1° Domingo de Adviento. Año B. Invitados a cuidar lo cotidiano y a colaborar en construir sociedades cotidianas

 Primer Domingo de Adviento. Año B.

Homilía

Domingo 03 de diciembre de 2023.

Una de las cosas a las que uno debe acostumbrarse cuando vive en otro lugar es a los horarios. No me refiero a los cambios de hora, sino a las horas a las que suceden las cosas. La hora a la que comienza la vida social, el trabajo, las comidas, etc. son diferentes de una cultura a otra. Adaptarse a ese ritmo de vida es fundamental para poder llevar una buena calidad de vida. La temporalidad es fundamental en el evangelio de hoy y lo que parece un mero detalle, en verdad, transmite un mensaje de adviento clave para nuestra vida cristiana.

Hemos comenzado un nuevo año litúrgico con este primer domingo de Adviento. Nos preparamos litúrgica y espiritualmente para recordar la natividad de Jesús el próximo 25 de diciembre. Es un tiempo para estar atentos a nuestras vidas, para disponer nuestros corazones a acoger, una vez más, y de manera nueva, el mensaje del Reino que nos anuncia Jesús con su vida. No debemos olvidar que el niño del pesebre es el mismo que caminó por las calles de Galilea anunciando la justicia y la paz, y es el mismo que muere en la cruz por ser coherente con ese mensaje del Reino. Con ese Jesús que ya vino históricamente, queremos renovar nuestro compromiso. Para ello, debemos estar atentos.

Tres veces, el autor del texto repite el verbo griego grégoreó que significa "vigilar", "estar atentos" y también "ser responsables".  Ya esta última acepción del verbo (que normalmente no vemos en las traducciones) nos indica que el llamado que se nos hace como lectores del texto no es solamente a prevenir una visita inesperada, sino también a "cuidar" aquello que se nos ha regalado y, especialmente, aquello a lo que nos hemos comprometido. Vigilar el trabajo, el matrimonio, la familia, la vocación, no es estar atentos a una sorpresa, sino a cuidar aquello que es preciado para nosotros; ser responsables con aquello que le da sentido a nuestra vida. 

Si la mentalidad semita es circular, por un lado, un verbo repetido tres veces es importante, porque destaca un mensaje. Por otro lado, aquello que queda al medio en el círculo es lo central. En este caso, se nos dice: "Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana". Aparecen cuatro momentos de la noche, el atardecer, la medianoche, el canto del gallo y la mañana. Los judíos del tiempo de Jesús dividían la vigilancia nocturna en esos cuatro momentos. Se les consideraba como designaciones cotidianas para el cuidado nocturno de una casa o de una ciudad como Jerusalén. No se trata de horas oficiales, con un lenguaje propio, sino que eran parte de la vida cotidiana. 

En otras palabras, el texto no hace solamente una invitación a "cuidar", sino, y muy especialmente al nombrar esos cuatro momentos, a "cuidar" aquello que es "cotidiano". En nuestras vidas diarias, suelen pasar desapercibidos los gestos diarios de un "buen día" o de un "te quiero". A veces, tenemos una imagen de Jesús tan ajena, que creemos que el adviento se trata de una venida sobrenatural y esperamos, por tanto, un gesto extraordinario, que se abran los cielos o escuchemos una voz oculta. Sin embargo, el texto nos recuerda que Jesús nace, se hace presente y vendrá a nuestras vidas, cuando prestemos atención a su gracia que actúa en lo cotidiano, en un abrazo sincero, en una conversación honesta, y también cuando colaboremos para que la vida de todos y todas también sea cotidiana y no "ajena". Es decir, cuando trabajamos por la dignidad de aquellos que han sido marginalizados de las sociedades, estamos haciendo que sus vidas dejen de ser extrañas y se conviertan en tiempos, historias y experiencias cotidianas, con las que construimos el Reino de justicia y dignidad.

Pidámosle al Señor que, al iniciar este tiempo de adviento, nos regale la gracia de cuidar lo cotidiano y de colaborar en construir vidas cotidianas.

Cuando nos acostumbramos a los horarios de otras familias y lugares, vamos construyendo nuestra vida cotidiana en ese contexto. Sigamos los ritmos horarios de Jesús, construyamos nuestra cotidianidad de la mano de su proyecto y, así, tal vez, podamos repetir con San Pablo en la segunda lectura que "no nos falta ningún don de la gracia", ni a nosotros, ni a nadie en este mundo.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.

PRIMERA LECTURA

¡Si rasgaras el cielo y descendieras!

Lectura del libro de Isaías  63, 16b-17. 19b; 64, 2-7

¡Tú, Señor, eres nuestro padre, nuestro Redentor es tu Nombre desde siempre! ¿Por qué, Señor, nos desvías de tus caminos y endureces nuestros corazones para que dejen de temerte? ¡Vuelve, por amor a tus servidores y a las tribus de tu herencia!

¡Si rasgaras el cielo y descendieras, las montañas se disolverían delante de ti! Cuando hiciste portentos inesperados, que nadie había escuchado jamás, ningún oído oyó, ningún ojo vio a otro Dios, fuera de ti, que hiciera tales cosas por los que esperan en Él.

Tú vas al encuentro de los que practican la justicia y se acuerdan de tus caminos.

Tú estás irritado, y nosotros hemos pecado, desde siempre fuimos rebeldes contra ti. Nos hemos convertido en una cosa impura, toda nuestra justicia es como un trapo sucio. Nos hemos marchitado como el follaje y nuestras culpas nos arrastran como el viento. No hay nadie que invoque tu Nombre, nadie que despierte para aferrarse a ti, porque Tú nos ocultaste tu rostro y nos pusiste a merced de nuestras culpas.

Pero Tú, Señor, eres nuestro padre; nosotros somos la arcilla, y Tú, nuestro alfarero: ¡todos somos la obra de tus manos!

SALMO RESPONSORIAL 79, 2ac. 3b. 15-16. 18-19

R/Restáuranos, Señor del universo.

Escucha, Pastor de Israel, Tú que tienes el trono sobre los querubines, reafirma tu poder y ven a salvamos.

Vuélvete, Señor de los ejércitos, observa desde el cielo y mira: ven a visitar tu vid, la cepa que plantó tu mano, el retoño que Tú hiciste vigoroso.

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha, al hombre que Tú fortaleciste, y nunca nos apartaremos de ti: devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.

SEGUNDA LECTURA

Esperamos la revelación de nuestro Señor Jesucristo.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto   1, 3-9

Hermanos:

Llegue a ustedes la gracia y la paz que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

No dejo de dar gracias a Dios por ustedes, por la gracia que Él les ha concedido en Cristo Jesús. En efecto, ustedes han sido colmados en Él con toda clase de riquezas, las de la palabra y las del conocimiento, en la medida que el testimonio de Cristo se arraigó en ustedes. Por eso, mientras esperan la Revelación de nuestro Señor Jesucristo, no les falta ningún don de la gracia. Él los mantendrá firmes hasta el fin, para que sean irreprochables en el día de la Venida de nuestro Señor Jesucristo. Porque Dios es fiel, y Él los llamó a vivir en comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Sal 84, 8

Aleluya.

¡Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación! Aleluya.

EVANGELIO

Estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 13, 33-37

Jesús dijo a sus discípulos:

Tengan cuidado y estén prevenidos, porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.

Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa: si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.

Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Estén prevenidos!


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