que iba a escuchar covers. Mi sorpresa fue grande cuando me di cuenta que también cantaron algunos temas propios. Y mayor la sorpresa cuando vi la recepción de la gente, porque, aunque no eran canciones famosas que todos pudiésemos corear, eran de las que se tocan y se escuchan con el alma. El evangelio de este domingo nos habla de cómo lo verdadero y original es lo que mejor da frutos.
Hemos escuchado el evangelio de Juan y la famosa parábola de la vid/viña y los sarmientos. Cada vez que se habla de "vid/viña", la audiencia original del texto, es decir, judíos y gentiles que habían sido incorporados a la vida de la comunidad, pensaba en la asociación entre Israel como la viña y Dios el dueño de la viña. Entonces, si se trata de la viña de Dios, el texto se convertía, para muchos de esos oyentes (porque los textos se leían públicamente), en un mensaje sobre la salvación. Jesús insiste en esa imagen al decir "mi padre es el viñador". Pero algo cambia en el discurso que oímos hoy. Si bien el padre es el dueño, la vid/viña no es todo Israel o, mejor dicho, hay dos tipos de vides/viñas.
En el texto, Jesús, que sabe que quienes lo oyen piensan en Israel como la vid/viña, se presenta a sí mismo como la "vid/viña verdadera". En otras palabras, hay una vid/viña verdadera y hay una falsa. De la falsa no se dice nada; sin embargo, de la verdadera recibimos este mensaje: el sarmiento que permanece en la vid/viña verdadera podrá dar fruto. Pero permanecer no significa simplemente "quedarse" en un lugar como quien se aferra a una tierra, a sus ideas o a sus costumbres. Permanecer (menó en griego) significa "quedarse" en el sentido de "habitar un lugar", es decir, hacerlo propio o sentirse como en casa. No se trata de "ser dueño" del lugar y dictaminar qué es apropiado que la gente haga o diga, sino que, al contrario, permanecer es cuidar la vid/viña para provecho de todos (como el dueño que poda para que salga el buen fruto que no se comerá solo sino que compartirá con otros). El evangelista nos dice que para dar frutos debemos sentirnos como en casa y hacer que otros se sientan como en casa, y lo debemos hacer como Jesús, es decir "verdaderamente", con honestidad, deseando honestamente involucrarnos con la sociedad y la comunidad.
La verdadera vid/viña, como Jesús resucitado, está aquí "en medio nuestro", cada vez que participamos de la comunidad porque la sentimos como nuestra, porque nos preocupa lo que le sucede a sus miembros (y no solamente a la institución), porque queremos contribuir con nuestros talentos a su fortalecimiento (y no solamente hacer una donación o participar de un espectáculo eucarístico). En tiempos en que nada permanece, en que todo parece ser relativo y desechable, el evangelio nos invita a comprometernos honestamente con nuestros hermanos y hermanas, con sus dolores y aflicciones, así como también a celebrar sus alegrías.
Pidámosle al Señor que nos regale la gracia de "permanecer" como comunidad, no porque nos sintamos dueños de la vida de otros y podamos dictaminar qué es correcto o qué no lo es, sino porque queremos co-habitar nuestro mundo y cuidarlo, dejar que otros entren verdaderamente en nuestras vidas, para enriquecernos de las experiencias compartidas, para que todos y todas nos sintamos, de una vez por todas, "en casa" y que nadie se sienta como un extraño en su propia ciudad, en su iglesia o en su país.
Las relaciones que entablamos serán fructíferas en la medida en que permanezcamos verdaderamente conectados unos con otros, contagiándonos no de ideas antiguas o preestablecidas, sino haciéndonos sentir en casa, donde nadie es extranjero, donde nadie es un extraño. Todos debemos ser un poco como esa banda de rock que fui a ver, porque estamos invitados a contagiar a todos de energía, a mostrarnos verdaderamente a los demás, sin máscaras y, así, permanecer, habitar juntos esta realidad y dar frutos de justicia y dignidad.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 15. 4a. 5b
Aleluya.
Permanezcan en mí, como Yo permanezco en ustedes. El que permanece en mí, da mucho fruto. Aleluya.
EVANGELIO
El que permanece en mí, y Yo en él, da mucho fruto.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 15, 1-8
Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos:
Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Él corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que Yo les anuncié. Permanezcan en mí, como Yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. EI que permanece en mi, y Yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.
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