5° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B. Llamados a levantarse y servir, en medio del dolor
Homilía
5° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B.
Domingo 04 de febrero de 2024.
Tal vez, hoy como pocas veces, los verbos del evangelio nos ayudan a entender la invitación que el Señor nos hace frente a la catástrofe que ha sucedido en la región de Valparaíso las últimas 48 horas. Tras largas horas de angustia, cientos de damnificados, parece que el incendio se controla a ratos y va dando espacio a la creatividad de una población que verano a verano debe ponerse en pie ante situaciones muy similares.
En el momento de cualquier tragedia es muy difícil cooperar o decir algo, si uno no es un profesional para esas causas. Ante un incendio, uno puede estorbar o salir dañado por no tener herramientas para hacerlo. En el momento del temblor, es peligroso cualquier movimiento en falso. Lo mismo sucede en un funeral donde las palabras sobran. En todos esos momentos, debemos hacer como Jesús, "llegar/estar", contemplar la escena, mirar lo que sucede, para, después, poder actuar. La ansiedad no es buena amiga en momentos de estrés y dificultad.
El evangelista Marcos, coloca dos verbos en la sanación de la que somos testigos: Jesús hace a la suegra "levantarse" y ella se pone a "servir". La suegra de Pedro es la primera curación que realiza Jesús en el evangelio de Marcos. La hace a una mujer, la primera de todas, que, a su vez, es la suegra de Pedro, que pronto en el evangelio será también el primero entre sus pares. Pero lo relevante no es solamente que sea la primera persona curada, sino, más particularmente, el hecho de que sea una mujer. Es cierto que no se le nombra, como a los varones que están con ella o como a otras mujeres en el evangelio. Pero tampoco es una anónima de la que no sepamos nada. Sabemos que es una mujer "en relación". Ella tiene un vínculo que no es sanguíneo, sino político, social: es una suegra. Ella, la primera sanada, es el prototipo de quien quiere seguir a Jesús, dejarse sanar por él y sanar a otros. Para la sanación no basta con el quedarse remordiendo el propio dolor, sino que es importante ponerse "en camino", lo que, cristianamente, llamamos "levantarse" y "servir".
En los momentos difíciles que muchos compatriotas viven, no son ellos los únicos que han de ponerse de pie, sino que es toda una sociedad la que debe levantarse y servir. Levantarse es salir de la sensación fatalista y crítica de que nada cambia, y también es salir de la compasión superficial que, prontamente, cambia el canal de las noticias por algo más entretenido. Ninguna de esas actitudes colabora. Ya habrá momento para pedir cuentas a las autoridades. Levantarse es disponerse a ir al encuentro de otros con los que tenemos vínculos y relaciones familiares y sociales (los vecinos, por ejemplo). Y, entonces, "servirles", saber lo que necesitan y acudir en su ayuda. Servirles es ayudarles en lo material de estos días y, posteriormente, en todos los procesos de reconstrucción y también de prevención y mejora de las condiciones de las zonas afectadas.
Pidámosle este día al Señor que nos regale la gracia de tener una relación con Jesús que nos anime a "levantarnos" y "servir" a quien lo necesite. Ponemos en oración, especialmente, a los miles de chilenos que hoy sufren por el incendio en la región de Valparaíso. Como dice Job, "la vida es un soplo", y Jesús nos invita a vivirla al lado de los marginados, ayudándoles a levantarse y sirviéndoles, cada uno desde el lugar que le corresponde.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 8, 17
Aleluya.
Cristo tomó nuestras debilidades y cargó sobre sí nuestras enfermedades. Aleluya.
EVANGELIO
Sanó a muchos, que sufrían diversos males.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 29-39
Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: “Todos te andan buscando”.
Él les respondió: “Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido”.
Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios.
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