6° Domingo de Pascua. Año A. Confianza y seguridad vienen de la mano con el amor y el servicio

Homilía 6° Domingo de Pascua

Domingo 14 de mayo de 2023.


Con bebés recién nacidos, es común que los adultos jueguen al “ahí está; ahí no está”, poniéndose un paño en el rostro o tapándose la cara con las manos, haciendo creer que la persona desaparece detrás. Los sicólogos y padres más radicales dicen que este juego podría crear inseguridades en la criatura recién nacida. Otros dicen que estimula el pensamiento y el movimiento de bebés. Como sea, me gusta pensar más como lo hace el elenco de Friends, la icónica serie norteamericana. Cuando nace el hijo de uno de los personajes, estos le explican al recién nacido, que a veces el papá va a estar y a veces no (porque no viven en el mismo lugar), pero que siempre puede contar con él. En este sentido, la seguridad no se basa exclusivamente en la presencia física. Eso podría ser considerado control excesivo o sicopatía. La seguridad se basa en la confianza que se genera en la relación entre las personas. De eso, nos habla el evangelio de este domingo.

 

La sección que tomamos del Cuarto Evangelio sigue siendo parte del contexto de la Última Cena de Jesús con sus amigos. En ese momento, Jesús los desafía. Por un lado, el amor se muestra, como dice Ignacio de Loyola, más en las obras que en las palabras, es decir, en cumplir sus mandamientos. Y no está hablando de la ley de Moisés, sino de lo que les ha dicho un par de líneas antes: háganse servidores unos de otros, y ámense unos a otros. Esos son los mandamientos de Jesús en este contexto. Por lo tanto, el amor a Jesús no pasa por un sentimiento romántico y superficial, ni tampoco por el cumplimiento riguroso de miles de reglas y normas morales, sino que se reduce al servicio y al amor. 

 

Al poner en acción el amor de Dios en nuestras vidas, sirviendo y amando a otros, entonces, se produce una relación con Jesús que nos lleva al Padre y que nos envía el Espíritu. Se inicia una cadena de bienestar, no solamente personal, sino también comunitario. El mundo, en el evangelio de Juan, no es lo que nosotros hoy entendemos como “mundo”, sino que se trata de toda realidad que se opone al proyecto de amor y justicia de Dios. Los que aman y sirven a otros tienen la posibilidad de ver, conocer y recibir ese Espíritu. Pero, ¿realmente lo podemos ver? 

 

Cuando estamos en nuestras familias, en nuestros trabajos o con nuestros amigos, cuando vemos las noticias—que muestran las tragedias de la humanidad—¿tenemos la capacidad de ver el Espíritu de Dios, el Espíritu de la Verdad? En medio de tanta desinformación, de tanto producto de ideologías nefastas que atentan contra la dignidad de los seres humanos, que quieren privilegios políticos y económicos, ¿reconocemos la presencia del Espíritu? O, más bien, somos incrédulos y, en verdad, no nos creemos eso de que “Dios está resucitado en medio de nosotros”. Es cierto que nos cuesta reconocer el Espíritu de Dios en medio del mundo, pero lo peor que puede sucedernos es que desistamos de buscarlo. En los vínculos, en la conversa con los amigos, en una celebración familiar, en la posibilidad de tener techo y alimento, en las relaciones que hemos entablado y, a veces, en el dolor y el sufrimiento, así como en el rostro de los despreciados de la sociedad (los presos, los pobres), de los que han sido violentados o violentadas, etc., ¿queremos buscar el rostro de Dios? No digo que sea fácil, pero según el evangelio tampoco es imposible.

 

El modo de hacerlo es el modo de Jesús. Como a los niños cuando aprenden a caminar, se les debe de soltar de la mano, para que den pasos solos, Jesús también nos dice que él no estará físicamente, sino que nos ha dejado una inspiración, un aliento, un espíritu (todas esas palabras son iguales en griego), y que después volverá a reunirse con nosotros. No se trata del juego de “ahí está, ahora no está”, sino de la seguridad de que podemos caminar por el mundo, confiados en que podemos crecer como seres humanos y podemos hacer de la humanidad un lugar más parecido al Reino, porque no estamos solos, sino que, gracias al Espíritu, podemos seguir reconociendo la presencia de Jesús en el mundo. Confianza y seguridad vienen de la mano con el amor y el servicio, para el evangelio de Juan.

 

En vez de estar centrados en nuestras visiones de mundo rígidas, cuando tengamos una mirada amplia que nos ayude a ver el mundo como Jesús lo vio, como un espacio donde hay semillas de justicia, amor y servicio, que están ansiosas por germinar, entonces y solo entonces, podremos entrar en una relación de amor verdadero con Dios, con Jesús, con el prójimo y con nosotros mismos. Una relación que no es de control, sino de esperanza y confianza. Confianza como la que crea una madre con sus hijos. Esa es la mejor manifestación de la presencia de Dios que, al final del juego nos permite decir “aquí está”.

 

P. Juan Salazar Parra, SJ

 

A todas las madres, biológicas, por adopción, espirituales, consejeras, a las mujeres que han sido vida en nuestras vidas y son maternales en ese sentido... ¡Feliz día!

 

 


ACLAMACIÓN AL EVANGELIO  Jn 14, 23

Aleluya.

El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará e iremos a él, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 15-21

Durante la Última Cena, Jesús dijo a sus discípulos:

Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. 

Ustedes, en cambio, lo conocen, porque Él permanece con ustedes y estará en ustedes. No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes.

Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero ustedes sí me verán, porque Yo vivo y también ustedes vivirán.

Aquel día comprenderán que Yo estoy en mi Padre, y que ustedes están en mí y Yo en ustedes. 

El que recibe mis mandamientos y los cumple, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y Yo lo amaré y me manifestaré a él.

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