Domingo 31° del Tiempo Ordinario. Año A. Acompañar a otros es la manera de vivir sana y coherentemente.
Homilía
Domingo 31° del Tiempo Ordinario. Año A
Domingo 05 de noviembre de 2023
Hay buenos y malos actores. Los que sobreactúan, los que no encarnan sus personajes, los que no son capaces de transmitir un sentimiento, los que no conectan con el público, a esos los llamaríamos malos actores. Un buen actor, en cambio, es aquel que sigue el papel con creatividad y que, independiente, de que algunas cosas no le pasen personalmente, es capaz de conectar con las emociones y las vidas de la audiencia. Las lecturas de hoy nos hablan de malos y buenos actores.
La primera lectura del profeta mensajero de Dios (recordemos que Malaquías no es un nombre propio sino una función: "mi mensajero") nos sitúa en la Judá del siglo IV AEC. Sin reyes, los gobernadores y los sacerdotes han tomado un rol preponderante en la sociedad de la época. El problema se daba en el modo del ejercicio de su sacerdocio. El profeta anónimo les recuerda la alianza levítica, según la cual los sacerdotes están al servicio dedicado y fiel al pueblo. En otras palabras, los sacerdotes están "actuando" de otra manera, no según los roles que el Señor les ha confiado, sino a su propio antojo e injusticia.
El evangelio retoma la crítica, ahora no a los sacerdotes (porque ya no hay templo en el tiempo en que se formó la asamblea de Mateo), sino a los que tomaron ese poder antojadizo e injusto: los escribas y fariseos, es decir, los religiosos "leguleyos" y los laicos "piadosos", es decir, a quienes todo lo fundamentan en la norma y a quienes se enajenan de la realidad por cumplir preceptos devocionales. A todos esos, los describe como personajes que no son imitables, porque, nuevamente, su "actuación" es una falsedad. Lo que predican dista mucho de lo que practican.
Para enrostrarle la actuación falsa, Jesús les propone tres modelos: el maestro, el doctor y el padre. A estas autoridades morales, les encanta que les llamen de esas maneras, ser reconocidos como algo que no son. El maestro está para acompañar los aprendizajes de los discípulos, el doctor se encarga de devolver salud a los enfermos y el padre es el que cuida la vida de los hijos. De ahí que el único maestro, doctor y padre sea Jesús. No se trata de que no haya verdaderos maestros, doctores o padres en lo cotidiano, sino que ellos lo serán solamente cuando sigan el ejemplo de Jesús, es decir, cuando entreguen generosamente sus vidas por las personas. Todo lo demás es una mala actuación.
Todos hemos conocido profesores que han causado daño, médicos que tratan miserablemente a sus pacientes, padres de familia que abandonan a sus hijos y padres/sacerdotes que han abusado del poder y de la gente que se les ha confiado. Pero también tenemos en nuestras vidas, ejemplos magníficos de mujeres y hombres que han caminado con nosotros con paciencia, como un buen maestro; que han ayudado a que sanemos heridas de nuestra historia, como el mejor médico; y que, cuando sentimos que nuestras vidas tambalean, nos han cuidado y regalado fuerza interior, como un padre/madre de verdad.
Hoy vale la pena recordar con gratitud a esas personas y pedir para que podamos ser para otros paciencia, cuidado y esperanza, como Jesús. En un mundo que se pelea a muerte, literalmente, y en el cual la competencia pareciera ser el único modo de sobrevivir, Jesús nos presenta otro modo de actuar, de actuar de verdad, de ponernos en los zapatos de otros, en sentir con ellos y vivir coherentemente nuestros roles, sean cuales sean. Ser padres/madres decentes, profesionales entregados, ciudadanos comprometidos, vecinos preocupados, amigos honestos, pareciera ser el mejor modo de actuar en el mundo de hoy.
Acompañar a otros es la manera de vivir sana y coherentemente. Eso nos recuerda Pablo en la segunda lectura, que el trabajo honesto y la preocupación sincera son signos de la presencia de Dios, de su justicia y su gracia que actúan en la historia. Seamos actores de la historia, es decir, mujeres y hombres que se preocupan de otros, que se comprometen con la vida de la humanidad.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
PRIMERA LECTURA
Ustedes se han desviado del camino y han hecho tropezar a muchos con su doctrina.
Lectura de la profecía de Malaquías 1, 14b—--2, 2b. 8-10
Yo soy un gran Rey, dice el Señor de los ejércitos, y mi Nombre es temible entre las naciones. ¡Y ahora, para ustedes es esta advertencia, sacerdotes!
Si no escuchan y no se deciden a dar gloria a mi Nombre, dice el Señor de los ejércitos, Yo enviaré sobre ustedes la maldición. Ustedes se han desviado del camino, han hecho tropezar a muchos con su doctrina, han pervertido la alianza con Leví, dice el Señor de los ejércitos. Por eso Yo los he hecho despreciables y viles para todo el pueblo, porque ustedes no siguen mis caminos y hacen acepción de personas al aplicar la Ley.
¿No tenemos todos un solo Padre? ¿No nos ha creado un solo Dios? ¿Por qué nos traicionamos unos a otros, profanando así la alianza de nuestros padres?
SALMO RESPONSORIAL 130, 1-3
R/. Señor, guarda mi alma en la paz junto a ti.
Mi corazón no se ha enorgullecido, Señor, ni mis ojos se han vuelto altaneros. No he pretendido grandes cosas ni he tenido aspiraciones desmedidas.
Yo aplaco y modero mis deseos: como un niño tranquilo en brazos de su madre, así está mi alma dentro de mí.
Espere Israel en el Señor, desde ahora y para siempre.
SEGUNDA LECTURA
Deseábamos entregarles, no solamente el Evangelio de Dios, sino también nuestra propia vida.
Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Tesalónica 1, 5b; 2, 7b-9. 13
Hermanos:
Ya saben cómo procedimos cuando estuvimos allí al servicio de ustedes. Fuimos tan condescendientes, como una madre que alimenta y cuida a sus hijos. Sentíamos por ustedes tanto afecto, que deseábamos entregarles, no solamente la Buena Noticia de Dios, sino también nuestra propia vida: tan queridos llegaron a sernos.
Recuerden, hermanos, nuestro trabajo y nuestra fatiga cuando les predicamos la Buena Noticia de Dios, trabajábamos día y noche para no serles una carga.
Nosotros, por nuestra parte, no cesamos de dar gracias a Dios, porque cuando recibieron la Palabra que les predicamos, ustedes la aceptaron no como palabra humana, sino como lo que es realmente, como Palabra de Dios, que actúa en ustedes, los que creen.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Mt 23, 9b. 10b
Aleluya.
Ustedes no tienen sino un padre: el Padre celestial; sólo tienen un doctor, que es el Mesías. Aleluya.
EVANGELIO
No hacen lo que dicen.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 23, 1-12
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:
Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo.
Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar “mi maestro”por la gente.
En cuanto a ustedes, no se hagan llamar “maestro”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen “padre”, porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco “doctores”, porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías.
El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado.
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