Domingo 25° del Tiempo Ordinario. Año A. Llamadas y llamados a ser personas justas que construyen un mundo de dignidad

 Homilía

Domingo 25° del Tiempo Ordinario. Año A.

Domingo 24 de septiembre de 2023


Hacer justicia con las propias manos suele ser una práctica asociada a la barbarie y que, sin dudas, aumenta las fracturas sociales y construye mundos basados en la ira y la venganza. Sin embargo, hay que reconocer que la justicia no puede estar destinada solamente a las instituciones o especialistas en ella, es decir, a los tribunales y abogados. Hay un tipo de justicia en la que todos participamos y que todos debemos construir. De eso nos habla el evangelio de este domingo.

El relato de Mateo nos presenta una parábola muy conocida por un título que, como todo título en los textos bíblicos, a veces ayuda y a veces no ayuda a entender la diversidad de contenidos que puede ofrecer. "La parábola de los trabajadores de la viña" pone el foco en los trabajadores y en la viña. La viña es una imagen muy conocida para el judaísmo del siglo I EC, porque -desde los profetas Isaías y Jeremías- está asociada a Israel. El pueblo de Dios es la viña y Dios es el dueño de la viña. De ser así, los trabajadores serían aquellas personas que trabajan por el pueblo de Dios. Unos trabajan desde siempre, los judíos de nacimiento, y otros llegan al final, los gentiles. Y, dado que los textos de las primeras comunidades cristianas están destinados a la conversión y a ofrecer salvación a judíos y gentiles, no extraña que los primeros trabajadores y los últimos hayan recibido el mismo pago, es decir, la salvación.  Hasta ahí, todo bien. 

Sin embargo, una parábola tiene como elemento central, la sorpresa. Como la biblista Amy-Jill Levine claramente afirma, Jesús estaba más interesado en cómo amamos a nuestro prójimo que en hacer una teoría de cómo nos salvamos (Short Stories by Jesus, p. 215) o, en otras palabras, la salvación se da, para Jesús, sobre la base de la relación con el prójimo. Dicho esto, la parábola de este domingo nos puede ofrecer, al menos, dos elementos sorpresivos: el propietario de la viña y los últimos trabajadores.

En primer lugar, la traducción más común del texto afirma que hay un "propietario" en la viña. Sin embargo, la palabra del texto original, en griego, es oikodespotes, literalmente el "señor/dueño de la casa". Es cierto que la palabra tiene relación con ser propietario, pero también es cierto que traducción olvida una parte importante: "la casa". El dueño de casa, en el mundo antiguo, no era solamente el dueño de los bienes que estaban en la casa, sino que, además, era quien debía cuidar que todos los integrantes del clan familiar tuvieran lo necesario para vivir de acuerdo a sus necesidades. En ese sentido, el propietario de la viña se portó como un verdadero dueño de casa con los trabajadores. Proveyó de sustento para todos los que se acercaron a él. Esta es una invitación, por un lado, para todos aquellos que tienen responsabilidad sobre otros, los jefes, los dueños de empresas, los padres/madres de familia, profesores, párrocos, etc. Todos debemos cuidar que las personas que están bajo nuestro cuidado tengan lo necesario para vivir dignamente, en lo material, en lo espiritual, en lo sicológico, afectivo, etc. Pero también, por otro lado, es una invitación para todos los cristianos a trabajar para convertirnos en el propietario. En otras palabras, a cuidar de nuestra vida comunitaria, apostólica y espiritual, de modo que cada día más nos parezcamos al propietario, que nuestros hermanos y hermanas que pasan necesidades se vean protegidos por nuestra presencia. Esa es una forma de hacer justicia: ofrecer dignidad. Y, en lo que está a nuestro alcance, debemos trabajar para que así sea.

En segundo lugar, quiero referirme brevemente a los últimos trabajadores contratados. A la mentalidad contemporánea le choca profundamente que alguien que haya trabajado una hora reciba el mismo salario que alguien que ha trabajado ocho. Pero el evangelista pone en boca de esos trabajadores una pista muy importante: "Nadie nos ha contratado". Ellos han estado todo el día a la intemperie buscando trabajo, esperando que se les dé una oportunidad. No están sentados en sus casas esperando que el trabajo les toque la puerta. En ese sentido, no son flojos. Al contrario, son hombres de esfuerzo que, como miles de chilenos y chilenas, salen todos los días a buscar cómo llevar alimento a sus hogares. Que nadie los haya contratado hasta tan tarde hace pensar en que no cumplían con los requisitos para el trabajo obrero. Tal vez, eran débiles o poco hábiles y, por eso, nadie los contrató. Esto hace pensar rápidamente en la formación de nuestras comunidades de fe. A veces, se ponen una serie de requisitos para participar de la comunidad cristiana, para comulgar, o para enseñar religión. Requisitos que dejan fuera a una porción importante de hombres y mujeres que "quieren trabajar", es decir, que quieren formar parte de la comunidad. La situación de estos trabajadores, nos debiera plantear la pregunta por "¿A quién y por qué acogemos en nuestra comunidad?" Tal vez, estamos dejando de lado a algunos (o a muchos) que quieren sentirse parte de la comunidad y no pueden por situación de matrimonio, por identidad sexual, por ser mujeres, etc. Esa es la sorpresa de los trabajadores, que, queriendo trabajar, el dueño de la viña los recibe para colaborar con la viña (con el pueblo de Dios). El dueño les da dignidad, aquella que otros les han hecho creer que han perdido. Dios se las ha restaurado, porque les dice "ustedes también son dignos, vengan y participen de esta viña".

Pidamos al Señor que nos regale claridad para reconocer un corazón honesto que quiere formar parte de nuestras comunidades y que nos dé fuerza interior para poder acoger y ser cada día más como el propietario: personas justas que construyen un mundo de dignidad.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.



ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   Cf. Hech 16, 14b

Aleluya. 

Señor, toca nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo. Aleluya.

EVANGELIO

¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo  19, 30----20, 16

Jesús dijo a sus discípulos: Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros, porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envió a su viña.

Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: “Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo”. Y ellos fueron.

Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: “¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?” Ellos les respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Entonces les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: “Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros”.

Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: “Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada”.

El propietario respondió a uno de ellos: “Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿O no tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?”

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

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