4° Domingo del Tiempo Ordinario. Llamados a ser hospederos de quienes claman por justicia, libertad, paz y fraternidad
Homilía
4° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B.
Domingo 28 de enero 2024.
Chile es un país sísmico. De eso no cabe dudas. Las construcciones están hechas, o deberían estarlo, para resistir temblores, ya que los vivimos a diario, hasta el punto de ser imperceptibles. Videos en Instagram hay por montones sobre este tema. Tales construcciones suponen unas vigas o pilares que le dan solideza todo el edificio. Y, extrañamente, son las que menos cuidamos. En general, estamos muy preocupados de los colores, de las terminaciones, la publicidad de compra de casa resalta los aspectos estéticos. No digo que eso sea malo. Pero, cuando queremos prevenir una tragedia, lo importante no serán las terminaciones sino los cimientos. De cómo cuidarlos, nos habla el evangelio de este domingo.
El tema de las posesiones es muy frecuente en la literatura del Nuevo Testamento y también en la literatura del Judaísmo del Segundo Templo (período de reconstrucción de la identidad israelita, del que hemos hablado en otras oportunidades). Baste decir, entonces, que ver un poseído puede resultar muy anómalo para nosotros, habitantes del siglo XXI, pero era recurrente o "normal" en tiempos de Jesús. Si había poseídos, entonces, había exorcistas que podían quitar la posesión. Todo esto nos suena cinematográfico (propio del género de terror o gore); sin embargo, el oficio de exorcista no era poco común en el siglo I EC. Entonces, que Marcos nos presente esta escena hoy, debe tener un sentido especial, mucho más allá del mero acto de quitar un demonio, porque eso lo podría haber hecho Jesús o lo podría haber hecho (o intentado hacer) otro de sus contemporáneos.
En primer lugar, hay que reconocer que Marcos está enlazando, magistralmente, dos actividades de Jesús: la de enseñar y la de exorcizar. En otras palabras, está conectando la enseñanza/predicación de Jesús con su práctica/vida, ya que ambas suceden al mismo tiempo y en el mismo lugar, es decir, simultáneamente y en la sinagoga. Los ocupantes naturales del espacio de la sinagoga son los escribas, cuya misión es la enseñanza de la palabra de Dios. Jesús ocupa ese espacio; Marcos lo convierte en un maestro, y no es uno cualquiera, sino en uno con autoridad. Jesús supera la enseñanza de los escribas no por lo que dice, sino por "cómo" lo dice, "una nueva manera, llena de autoridad" afirma el evangelio.
Esa autoridad no es solamente para la instrucción de unos cuantos fieles iletrados (recordemos que la educación no era como la conocemos hoy), sino también, y muy especialmente, para otros. Dicen por ahí que "conocimiento es poder". Los escribas tenían conocimiento, es decir, tenían el poder de controlar a las masas y de interpretar los textos a su antojo o para el antojo de las autoridades religiosas o políticas de turno, perdiendo, probablemente, parte del carisma original que inspiró a quienes escribieron la Torah (o, en cristiano, la palabra de Dios). Por eso, el lenguaje que usa Marcos es el de la posesión demoníaca. Hay un espíritu que ha entrado en la comunidad y que debe ser extirpado. La figura de Jesús no es la del simple exorcista, sino la de quien devuelve el espíritu original a la sinagoga y a los fieles presentes. En el encuentro con Jesús, ese hombre poseído, en vez de ser rehén de un espíritu impuro, ahora puede hospedar en sí al verdadero espíritu, que es el que nos anima en el derecho y la justicia (como dicen los profetas). Jesús le recuerda su vocación humana primera, que no está para la institución rígida, sino que está para la acogida a todos y todas. Somos invitados, con este relato a volver a nuestro origen, al afecto profundo que nos ha movido y a ser hospederos unos de otros.
Ese hombre poseído por el espíritu impuro es toda persona que ha dejado ese pilar fundamental, ese origen que ordena nuestras vidas, que nos ha traído a formar parte de la comunidad eclesial y que ha fundado nuestros compromisos más serios y hondos: los matrimonios, la elección de una carrera, la vocación religiosa, la participación en la comunidad eclesial, etc. El encuentro real con Jesús, la escucha de su proyecto (y no del predicador de turno) nos centrará en lo que es realmente importante: que seamos hospederos, es decir, acogedores, abiertos, sencillos y receptivos. Ese es el verdadero espíritu que habita en nosotros. El espíritu que Jesús predica y vive, y que nos invita también a predicar y vivir.
Pidámosle hoy al Señor que nos regale la gracia de no preocuparnos tanto por las formas, por las terminaciones, sino que también le prestemos atención a lo que está en el origen. Que podamos hospedar en nuestros corazones el proyecto de Jesús y que eso se traduzca en ser verdaderos hospederos de quienes, en medio del mundo, claman por justicia, libertad, paz y fraternidad, por alimento y por derechos. Y como el relato de Marcos, que eso sea en nuestras palabras y también por medio de nuestras acciones.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 4, 16
Aleluya.
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. Aleluya.
EVANGELIO
Les enseñaba como quien tiene autoridad.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 21-28
Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga de ellos un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar; “¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”.
Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. El espíritu impuro lo sacudió violentamente, y dando un alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros:
“¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y éstos le obedecen!”
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
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