Domingo 32° del Tiempo Ordinario. Año A. Estar atentos es tener el corazón en el mundo, para celebrar la justicia.
Homilía
32° Domingo del Tiempo Ordinario. Año A.
Domingo 12 de noviembre de 2023
No hay cosa que me disguste más que, cuando uno está conversando con alguien, empiece a ver su teléfono celular. Es muy grande la sensación de que lo que le estoy contando es irrelevante o que lo que sucede alrededor de esa persona no tiene importancia. Mostrar interés por el otro, su historia o sus proyectos, supone buscar estrategias para prestarle atención. No todos atendemos de la misma manera, pero ciertamente, ponemos de lo que somos para que nuestro interlocutor no se sienta desvalorado o despreciado. Sobre atención y valor nos hablan las lecturas, especialmente, el evangelio de este domingo.
El evangelio nos muestra un texto propio de Mateo y conocido como el relato de las jóvenes que están a la espera del esposo. La mitad es necia y la otra mitad es prudente. Hasta aquí, no difiere en lo que puede ser una historia común. Cuando se invita a una gran cantidad de gente a un matrimonio y se celebra misa, por ejemplo, es habitual que algunos estén muy pendientes de la ceremonia y de los novios, y otros están más preocupados de la fiesta que viene después. Ocupando el lenguaje del evangelio, hay algunos prudentes, que tienen buen juicio y actúan con moderación, y otros necios, tercos, que no hacen lo que deben hacer.
Sin embargo, de repente llega el esposo y, después de haberse dormido esperándolo, las necias reconocen que no les alcanzará el aceite para recibir al esposo. Entonces, salen a comprar, ya que las prudentes, como actúan con moderación, no lo han gastado todo antes y han guardado lo suficiente para ese momento. Al llegar el esposo, se cierra la puerta, y las necias quedan fuera.
Las parábolas están hechas para impactarnos. Hasta aquí todos podríamos decir que es obvio que las necias se queden fuera, porque no han guardado lo suficiente. Sin embargo, quiero poner atención en el esposo. Se ha tardado más de lo habitual y tiene el "descaro" de reclamarle a las necias porque no estaban tan bien preparadas. Eso me parece extraño, por no decir, injusto. ¿Qué es lo que les está pidiendo el esposo?
No les está pidiendo que estén despiertas, porque, por un lado, él no sabe que dormían y, por otro, todas estaban durmiendo. Si fuera por estar despiertas, las diez debieran quedarse fuera de la fiesta. Tampoco les pide que sean puntuales, porque él tampoco lo es. La cuestión, entonces, no puede ser el haber ido a buscar el aceite y llegar tarde. El problema es la actitud de las jóvenes. El esposo les pide que estén preparadas para celebrar, no para un juicio de tribunales ni para un funeral. Lo que llega con el esposo es la fiesta, la alegría, la celebración. Y un grupo de esas jóvenes tiene el corazón en otro lado.
Nadie nos dice qué hubiera pasado si las mujeres se hubieran presentado sin aceite, pero con ganas de participar en la fiesta. Lo único que sabemos es que, por tener miedo (que es lo que uno no tiene en una celebración), han salido y han vuelto preocupadas. El esposo no las conoce. Recordemos que el conocimiento, en el mundo hebreo, se da en el corazón. El esposo les está diciendo que esas mujeres no están con el corazón puesto en la situación. Están más preocupadas de parecerse a las otras, de aparentar, de ser bien evaluadas, y no de su honestidad ni, en este caso, de su propia miseria. Reconocer la propia debilidad, la propia fragilidad, lo que no tenemos, no debe quitarnos la esperanza, sino que, al reconocer nuestra humanidad, podemos poner nuestras vidas en las manos del Señor, y celebrar con él, la vida y la dignidad.
El mensaje final es clave, "estén atentos", no porque tengamos que tener todo previsto. Ninguno de nosotros sabe el día ni la hora. Lo que sí sabemos es la actitud con la que el Señor nos espera en el Reino: ¡alegría! Estar alegres y hacer de nuestros mundos, familias, lugares de trabajo, espacios de alegría, es la tarea del cristiano. La alegría no es sinónimo de broma, sino de un espíritu que se compromete con la historia y que camina con las hermanas y hermanos, porque sabe que allí se encuentra el esposo, allí está la fiesta, en medio del mundo y no alejado de él.
Pidamos al Señor que busquemos modos de estar atentos, es decir, de estar comprometidos con la historia, para hacer de nuestro país, de nuestras familias y de nuestras vidas, espacios de alegría y plenitud, donde todos sean bienvenidos y todos se sientan cómodos, porque los recibimos para celebrar juntos. A fin de cuentas, el Señor nos invita a una fiesta. El que no quiera celebrar y crea que Dios es guerra, desconfiaza y oscuridad, está lejos de la imagen del Reino que nos transmiten los textos de hoy.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 24, 42a. 44
Aleluya.
Estén prevenidos y preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. Aleluya.
EVANGELIO
Ya viene el esposo, salgan a su encuentro.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 25, 1-13
Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: “Ya viene el esposo, salgan a su encuentro”.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: “¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?” Pero éstas les respondieron: “No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado”.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: “Señor, señor, ábrenos”.
Pero él respondió: “Les aseguro que no las conozco”.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.
? The parable is about the joyful coming to God conveyed by the image of a wedding, with the stern reminder that it is possible to miss the event and knock at a door that will not open
251Entonces se parecerá el reino de los cielos a diez vírgenes que tomaron sus lámparas y salieron al encuentro del esposo. 2Cinco de ellas eran necias y cinco eran prudentes. 3Las necias, al tomar las lámparas, no se proveyeron de aceite; 4en cambio, las prudentes se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. 5El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. 6A medianoche se oyó una voz: “¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!”. 7Entonces se despertaron todas aquellas vírgenes y se pusieron a preparar sus lámparas. 8Y las necias dijeron a las prudentes: “Dadnos de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas”. 9Pero las prudentes contestaron: “Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis”. 10Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. 11Más tarde llegaron también las otras vírgenes, diciendo: “Señor, señor, ábrenos”. 12Pero él respondió: “En verdad os digo que no os conozco”. 13Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».
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