Domingo 23° del Tiempo Ordinario. Año A. Seamos profetas/profetizas, es decir, anunciadores de la justicia y portadores de esperanza y reconciliación

Homilía

Domingo 23° del Tiempo Ordinario. Año A.

Domingo 10 de septiembre de 2023


Estas últimas semanas, hemos estado rodeados de declaraciones de un sector político que quiere "dejar atrás" lo que pasó el 11 de septiembre de 1973 o que quiere "sanear" la imagen de ese día, con tal de "avanzar" hacia el desarrollo y la prosperidad. Otros sectores políticos utilizan estas fechas para sacar rédito de declaraciones incendiarias y no dialogantes. Lo que ambos polos del espectro político omiten es que, sin la preocupación genuina por la historia de nuestros hermanos y hermanas, no caminaremos hacia una verdadera y honda reconciliación, y no habrá verdadero desarrollo humano en el país. De esto nos hablan las lecturas de este domingo que coinciden con las vísperas del inicio de la dictadura cívico-militar de Chile, a una semana de las celebraciones patrias. ¿Contradicción? No lo creo. Sin embargo, sí se presenta como una oportunidad para darle sentido a lo que queremos conmemorar como país y celebrar en nuestros hogares.

El texto del profeta Ezequiel nos habla directamente a los que nos enfrentamos a la lectura: "Hijo de hombre" somos todos y todas. Evidentemente, les habló a los israelitas desde el exilio y, por tanto, no sería de extrañar que sea una "llamada de atención" a aquellos que, por estar bien cómodos exiliados en Babilonia o seguros en Israel, se desentienden de la vida de los hermanos. Mirar la historia desde la comodidad de algunos es muy fácil: ser revolucionario desde el sillón o frente al televisor es sencillo, ser demócrata desde el escritorio es sencillo, apoyar ciertos regímenes desde una confortable cama con toda la familia en casa también es fácil. Ezequiel le habla a todos estos personajes que, porque se sienten cómodos, creen que pueden enarbolar discursos ideológicos y desentenderse de la vida concreta de aquellos que deben salir a luchar por un trabajo en medio de la cesantía o que aún lloran la pérdida de sus familiares. Pero nosotros no debemos olvidarnos que el profeta habla por Dios cuando dice "a ti te pediré cuentas de su sangre". Somos responsables de nuestra patria, todos, incluso aquellos han guardado un silencio cómplice o viven desde la comodidad de sus beneficios políticos, económicos o ideológicos. 

En esta misma sintonía se nos presenta el evangelio. El llamado discurso eclesial de Mateo nos presenta una vocación muy particular. Todos fuimos bautizados para desarrollar nuestra vocación de profetas (al menos, así se declara al ungir al bautizado en nombre de Cristo sacerdote, profeta y rey). Ser profeta no es solamente denunciar las calamidades apocalípticas de las que estamos acostumbrados a escuchar en la televisión o la radio. Ser profeta es preocuparse por la vida concreta de nuestros hermanos y hermanas, de todos los habitantes de nuestra tierra. Como el profeta le advierte a los israelitas, el evangelio nos invita a advertir a nuestros hermanos de la comunidad cuando estén caminando lejos del proyecto del Reino de Dios o actuando de manera diferente a como Jesús actuaría. Por eso, para un cristiano el silencio no es solución frente al conflicto. La voz se debe levantar cuando se está atropellando la dignidad de los hijos e hijas de Dios, la dignidad de todos los que hemos sido creados a su imagen y semejanza, y son tratados de manera injusta o insultados sin respeto.

Si el hermano o hermana no escucha el consejo personal ni el de la comunidad, el evangelio dice "que sea tratado como pagano o publicano". Esta frase puede usarse para dividir aguas y dejar de preocuparse de los hermanos: aquí estamos los cristianos y los israelitas, allá están los paganos; aquí estamos los religiosos, allá los laicos; aquí los heterosexuales, allá los homosexuales; aquí los ricos, allá los pobres; aquí los de derecha, allá los de izquierda; aquí los hombres, allá las mujeres; aquí los católicos, allá los evangélicos, etc. (usemos la división que se nos venga a la cabeza). Sin embargo, no debemos olvidar que en el siglo I EC, las comunidades cristianas estaban formadas también por paganos, por aquellos a los que no se les había anunciado la salvación de Abraham. A los paganos se les anuncia la salvación por medio de Jesús. Entonces, más que una división, esa frase debe ser leída como una invitación a la unidad. En vez de alejar al hermano, hay que acercarse. En vez de despreocuparnos de los que piensan o viven distinto, debemos entender sus perspectivas, acoger, ofrecer esperanza. Si ofrecemos condena no estaremos actuando de acuerdo al evangelio. 

La invitación en tiempos tan álgidos como los que estamos viviendo políticamente en Chile, las lecturas nos invitan a salir de nuestras comodidades, de nuestros juicios preestablecidos, y a no olvidar que los cristianos debemos levantar la voz frente a la injusticia y que no debemos ser agentes de división, sino agentes de esperanza. La esperanza del evangelio se fundamenta en la justicia, en la preocupación honesta (no calculadora) por la vida de todos y todas.  

Pidamos para que podamos ser profetas/profetizas, es decir, anunciadores de la justicia y portadores de esperanza y reconciliación, en medio de un mundo que invita a la división.

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.


PRIMERA LECTURA

Si tú hablas para advertir al malvado, te pediré cuentas de su sangre.

Lectura de la profecía de Ezequiel   33, 7-9

Así habla el Señor:

Hijo de hombre, Yo te he puesto como centinela de la casa de Israel: cuando oigas una palabra de mi boca, tú les advertirás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: Vas a morir, si tú no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Si tú, en cambio, adviertes al malvado para que se convierta de su mala conducta, y él no se convierte, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado tu vida.

SALMO RESPONSORIAL   94, 1-2. 6-9

R/. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor.

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva! ¡Lleguemos hasta Él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!

¡Entren, inclinémonos parar adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó! Porque Él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que Él apacienta, las ovejas conducidas por su mano.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor: No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto, cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.

SEGUNDA LECTURA

El amor es la plenitud de la Ley.

Lectura de la carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Roma   13, 8-10

Hermanos:

Que la única deuda con los demás sea la del amor mutuo: el que ama al prójimo ya cumplió toda la ley. Porque los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no codiciarás, y cualquier otro, se resumen en éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

El amor no hace mal al prójimo. Por lo tanto, el amor es la plenitud de la Ley.

ACLAMACIÓN AL EVANGELIO   2 Cor 5, 19

Aleluya.

Dios estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, confiándonos la palabra de la reconciliación. Aleluya.

EVANGELIO

Si te escucha, habrás ganado a tu hermano.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo   18, 15-20

Jesús dijo a sus discípulos:

Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.




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