3° Domingo de Pascua. La esperanza está más viva que nunca.

 Homilía

3° Domingo de Pascua

Domingo 14 de abril de 2024

"Tienes que hacer de tripas, corazón" se suele decir para enfrentar los momentos desagradables o que me producen miedo, invitando a hacer un esfuerzo por disimularlos u obviarlos. Pero hemos de reconocer que, cuando tenemos miedo, es difícil disimularlo. Con todo, me llama la atención que el refrán asume que el miedo o la crisis está asociada al cuerpo y que, superarla, supone trasladar la energía negativa desde las tripas, y transformarla en energía positiva, en el corazón. El texto de Lucas, en este evangelio, da algunas claves de lectura muy corporales para momentos de temor, cómo sobrellevarlos y, especialmente, dónde poner la esperanza.

Estamos en el texto que continúa el relato de los discípulos que van camino a Emaús y han reconocido al Señor por cómo parte el pan y por cómo les habla en el camino. Ahora esos dos (probablemente un hombre y una mujer, dicen algunos especialistas) se han reunido con los otros discípulos, les han contado todo lo que sucedió y, de repente aparece Jesús y les produce terror. Esta descripción de la escena es un texto único en los evangelios. Mateo y Marcos no la mencionan, y Juan afirma que tienen miedo a los romanos. Sin embargo, Lucas insiste en que es Jesús el que les ha producido miedo, porque aparece en forma de espíritu o fantasma.

Frente al temor, Jesús no les da razones o argumentos, sino que les muestra su cuerpo, es decir, las evidencias del dolor y del sufrimiento no se pueden anular para enfrentar el miedo, sino que se deben tocar, mirar, observar y, en términos más terapéuticos, enfrentar. Un miedo o una crisis que no se trabaja o no se enfrenta nunca se va a poder superar. En el fondo, el Señor los anima a que se hagan responsables de su crisis y, en vez de darles las respuestas prefabricadas en una actitud paternalista o, incluso, racionalista, les pide que se responsabilicen de lo que son testigos, es decir, que asuman lo que ven, oyen y tocan. El cuerpo de los temerosos entra en contacto con el cuerpo sufriente de Jesús y, solo entonces, se produce la alegría, la admiración y, también, el llamado a la misión, a anunciar la esperanza a todos los pueblos.

Pero esa no es la única alusión al cuerpo que hay en esta lectura. También se dice que Jesús tenía hambre y que sus seguidores le presentaron un pescado asado. Esto no es solamente para decir que, así como un espíritu/fantasma no tiene carne ni huesos, también un espíritu/fantasma no tiene hambre, y que Jesús sí la tenía. Antes bien, el pescado es un elemento que se usaba en el Judaísmo del Segundo Templo, en el Israel antiguo y en la religiosidad grecorromana, para espantar a los fantasmas o espíritus malvados. Ejemplos hay varios, tomados de los textos de Qumran, de libros de magia egipcia, griega y también de la biblia hebrea. En el libro de Tobías, el ángel del Señor (Rafael) le pide a Tobías que use las entrañas del pescado para espantar al espíritu malvado Asmodeo. De hecho, Tobías lo pesca, lo usa para protegerse y después lo asa y lo come. Frente a la posibilidad de que alguien, hacia fines del siglo 1 EC cuando fue escrito este evangelio, pudiese entender que la resurrección había convertido a Jesús en un espíritu/fantasma malvado, Lucas coloca la escena del pescado probablemente para afirmar que el espíritu del resucitado es pura bondad y esperanza, y que confiarnos a él, también ayuda a espantar nuestros miedos y temores.

Frente a la crisis, la invitación del Señor es a enfrentar nuestros miedos, a hacernos cargo de aquellos que vivimos, como su invitación a tocar el cuerpo maltratado en la cruz, y si tenemos la tentación de creer que nuestra historia de vida está dominada por la crisis, es el mismo Jesús el que nos invita a poner nuestra confianza en él, porque su vida está envuelta en un espíritu de esperanza, de bondad. 

A veces, en nuestras sociedades y también en la iglesia, domina un discurso de cierto fatalismo, todo está mal y no hay forma de salir de allí. La prensa colabora muchísimo para que esos discursos se instalen. el tipo de noticias que publica, aquello que destaca y aquellas noticias que ignora. Todo parece convencernos de que, efectivamente, el mundo se ha venido cuesta abajo. La experiencia de la pascua nos invita a aceptar los aspectos negativos y crueles de la sociedad, la guerra, el desempleo, los abusos, las crisis institucionales políticas, militares, civiles y religiosas. Hay que tocar las heridas. Pero la pascua nos invita a dar un paso más. Los seguidores de Jesús hemos de ser testigos de cómo el Señor con su proyecto de vida y justicia trae esperanza, sana heridas y, especialmente, gracias al símbolo del pescado, habita en nuestros corazones como un espíritu de bondad y alegría, y no como un espíritu pesimista.

Pidámosle al Señor que nos regale fuerzas para enfrentar la vida y esperanza para vivirla. Que, de su mano, podamos "hacer de tripas, corazón", no porque queremos anular las dificultades, sino porque estamos convencidos de que hemos recibido la gracia de la pascua para anunciarle al mundo, con nuestras propias vidas, que la esperanza no ha muerto, está más viva que nunca.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Lc. 24, 32

Aleluya.

Señor Jesús, explícanos las Escrituras. Haz que arda nuestro corazón mientras nos hablas. Aleluya.

EVANGELIO

El Mesías debía sufrir, y resucitar de entre los muertos al tercer día.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 24, 35-48

Los discípulos, que retornaron de Emaús a Jerusalén, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: La paz esté con ustedes.

Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu, pero Jesús les preguntó: ¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas? Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que Yo tengo”.

Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies. Era tal la alegría y la admiración de los discípulos que se resistían a creer.

Pero Jesús les preguntó: ¿Tienen aquí algo para comer? Ellos le presentaron un trozo de pescado asado; Él lo tomó y lo comió delante de todos.

Después les dijo: Cuando todavía estaba con ustedes, Yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos.

Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto.






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