4° Domingo de Pascua. Año A. Jesús, puerta de relaciones maduras y camino de justicia y dignidad
Homilía para el 4° domingo de Pascua
Domingo 30 de abril, 2023
Hace años atrás, como jesuita, viví en Osorno (en el sur de Chile). Para entrar a la capilla del Colegio donde realicé la etapa de Magisterio, había que abrir una puerta grande y pesada. No era muy amigable. Pero cumplía dos funciones un tanto paradójicas. Por un lado, separaba el ruido de la entrada del colegio del silencio de la oración y, por otro, abría un camino hacia un espacio de paz y celebración comunitaria. Este domingo, el evangelio nos presenta a Jesús como puerta (paradójica, como todas las puertas), que separa o distingue y une al mismo tiempo.
Este domingo se conoce como el “domingo del buen pastor”. Craso error, porque, aunque luego el relato nos hable de Jesús como pastor, la selección que se lee hoy, solo nos dice que Jesús es la puerta. Podríamos decir que hoy es el “domingo de la buena puerta”. Hay puertas de distinto tipo. En nuestras casas, por ejemplo, la puerta principal tiene una forma diferente a la que nos dirige hacia los dormitorios. En un templo o colegio, la puerta de entrada es diferente de las demás puertas. Hay puertas que destacan por su decoración; otras, por su fuerza o tamaño; otras, por su material. Pero de madera o metal, modernas o clásicas, las puertas están para indicarnos que, detrás de ella, hay otra realidad a la que, paradójicamente, la misma puerta nos puede dar acceso.
Jesús se nos presenta como la puerta del corral en esta parábola. Una puerta que nos ofrece una realidad diferente. Es una puerta que inspira seguridad y por la cual no pasan los ladrones. Es una puerta confiable, en ese sentido. Los que se encuentran con esa puerta y pueden permanecer en ella, hacer uso de ella, son aquellos cuyas relaciones son honestas y transparentes. El pastor y las ovejas tienen una relación, conocen sus nombres, se reconocen y se relacionan. Nosotros también estamos invitados a mirar nuestras relaciones de amistad, de familia, de trabajo, de sociedad. ¿En quién confiamos, a quién le creemos, qué voces escuchamos y reconocemos?
Pero no basta solo con hacernos esas preguntas, porque podemos confundir las voces del pastor y de los ladrones. En el relato del evangelio, el pastor se puede encontrar con las ovejas, porque pasa por la puerta, es decir, nuestros vínculos se pueden tornar más honestos y duraderos si por ellos pasa la experiencia de Jesús. Sin la presencia de Jesús en nuestras vidas, difícilmente vamos a reconocer el corazón de los demás y el nuestro, difícilmente vamos a poder confiar en otros o dejar que confíen en nosotros, difícilmente vamos a poder sentir la vida verdadera y justa a la que Dios nos invita.
Los ladrones pueden entrar al corral, pero nunca lo harán por la puerta. Porque en ellos hay desconfianza, falta de honestidad. Y un ladrón viene a quitar vida, no a dar. Ningún ladrón entra para dejar un regalo e irse. Un ladrón, por esencia, quita. Esa era la realidad de los cristianos del primer y segundo siglos, y también la nuestra. Los ladrones han existido siempre y han sido astutos para poder “colarse” a los lugares que desean. A veces, son ladrones de robo a mano armada, a veces son ladrones más sofisticados, con títulos universitarios, puestos de prestigio y bien vestidos.
La única manera de distinguir a un ladrón del verdadero pastor es si pasan por la puerta que es Jesús, es decir, si sus palabras y obras se relacionan con las palabras y las obras de Jesús, con su proyecto de justicia y libertad. Cuando las personas se encuentran con nosotros, no deberían sentirse como conversando con un ladrón o un mentiroso, sino que en esos encuentros nosotros también debemos inspirar confianza y esperanza. Una palabra honesta, una ayuda sincera, escuchar sin reprochar, acoger con el corazón a quien está pasando por un mal momento, animar en la dificultad, celebrar los triunfos de otros (y no solamente los propios), compartir, son pequeños gestos que inspiran confianza. Son gestos, como una puerta, que nos hacen distinguir personas honestas de mentirosos y nos permiten entrar en contacto con otra realidad, más solidaria, más profunda, porque son gestos inspirados en Jesús.
Dejemos que Jesús sea la puerta que nos permita distinguir las relaciones maduras de las deshonestas, y que nos ayude a entrar en una nueva realidad más justa y digna para todos, sin exclusión.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 10, 14
Aleluya.
“Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí”, dice el Señor. Aleluya.
EVANGELIO
Yo soy la puerta de las ovejas.
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 1-10
Jesús dijo a los fariseos:
“Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino trepando por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a las suyas por su nombre y las hace salir. Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz”.
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió:
“Les aseguro que Yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta.
El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero Yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia”.
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