Domingo 30° del Tiempo Ordinario. Año A. En vez de clasificar, Jesús nos invita a mirar el mundo con los ojos del amor.
Homilía
Domingo 30° del Tiempo Ordinario. Año A.
Domingo 29 de octubre de 2023.
Hace varios años atrás, el cantante trasandino Fito Páez cantaba "El amor después del amor". A estas alturas, se trata de un sencillo que forma parte de la cultura popular latinoamericana. Las primeras líneas dicen que el amor se parece a un rayo de sol. Fuera de los versos románticos y, las más de las veces, melosos, el sol es, sin lugar a dudas, primordial para la vida en la tierra. De la misma manera, lo es el amor, no solamente de acuerdo a la poesía de Fito, sino también a la lectura que hace Mateo de la enseñanza de Jesús.
El evangelio de Mateo fue escrito en medio de las disputas entre la comunidad cristiana y sus hermanos judíos. La comunidad cristiana, heredera de las mismas escrituras que los judíos, estaba absolutamente comprometida con el cumplimiento de la Torá, es decir, de la formación religiosa judía y, por lo mismo, con observancia de los mandamientos. Sin embargo, los cristianos llegaron a entender dicho cumplimiento de una manera particular, basada en las enseñanzas de Jesús.
En el texto que hemos leído este domingo, un doctor de la Torá, es decir, un hombre versado en las escrituras, le pregunta a Jesús sobre el mandamiento más importante. La tradición rabínica de la época sostenía que había grados entre los mandamientos, es decir, que unos podían ser interpretados como más importantes que otros. Tal como la semana pasada, nuevamente se nos presenta la imagen de un Jesús maestro (rabino). Y Jesús responde citando dos fuentes diferentes del Antiguo Testamento. La primera cita corresponde al famoso Shemâ Israel (del Deuteronomio 6,5): "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu ser" y la segunda cita se ha extraído del libro del Levítico 19:18: "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Hasta aquí, el relato también existe en Marcos 12, 28-34, por lo que las variaciones son pocas y no es de extrañar ni la pregunta incidiosa del doctor de la Ley, ni la respuesta de Jesús.
Sin embargo, Mateo ofrece una conclusión particular. De esos dos mandamientos dependen toda la Ley y los profetas. En primer lugar ninguno de los dos mandamientos son tan populares en la Biblia Hebrea. Como mandamientos, el amor a Dios prácticamente no aparece en lugares fuera del Deuteronomio y el amor a los humanos figura casi exclusivamente en los Salmos. Por lo tanto, Jesús está poniendo en lo más alto de la pirámide de valores judía, el amor a Dios y al prójimo, dejando de lado, los sacrificios a Dios y la paga de tributos a otros humanos que son otros modos, tal vez más populares en la época (y también hoy) de vincularnos.
En segundo lugar, el escritor de este fragmento del evangelio usa dos expresiones muy radicales: Del amor 'dependen' 'toda' la Ley y los profetas. Por un lado, nuestra vida está llamada a ser una consecuencia del amor y a vivirlo consecuentemente (eso es 'depender'). Por otro, el amor a Dios y a los hermanos son una forma de mirar el mundo, de vincular nuestra vida entera con la realidad (por eso el 'toda'). En el fondo, Jesús no solamente está ofreciendo a su interlocutor una jerarquía de mandamientos, sino que, principalmente, está diciéndole que esos mandamientos tienen una función estructural en la vida del ser humano. En otras palabras, en vez de jerarquizar la vida (y declarar vidas más importantes o valiosas que otras), Jesús nos invita a adoptar una mirada particular para vivir en el mundo.
Nuestras vidas, muchas veces, están sostenidas por el "deber ser", por el "qué dirán" o por la proyección de sueños personales en hijos, estudiantes, familiares, etc. Ninguna de esas actitudes corresponde al amor, porque, aunque debemos tener amor propio, Jesús nos invita a ponernos en relación con otro y a actuar coherentemente en esa relación. Amar es relacionarnos de modo gratuito y honesto con otra persona, preocuparnos de sus intereses, de sus inquietudes, alegrarnos con sus triunfos y acompañar los momentos de dolor. Cuando actuamos desinteresadamente, entonces estamos amando al estilo del evangelio. Y cuando lo hacemos con nuestros hermanos, lo hacemos con Dios también, porque toda nuestra vida depende de ello.
Pidamos al Señor que nos regale la gracia de jerarquizar nuestras actividades y preocupaciones cotidianas, de poder iluminar nuestras vidas con el amor al prójimo y el amor a Dios, que no es otra cosa que una invitación a relacionarnos honesta, desinteresada y coherentemente con el mundo. Tal vez, Fito Páez tiene razón, al final, el amor está "en la esencia de las almas", porque de él depende toda nuestra vida.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 14, 23
Aleluya.
“El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará e iremos a él”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Amarás al Señor, tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 34-40
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley”.
Jesús le respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento, El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas”.
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