3° Domingo de Adviento. Año B. Estemos siempre alegres, porque hemos encontrado la ruta a casa: Jesús y su proyecto de justicia.
Homilía 3° Domingo de Adviento. Año B.
Domingo 17 de diciembre de 2023l.
De hace muchos años, en una experiencia en un hospital con gente en situación de discapacidad y algunos con serios trastornos psiquiátricos, guardo la imagen de un anciano que llevaba varios años en el lugar y, a razón de su enfermedad, se sentía siempre perdido, porque no podía reconocer el lugar que habitaba ni a la gente que le rodeaba. Eso le producía una angustia severa. Todo volvía a su normalidad cuando lo llevábamos a su cuarto y veía las fotos de su familia. Su rostro se me ha quedado grabado, la angustia de sentirse "desubicado" y la alegría que trae el sentirse "en casa", De los desafíos que supone ese camino, nos hablan las lecturas de este domingo, como preparación a la Navidad.
La sección del profeta Isaías que leemos hoy es parte de lo que se llama "el tercer Isaías". Se trata de un texto que refleja la vida entre el 539 y el 460 AEC. En este período, Israel ya no está bajo dominio babilonio, sino en manos de los persas que inician la reconstrucción del templo de Jerusalén y permiten el retorno de los exiliados a su tierra natal. Se da inicio, de esta manera, al período que se conoce como "Judaísmo del Segundo Templo" (ca. 535AEC - ca. 80EC), el período más rico en escrituras, en novedades, en construcción de identidades y en generación de esperanza. Es el período del tercer Isaías, pero también es el período que vivieron Jesús y Pablo. Es un tiempo que nos desafía a vivir en alegría.
La primera lectura retrata la esperanza de los que "han vuelto a casa", de los israelitas que han vuelto a su tierra, donde se encuentran sus raíces. Pero en el camino han dejado amigos en otros lugares, compatriotas que han preferido quedarse fuera. Y aquellos con los que se reencuentran tampoco son los mismos. Hay un fuerte un conflicto político entre dos partidos que querían tomar el control de Jerusalén. Por un lado, la pobreza es una realidad; por otro, la alegría de estar "en casa" también lo es... Esos retornados viven el desconcierto. Frente a esas vidas en tensión, el profeta alza su voz y les recuerda que, como decía el gran biblista Johan Konings sj, "el Dios de Israel siempre se dirige primero a los que más esperan: los pobres y los humildes, ya que en ellos vive un deseo que les abre los ojos para reconocer las maravillas que obra Dios en la vida."
El evangelio también retrata la esperanza de los que "quieren volver a casa". Juan el Bautista ha estado bautizando a muchos y, por eso, es sometido a un interrogatorio desagradable de cinco preguntas en el que cuestionan su identidad y lo quieren asociar a personajes propios de la apocalíptica judía: el Mesías, Elías, el Profeta. Los símbolos apocalípticos se usan en el proceso de encontrar aquello que se ha perdido: la esperanza. Juan es capaz de reconocer que él no es la esperanza (por eso no es ninguno de esos personajes apocalípticos). Él es quien ayuda a otros para que abran el corazón y reconozcan a la verdadera esperanza que viene de Dios: Jesús, porque en él se manifiesta Dios. ¡Qué alegría para esas mujeres y hombres que esperaban de corazón al Mesías! Saber que su salvador está próximo no puede producir sino alegría a aquellos que anhelan paz, justicia y libertad.
La sensación de "estar en casa" es siempre un relajo. Después de un día atareado en el trabajo o en los estudios, volver a casa y estar con la familia, con los amigos, con la comunidad, es un regalo de Dios, siempre que, como nos recuerdan las lecturas de hoy, queramos volver a casa, es decir, tengamos el corazón dispuesto a volver. Entonces, la alegría del retorno se transforma en un bálsamo que suaviza nuestras vidas y anima nuestra esperanza.
Pidámosle al Señor este domingo que, en este tiempo de preparación a la Navidad, anide, en nuestro corazón, el deseo de volver a casa. En otras palabras, el deseo de encontrarnos con los seres queridos -especialmente con aquellos a los que el Señor ha venido a liberar-, el deseo de empoderar a quienes pueden hacer el bien por todos y no por algunos, el deseo de crear espacios de participación genuina y y el deseo de abrir las expandir los límites donde hemos puesto barreras políticas, sexuales, religiosas o económicas.
Al final, en un mundo que anda perdido entre el consumo, el poder desmedido y la violencia, los cristianos estamos llamados a vivir en la esperanza y, como el Bautista, ser aquellos que anunciamos el "camino a casa". La primera recomendación de Pablo a los Tesalonicenses nos sirve de ayuda ante la misión de anunciar a Jesús: "Estén siempre alegres", porque hemos encontrado la ruta a casa: Jesús y su proyecto.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
PRIMERA LECTURA
Desbordo de alegría en el Señor.
Lectura del libro de Isaías 61, 1-2a. 10-11
El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido.
Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor.
Yo desbordo de alegría en el Señor, mi alma se regocija en mi Dios.
Porque Él me vistió con las vestiduras de la salvación y me envolvió con el manto de la justicia, como un esposo que se ajusta la diadema y como una esposa que se adorna con sus joyas.
Porque así como la tierra da sus brotes y un jardín hace germinar lo sembrado, así el Señor hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.
SALMO RESPONSORIAL Lc 1, 46-50. 53-54
R/. Mi alma se regocija en mi Dios.
Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz.
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia.
SEGUNDA LECTURA
Consérvense irreprochables en todo su ser, hasta la Venida del Señor.
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 5, 16-24
Hermanos:
Estén siempre alegres. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en toda ocasión: esto es lo que Dios quiere de todos ustedes, en Cristo Jesús. No extingan la acción del Espíritu; no desprecien las profecías; examínenlo todo y quédense con lo bueno. Cuídense del mal en todas sus formas.
Que el Dios de la paz los santifique plenamente, para que ustedes se conserven irreprochables en todo su ser -espíritu, alma y cuerpo- hasta la Venida de nuestro Señor Jesucristo. El que los llama es fiel, y así lo hará.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Is 61, 1
Aleluya.
El Espíritu del Señor está sobre mí; Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres. Aleluya.
EVANGELIO
En medio de ustedes hay alguien a quien no conocen.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 6-8. 19-28
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
Él no era la luz, sino el testigo de la luz.
Éste es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle:
“¿Quién eres tú?”
Él confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente:
“Yo no soy el Mesías”.
“¿Quién eres, entonces?”, le preguntaron: “¿Eres Elías?” Juan dijo: “No”.
“¿Eres el Profeta?” “Tampoco”, respondió. Ellos insistieron:
“¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?”
Y él les dijo:
“Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías”.
Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle:
“¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?”
Juan respondió:
“Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: Él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”.
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.
Comentarios
Publicar un comentario