2° Domingo Tiempo Ordinario. Año B. Animados a salir al mundo y encontrar allí la gracia de Dios que está latiendo en la historia

Homilía

2° Domingo del Tiempo Ordinario. Año B.

Domingo 14 de enero de 2024


Muchos criterios del mundo nos invitan a pensar que todo lo podemos solos, que no necesitamos de otros; sin embargo, siempre recuerdo que, en la familia y en el colegio, se nos decía que "una mano lava la otra y juntas lavan la cara", para expresar la necesidad que tenemos de otros si es que queremos soñar y alcanzar los sueños. De esa ayuda recíproca que nos lanza hacia un bien mayor nos hablan las lecturas de este domingo.

La primera lectura, del libro de Samuel, nos presenta un relato muy conocido. Sin embargo, creo que lo interesante no está tanto en el "aquí estoy, Señor" sino en que la escucha honesta de la presencia o la voz de Dios en la vida de Samuel se da al entrar en contacto con otro ser humano.  En pleno exilio o cautividad babilónica, el escritor deuteronomista se propone trazar las líneas principales de la relación entre Israel y Dios. El relato de Samuel es el de la historia de Israel, en la que si los israelitas no son capaces de escucharse, no serán capaces de escuchar la voz de Dios. Es en el contacto con Elí que Samuel puede reconocer que es la voz de Dios y que esa voz le acompañará toda su vida, aún en los momentos de dificultad. Samuel está atento y Elí es un hombre generoso que comparte su sabiduría con Samuel. En esa relación se produce el encuentro con el Señor. Lejos de mostrarnos una vocación única e individual, el historiador deuteronomista nos habla de confianza y de solidaridad para poder acercarnos al Señor. 

La primera carta de Pablo a los Corintios pone de relieve el tema del cuerpo. No estamos frente a una carta ni a un tema sencillos. El concepto que ocupa Pablo en esta ocasión es sōma (en griego, literalmente, cuerpo), pero hay que recordar que el cuerpo sōma no es exclusivamente el cuerpo carnal, sino que, habitualmente, se refiere a "la vida toda". También hay que recordar que en la literatura paulina, el cuerpo es una imagen de la asamblea que se reúne para celebrar. Nosotros hoy, aquí, somos cuerpo. Pablo, entonces, no está hablando exclusivamente de una situación carnal, sino de un estado de vida relacional. Es en la asamblea que podremos encontrarnos con el Señor, porque también "el Señor es para el cuerpo", es decir, cuando nos reunimos, compartimos, nos tenemos paciencia, no nos juzgamos, es ahí que el Señor se hace presente, en el seno de la asamblea, para hacernos parte de su proyecto. Lejos de mostrarnos una visión reducida de la fe, Pablo nos habla de cómo el compartir, el encuentro, la reciprocidad están en el corazón de Dios y nosotros estamos llamados a configurarnos a su imagen. 

El evangelio de Juan, por último, nos ofrece el relato de los primeros discípulos. Estos han querido seguir a Jesús, porque su maestro, el Bautista, anteriormente les ha dicho que ese es el Cordero de Dios. Sin embargo, no les basta con eso, necesitan ir a conocerle a la intimidad de su hogar. Y, a partir de ese encuentro, Jesús inicia la convocatoria a los otros discípulos también. No se trata de una acción unilateral de Jesús, sino de un modo de entrar en la historia que pasa necesariamente por compartir la vida y por invitar a otros a que la compartan. Lejos de una visión intimista del encuentro con Jesús, el autor de este texto nos presenta la cercanía de unos (los discípulos) con otros (Jesús) como motor de partida de un proyecto, del que somos herederos.

Los tres textos, cada uno en a su modo y en su tiempo, nos presenta la idea de que el encuentro con Dios pasa por la relación con otros, especialmente, con la comunidad. En general, nos cuesta hallar valor a esta dimensión o, en el mejor de los casos, lo hacemos como espacio de "catarsis", es decir, voy a la comunidad, porque necesito apoyo, un lugar de contención. Eso me parece genial. Pero, también es cierto que la comunidad es más que el lugar que nos contiene. La comunidad es el lugar que nos lanza a la misión y que nos apunta a Dios. La comunidad, con sus dificultades, tensiones, con diferencias de opinión o las alegrías compartidas, nos señala el camino que coloca nuestro corazón en el mundo. La comunidad puede ser la asamblea de fe dominical, la familia, el barrio, la sociedad, etc. Hemos de estar atentos a sus inquietudes, para poder encontrarnos con Dios que siempre quiere dinamizar nuestras vidas y nos puede ayudar a transformarnos.

Como Samuel, escuchemos a otros para escuchar a Dios. Como Pablo, acerquémonos a otros, para percibir a Dios. Como los discípulos, conozcamos la vida de otros, para poder, verdaderamente, amar y seguir a Jesús.

Que el Señor nos regale la gracia de habitar lejos de los individualismos y disponga nuestras manos para que la mía lave la tuya, y juntos, lavemos nuestra cara, es decir, nos despertemos y  animemos a salir al mundo, para encontrar allí la gracia de Dios que está latiendo en la historia.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.


PRIMERA LECTURA

Habla, Señor, porque tu servidor escucha.

Lectura del primer libro de Samuel  3, 3b-10. 19

Samuel estaba acostado en el Templo del Señor, donde se encontraba el Arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: Aquí estoy. Samuel fue corriendo adonde estaba Elí y le dijo: Aquí estoy, porque me has llamado. Pero Elí le dijo: Yo no te llamé; vuelve a acostarte. Y él se fue a acostar.

El Señor llamó a Samuel una vez más. Él se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: Aquí estoy, porque me has llamado. Elí le respondió: Yo no te llamé, hijo mío; vuelve a acostarte. Samuel aún no conocía al Señor, y la palabra del Señor todavía no le había sido revelada. El Señor llamó a Samuel por tercera vez. El se levantó, fue adonde estaba Elí y le dijo: Aquí estoy, porque me has llamado. Entonces Elí comprendió que era el Señor el que llamaba al joven, y dijo a Samuel: Ve a acostarte, y si alguien te llama, tú dirás: Habla, Señor, porque tu servidor escucha. Y Samuel fue a acostarse en su sitio.

Entonces vino el Señor, se detuvo, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Él respondió: Habla, porque tu servidor escucha.

Samuel creció; el Señor estaba con él, y no dejó que cayera por tierra ninguna de sus palabras.

SALMO RESPONSORIAL    39, 2. 4ab. 7-10

R/Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Esperé confiadamente en el Señor: Él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor. Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.

Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, entonces dije: Aquí estoy.

En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón.

Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, Tú lo sabes, Señor.

SEGUNDA LECTURA

Los cuerpos de ustedes son miembros de Cristo.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 6, 13c-15a. 17-20

Hermanos:

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder.

¿No saben acaso que sus cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor se hace un solo espíritu con Él. Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo.

¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios?

Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, sino que han sido comprados, ¡y a qué precio!

Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Jn 1, 41. 17b

Aleluya.

Hemos encontrado al Mesías, es decir al Cristo; por Él nos han llegado la gracia y la verdad. Aleluya.

EVANGELIO

Vieron dónde vivía y se quedaron con Él.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 35-42

Estaba Juan Bautista con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: Éste es el Cordero de Dios.

Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: ¿Qué quieren?

Ellos le respondieron: Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?

Vengan y lo verán, les dijo.

Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: Hemos encontrado al Mesías, que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo:

Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas, que traducido significa Pedro.




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