5° Domingo de Pascua. Año A. Jesús es el criterio para ser más lúcidos y reconocer a Dios en la vida cotidiana
Homilía 5° Domingo de Pascua
Domingo 7 de mayo, 2023
Cuando uno mira el sol con detención, lo más probable es que por unos segundos, solo reconozcamos sombras. Esas sombras no son las personas, ni se parecen a ellas, no tienen los mismos colores ni se mueven de la misma manera. Reconocer a otro es lo más importante en la vida y es lo más difícil. Reconocer la dignidad de los niños y ancianos, de los ultrajados por el sistema, de las mujeres, etc. no es tarea fácil. Reconocer a Jesús tampoco fue fácil para sus discípulos, como no lo es para nosotros.
El evangelio de hoy nos sitúa en el discurso de la despedida de Jesús. Según el padre Konings, el evangelio de Juan está dividido en dos grandes partes. La primera es el libro de los signos (hasta el capítulo 12) y la segunda es el libro de la gloria (desde el capítulo 13 hasta el final). En el libro de los signos, Jesús se nos presentó haciendo milagros (como el de Caná y el del ciego de nacimiento) y en varios discursos dijo que era el Pan, el Agua, la Luz del mundo, la Puerta (como la semana pasada), el Pastor, la Resurrección y la Vida. El libro de la gloria nos muestra el sentido más profundo de la vida de Jesús: la cruz. La cruz es el signo más fuerte de entrega generosa, de esperanza y de liberación. Es la manifestación de Dios que se entiende solamente por la vida que vivió Jesús, por su coherencia, por su deseo de ser plenitud para otros.
En el fragmento de hoy, Jesús nos dice dos cosas. La primera es que la esperanza pasa por el servicio, y la segunda es que, para encontrarnos con el Padre, debemos mirarlo a él. En primer lugar, en medio de la cena de despedida, Jesús les dice que donde él va, sus seguidores también van a poder ir. Que en la casa del Padre hay habitaciones y que él nos prepara un lugar en esa casa es un anuncio de mucho consuelo y esperanza. Frente a la despedida, al sentimiento de separación y soledad, Jesús anuncia la esperanza. Frente a las etapas de la vida, a las despedidas, a los cambios, Jesús nos anuncia que hay vida y que no estamos solos.
En segundo lugar, Jesús les dice que él es el camino, la verdad y la vida, y que al Padre se accede, se le conoce, por medio de él. La expresión “nadie va al Padre sino por mí” puede ser un poco desventajosa, porque una lectura nos separaría radicalmente de nuestros hermanos no-cristianos, y nos colocaría en relación de superioridad. Si el proyecto de Dios es de fraternidad e igualdad, no creo que ese sea el sentido del texto. Creo más interesante una expresión más positiva y en tono de esperanza, como la cena misma, “si me conoces, conoces al Padre”. A Dios no se le conoce místicamente, como muchos quisieran, a través de alabanzas e intimismos, de inciensos y repeticiones. A Dios se le conoce cuando reconocemos qué hizo Jesús, y cuando intentamos vivir como él.
Jesús les ha lavado los pies a los discípulos, les ha pedido que hagan eso mismo en su memoria, que se amen unos a otros, y ahora les dice que les prepara un lugar y que ese es el camino. En este texto, Jesús nos muestra quién es Dios. Si en el prólogo del evangelio se nos dijo que nadie podía ver a Dios, ahora se nos dice que la forma de conocerlo es si reconocemos a Jesús. Si Jesús es pan de vida es porque Dios es pan de vida; si Jesús es la luz es porque Dios es la luz, etc. Jesús se identifica con las cosas cotidianas. Hoy tal vez, se identificaría con nuestros trabajos, con nuestros alimentos o vestuarios.
Pero por muy cotidiano que sea Jesús y que así podamos saber cuál es el proyecto de Dios para con nosotros, no siempre lo reconocemos. Como los discípulos, a ratos nos cuesta reconocer cuál es el camino, porque creemos que para ser plenos hay que estar siempre felices o hay que cumplir con una serie de reglas o hay que poseer determinados bienes materiales. A ratos, nos cuesta discernir cuál es la verdad, porque la sociedad nos vende una mentira que pasamos por verdades absolutas (las cadenas, muchas publicaciones de Facebook y fake news están en esa línea). La verdad más honda de quiénes somos, con quiénes compartimos, no aparece en ninguna publicación. Solo la conocemos en el corazón. A ratos, se nos va la vida queriendo ser como otros, comparándonos con los demás y nos cuesta reconocer que nuestra vida tiene valor porque podemos vincularnos con otros.
Hoy, probablemente más que en otras ocasiones, vale la pena preguntarnos por nuestros caminos (es decir, nuestras historias de vida), por nuestras verdades (aquellas cosas en las que ponemos nuestra confianza) y por nuestras vidas (las relaciones que hemos entablado), y mirar a Jesús. Vale la pena que intentemos buscar hondura, que intentemos ser pan, agua, vida, esperanza para otros, como lo fue Jesús.
Frente al repliegue en el secretismo, la experiencia de Jesús es de despliegue en el servicio. Mientras muchos nos escudamos en prácticas antiguas, Jesús nos invita a remirar el camino. En medio de nuestras familias, de nuestro trabajo, de los dolores sociales y personales, Jesús nos invita a ser como él, a mostrar todo lo que somos, a hacer el camino junto a él, servir a los demás, animar a otros, dejarnos querer y vivir con esperanza. Tal vez, así, seremos más lúcidos para reconocer a Dios en la vida cotidiana, porque Jesús se nos presenta todos los días.
P. Juan Salazar Parra, SJ
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 14, 6
Aleluya.
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-12
Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos:
“No se inquieten.
Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar?
Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes.
Ya conocen el camino del lugar adonde voy”.
Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?”
Jesús le respondió:
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.
Nadie va al Padre, sino por mí.
Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre.
Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.
Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”.
Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?
El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre”.
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