Domingo 29° del Tiempo Ordinario. Lo de Dios es lo que fortalece la vida humana digna
Homilía
Domingo 29° del Tiempo Ordinario. Año A.
Domingo 22 de octubre de 2023
Hace pocos días, en Chile se celebró el "día del profesor". Vaya, desde ya, un saludo a todos los que ejercen el rol de educar en distintos lugares del mundo. A veces, se cree que los profesores deben tener respuesta para todo. Eso genera expectativas inauditas de los estudiantes y una suerte de estrés adicional a los docentes. El engranaje se estanca cuando creemos que debemos saberlo todo siempre. El engranaje se mueve, en cambio, cuando juntos nos hacemos preguntas e intentamos resolverlas. Pero aunque no sepamos todas las respuestas a todas las preguntas, nuestra fuerza debe radicar en el criterio. Tener un criterio claro para poder discernir las posibles respuestas a las inquietudes vitales es fundamental. De eso nos habla el evangelio de este domingo.
El evangelio de este domingo nos enfrenta nuevamente a una forma de mirar a Jesús. Además de imágenes como salvador, mesías, sanador o profeta, los cristianos del siglo I EC, también lo veían como un rabino, es decir, como un maestro. Pero este rabí tenía características particulares, porque no da respuestas prefabricadas ni les impone cargas morales pesadas a sus auditores. Al contrario, es un rabí que sabe usar la pedagogía de la pregunta para enseñar lo que es verdaderamente importante para el pueblo de Dios.
En el diálogo entre Jesús y sus adversarios que querían "pillarlo" o ponerlo a prueba, aparece una pregunta de suma relevancia, porque afectará no solamente la economía doméstica, sino que la experiencia religiosa de los judíos del tiempo y sus vínculos con la política ciudadana: "¿hay o no hay que pagar impuesto al César?". El emperador Tiberio César (que gobernó hasta el año 27 EC) era conocido porque no admitía que se le atribuyeran dotes de divinidad en Roma y en las más importantes ciudades del imperio. Sin embargo, en algunos lugares de Oriente, sí admitía que se le idolatrase. Eso llevó a personajes como Judas el Galileo a ofrecer resistencia armada en contra del emperador, porque, evidentemente, en la región, el César se convertía en una suerte de opositor al Dios de Israel.
La pregunta que hacen los fariseos no es inocente. Saben que la respuesta de Jesús traerá consecuencias serias, porque se posicionará contra el emperador o contra Dios. Sin embargo, Jesús el rabino responde con otra pregunta y, finalmente, les ofrece un lema que los deja atónitos: "den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Es una frase que los dejó sin respuesta y que ha inquietado a muchas personas a lo largo de los siglos. No hay una respuesta única para interpretar ese mensaje, pero sí nos presenta un criterio, un faro al cual seguir, para intentar encontrarle sentido para nuestras vidas.
Algunos han creído que es una frase para que ni la iglesia ni sus ministros se involucren en situaciones o temas políticos, otros han dicho que quiere decir que lo que es bueno para Dios es bueno para el César también. La primera indica que "las cosas de Dios" no tienen nada que ver con este mundo. La segunda lógica nos dice que Dios y el César son idénticos. Ni una ni otra podría ser verdadera para una comunidad cristiana. Como nos ha recordado tan elocuentemente san Irineo "La gloria de Dios es la vida del hombre", es decir, las "cosas de Dios" son las cosas que se vinculan con la vida del ser humano, pero no con cualquier tipo de vida, sino con una vida justa y digna (como nos recuerda siempre el evangelio de Mateo).
A veces creemos que nuestra experiencia cristiana está llamada a ser "sagrada". Y debemos prestar atención a una formulación de ese tipo, porque lo sagrado, en lo más estricto de su significado, es lo "separado", por ser de naturaleza divina. Dios es sagrado, el culto a Dios es del ámbito de lo sagrado. Sin embargo, la invitación del cristiano no es a llevar una vida sagrada, sino una vida "santa", porque lo santo no está separado, sino que está inmerso en el mundo. Como dice el teólogo jesuita brasileño Geraldo de Mori, lo santo corresponde a la libertad, a la vida diaria.
La respuesta de Jesús a la pregunta de los fariseos no representa la separación de lo humano y lo divino, sino entender que para vivir nuestra fe, debemos vivir plenamente nuestra humanidad. La cercanía con los más pobres, la vida compartida en familia, nuestro trabajo diario y bien ejecutado, la participación en las organizaciones sociales y eclesiales, la lucha por un salario digno y por una sociedad más inclusiva, todo eso es parte de nuestra humanidad y, por lo tanto, es de Dios o, en otras palabras, le importa a Dios, que quiere que seamos santos, libres, viviendo lo cotidiano.
Jesús el maestro no puede decidir cuánto impuesto pagar, ni qué leyes deben aprobarse en el parlamento. Jesús el maestro, en cambio, nos recuerda que, como cristianos, debemos apoyar todo aquello que vaya en dirección a fortalecer la justicia y la vida digna, inclusiva y plena que todo hombre y mujer merece, porque eso es de Dios.
Que el Señor nos regale sabiduría para ser buenos maestros, para poder responder a las inquietudes del mundo con criterios claros, con los criterios del evangelio.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Flp 2, 15-16
Aleluya.
Ustedes brillan como rayos de luz en el mundo, mostrando la Palabra de Vida. Aleluya.
EVANGELIO
Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 15-21
Los fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque Tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”
Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”.
Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”
Le respondieron: “Del César”.
Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.
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