Domingo 5 de Cuaresma. Año B. En nuestros vínculos se manifiesta la gloria de Dios
Homilía
5° Domingo de Cuaresma. Año B.
Domingo 17 de marzo de 2024
Se han puesto de moda, algunos influencers o artistas que, al recibir un galardón se agradecen en primer lugar a sí mismos por el premio obtenido. Es cierto que el triunfo es de ellos, pero no se debe exclusivamente a ellos. Hay muchos equipos, relaciones y seguidores sin los cuales no podrían haber obtenido el mérito que tienen. A todos nos gusta, de una u otra manera, que se nos reconozca lo que hacemos, que se valoren nuestros esfuerzos. No hay nada malo en ello, es algo de amor propio. El problema está cuando nos olvidamos de que no es solamente nuestro esfuerzo el que vale. El evangelio de este domingo nos ayuda a mirar dónde poner el corazón ante la alabanza.
El mundo que rodea a las comunidades de seguidores de Jesús es el helenístico. En ese mundo, las glorias se celebran, porque corresponden a triunfos sobre otras culturas y dominaciones sobre otras tierras. Inclusive, aunque queden en los cuerpos de los soldados las marcas de heridas de guerra, estas se muestran porque dan cuenta de conquistas y dominio sobre otros que se consideran inferiores. La comunidad del evangelio de hoy conoce muy de cerca la cultura grecorromana y pone a estos personajes al comienzo de la escena. Los griegos (o helenistas)que quieren conocer a Jesús. Entonces, Jesús saca su carta de presentación: La gloria. Pero, en esta ocasión, asocia la gloria a conceptos como "el grano de trigo, la muerte, la pérdida, el desapego, la confusión, el servicio". Esto debe de haber sido muy extraño para los helenistas que oían estas palabras. Si para ellos, la gloria estaba asociada al triunfo, al poder y al dominio sobre otros, ¿cómo este hombre podría afirmar que la gloria era lo contrario, es decir, muerte y servicio?
Inclusive a nosotros, que conocemos el final de la historia y confiamos en que Jesús resucitó, nos cuesta entender la paradoja que nos plantea Jesús, que en su muerte se manifieste la gloria de Dios. Hoy hemos leído casi el final del capítulo 12 del evangelio según Juan, es decir, leímos la transición entre (a) la historia de Jesús que se ha vinculado con la humanidad que sufre en diversos escenarios (que son los primeros doce capítulos), y (b) la vivencia de la pasión, muerte y resurrección (del capítulo 13 al final). En otras palabras, esa gloria, esa manifestación de Dios en la vida humana no pasa por imágenes grandilocuentes, ni triunfos, ni sentirnos superiores a otros (dominarles), sino por vínculos, por relaciones estrechas, por tomarnos en serio la vida de nuestros y hermanas.
La hora de la gloria "ha llegado", anuncia Jesús. Esa hora es concreta, se vive en lo cotidiano y se vive siempre, por eso "ha llegado", porque ni "llegó" (pasado que ya sucedió) ni "llegará" (un futuro que no conocemos). En cambio, "ha llegado", o sea, está siempre presente, nunca pasa de moda. Los vínculos no pasan de moda. La capacidad que tenemos de acoger a otros, no pasa de moda. El abrazo sincero que anima la familia o a un amigo o a una compañera de trabajos, no pasan de moda. El diálogo de nuestras comunidades de fe no pasa de moda."Han llegado" ¡para quedarse! y como la gloria, que es el atributo más propio de Dios, hemos de practicarla en los vínculos que estrechamos todos los días.
Lejos de esperar una manifestación luminosa de la gloria de Dios, Jesús nos presenta una gloria desde la humildad, la sencillez, el fracaso y, especialmente, desde la entrega, desde el vínculo. Allí está la gloria. Allí donde otros no quieren ir porque es "poca cosa" o porque "no sacarán suficientes réditos". En esos ancianos que desechan los empresarios, en esos jóvenes a los que no se les dan oportunidades, en esas mujeres que luchan por mayor justicia, en esos niños que claman por educación, en esas personas que quieren volver a amar, en los que hemos discriminado como iglesia por favorecer las normativas, en ellos, está latiendo la gloria de Dios, cada vez que les miramos, les acogemos y les invitamos a que sean comunidad con nosotros. Justamente allí es donde la gloria de Dios es más evidente, donde podremos valorar mejor quiénes somos y qué vínculos establecemos con otros.
Pidámosle al Señor la capacidad de reconocer nuestras heridas y las heridas del mundo, para poder salir al encuentro de otros y reconocer que en ese vínculo se manifiesta la gloria de Dios. A lo mejor, no nos ganaremos un Óscar ni seremos multifacéticos influencers, pero cada vez que respiremos, sabremos que estamos en la presencia de la gloria de Dios porque lo que somos no es mérito exclusivamente nuestro, sino que lo compartimos con todas y todos nuestros hermanos en humanidad.
Que así sea. Amén
P. Juan Salazar Parra SJ
PRIMERA LECTURA
Estableceré una nueva alianza y no me acordaré más de su pecado.
Lectura del libro de Jeremías 31, 31-34
Llegarán los días -oráculo del Señor- en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque Yo era su dueño -oráculo del Señor-.
Ésta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo del Señor-: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; Yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo.
Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande -oráculo del Señor-. Porque Yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.
SALMO RESPONSORIAL 50, 3-4. 12-15
R/. Crea en mí, Dios mío, un corazón puro.
¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad, por tu gran compasión, borra mis faltas! ¡Lávame totalmente de mi culpa y purifícame de mi pecado!
Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu. No me arrojes lejos de tu presencia ni retires de mí tu santo espíritu.
Devuélveme la alegría de tu salvación, que tu espíritu generoso me sostenga: yo enseñaré tu camino a los impíos y los pecadores volverán a ti.
SEGUNDA LECTURA
Aprendió qué significa obedecer y llegó a ser causa de salvación eterna.
Lectura de la carta a los Hebreos 5, 7-9
Hermanos:
Cristo dirigió durante su vida terrena súplicas y plegarias, con fuertes gritos y lágrimas, a Aquél que podía salvarlo de la muerte, y fue escuchado por su humilde sumisión. Y aunque era Hijo de Dios, aprendió por medio de sus propios sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, Él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 12, 26
“El que quiera servirme, que me siga, y donde Yo esté, estará también mi servidor,” dice el Señor.
EVANGELIO
Si el grano de trigo que cae en tierra muere, da mucho fruto.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 12, 20-33
Había unos griegos que habían subido a Jerusalén para adorar a Dios durante la fiesta de Pascua. Estos se acercaron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le dijeron: “Señor, queremos ver a Jesús”. Felipe fue a decírselo a Andrés, y ambos se lo dijeron a Jesús. Él les respondió:
“Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.
El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, y donde Yo esté, estará también mi servidor.
El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. Mi alma ahora está turbada. ¿Y qué diré: “Padre, líbrame de esta hora”? ¡Si para eso he llegado a esta hora! ¡Padre, glorifica tu Nombre!”
Entonces se oyó una voz del cielo: “Ya lo he glorificado y lo volveré a glorificar”.
La multitud, que estaba presente y oyó estas palabras, pensaba que era un trueno. Otros decían: “Le ha hablado un ángel”.
Jesús respondió:
“Esta voz no se oyó por mí, sino por ustedes. Ahora ha llegado el juicio de este mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado afuera; y cuando Yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí”.
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