2° Domingo de Adviento. Año B. Preparar el corazón es estar dispuesto a vivir en fraternidad y justicia.
Homilía
2° Domingo de Adviento. Año B
Domingo 10 de diciembre de 2023
"No por mucho madrugar, amanece más temprano" solemos decir cuando alguien tiene excesiva preocupación por algo que no está en sus manos cambiar. Sin embargo, hay cosas, eventos o personas por las que sí vale la pena "madrugar", es decir, prepararnos: La llegada de un ser querido, un examen importante, una fiesta esperada, etc. Estamos en tiempo de preparación, Adviento, y el evangelio nos ayuda a entender el sentido y el modo en que podemos preparar nuestras vidas para la Navidad.
El evangelio de Marcos comienza ofreciéndonos un texto muy particular: una buena noticia. La palabra original del griego es euaggelion que significa, precisamente, buena noticia. Lo interesante es que el euaggelion era un tipo de discurso político que daba el emperador o un gobernador o uno de sus representantes al inaugurar una nueva edificación pública. En otras palabras, era un discurso que iba en beneficio de otros (normalmente, ciudadanos romanos). Aquí, Marcos toma prestada la palabra del ámbito político y nos dice que lo que nosotros vamos a leer es un mensaje para beneficio de todo el pueblo, porque es el mensaje de la verdadera autoridad de nuestras vidas: Jesús de Nazaret.
Esto fue, sin dudas, una afrenta al régimen político y económico de ese tiempo. ¿Y nosotros? Frente a una sociedad que, especialmente en diciembre, sólo nos presenta ofertas de casas comerciales y deudas a pagar durante el año, ¿qué otra "buena noticia" queremos ofrecer? Pareciera que, de entrada, Marcos nos está diciendo que quien quiera ser seguidor de Jesús debe caminar por otros rumbos: los de la igualdad, justicia y, sin dudarlo, por los de la fraternidad, porque la buena noticia es para todos y no solamente para algunos. Ese es el sentido de cualquier preparación que hagamos: una novedad buena para todos.
Lo que sigue a este sentido de la preparación es una cita del libro del profeta Isaías que hemos leído en la primera lectura, junto a la aparición de la figura del Bautista. La cita en Marcos es la segunda parte del cántico del deuteroisaías. Por medio de ese texto, Dios nos confía una misión "Consuelen a mi Pueblo" y "Preparen el camino del Señor". El Dios de Israel no se comprende a sí mismo como separado de su pueblo. Preparar el camino del Señor, su venida (en términos cristianos), no puede ir sino con la consolación del Pueblo de Dios. Resuena la frase de la carta de Juan, "quien dice amar a Dios y no ama a sus hermanos, es un mentiroso" (1 Jn 4,20). El euaggelion de Marcos, aquella buena noticia que se hace "alternativa", "no-oficial", "fuera del sistema político y económico" es una buena noticia que tiene primero en cuenta a la comunidad, porque en ella, entramos en relación con el Señor.
Entonces, Juan Bautista representando a quien prepara el camino para el Señor, no lo hace de manera individual ni aislada, sino profundamente conectado con las necesidades de la gente y ofreciéndoles una esperanza: el bautismo. No pensemos en el ritual del bautismo que conocemos los católicos hoy, sino en un acto simbólico del retorno comunitario del Exilio. Se dice que los israelitas, que habían sido exiliados entre el 597 y el 535 AEC, en tiempos de Jesús no veían que el retorno se hubiera completado o plenificado. Juan ofrece el bautismo al Pueblo, como un símbolo comunitario de plenitud, que se hace en un camino y no en un mero acto del momento o en un hecho individual. La vida de los seguidores de Jesús no se convierte de la noche a la mañana ni tampoco en solitario, sino que es un proceso que toma tiempo, preparación y, especialmente, compañía afectiva, es decir, que genuinamente nos preocupemos unos de otros.
Si bien, madrugar a algunos les puede costar más que a otros, lo cierto es que, cuando reconocemos el valor de esa buena noticia, nos cuesta menos, ya que, así, preparamos el corazón personal y comunitariamente. Que el Señor nos regale la gracia de vivir el Adviento como preparación honesta y compartida. Al final, aunque no amanezca más temprano, madrugar nos mantendrá atentos para reconocer esos rayos de sol que iluminan nuestras vidas y las de nuestras comunidades y familias. Preparar el corazón es estar dispuesto a vivir en fraternidad y justicia.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
PRIMERA LECTURA
Preparen el camino del Señor.
Lectura del libro de Isaías 40, 1-5. 9-11
¡Consuelen, consuelen a mi Pueblo, dice su Dios!
Hablen al corazón de Jerusalén y anúncienle que su tiempo de servicio se ha cumplido, que su culpa está pagada, que ha recibido de la mano del Señor doble castigo por todos sus pecados.
Una voz proclama:
¡Preparen en el desierto el camino del Señor, tracen en la estepa un sendero para nuestro Dios!
¡Que se rellenen todos los valles y se aplanen todas las montañas y colinas; que las quebradas se conviertan en llanuras y los terrenos escarpados, en planicies!
Entonces se revelará la gloria del Señor y todos los hombres la verán juntamente, porque ha hablado la boca del Señor.
Súbete a una montaña elevada, tú que llevas la buena noticia a Sión; levanta con fuerza tu voz, tú que llevas la buena noticia a Jerusalén. Levántala sin temor, di a las ciudades de Judá: “¡Aquí está tu Dios!” Ya llega el Señor con poder y su brazo le asegura el dominio: el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. Como un pastor, él apacienta su rebaño, lo reúne con su brazo; lleva sobre su pecho a los corderos y guía con cuidado a las que han dado a luz.
SALMO RESPONSORIAL 84, 9-14
R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia.
Voy a proclamar lo que dice el Señor, el Señor promete la paz, la paz para su pueblo y sus amigos. Su salvación está muy cerca de sus fieles, y la Gloria habitará en nuestra tierra.
El Amor y la Verdad se encontrarán, la Justicia y la Paz se abrazarán; la Verdad brotará de la tierra y la Justicia mirará desde el cielo.
El mismo Señor nos dará sus bienes y nuestra tierra producirá sus frutos. La Justicia irá delante de Él, y la Paz, sobre la huella de sus pasos.
SEGUNDA LECTURA
Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva.
Lectura de la segunda carta del Apóstol san Pedro 3, 8-14
Queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan. Sin embargo, el Día del Señor llegará como un ladrón, y ese día, los cielos desaparecerán estrepitosamente; los elementos serán desintegrados por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será consumida.
Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego. Pero nosotros, de acuerdo con la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia.
Por eso, queridos hermanos, mientras esperan esto, procuren vivir de tal manera que Él los encuentre en paz, sin mancha ni reproche.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Lc 3, 4. 6.
Aleluya.
Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Todos los hombres verán la Salvación de Dios. Aleluya.
EVANGELIO
Allanen los senderos del Señor.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 1-8
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. Como está escrito en el libro del profeta Isaías:
“Mira, Yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.
Una voz grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos,” así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: “Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero Él los bautizará con el Espíritu Santo”.
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