2° Domingo de Pascua. Año A. Una invitación a no olvidar de dónde venimos

 Homilía 2° domingo de Pascua

Domingo 16 de abril

Cuando alguien triunfa o le va bien en su trabajo, uno suele escuchar algunas frases que se le dicen a la persona, como, por ejemplo: “cuidado que mientras más alto llegues, más dura es la caída”. Esta y otras frases son un tanto negativas. Pero hay una que me parece que tiene la lógica de un consejo sabio: “Nunca te olvides de dónde vienes”. Es fácil quedarse solamente con el triunfo y olvidar el sacrificio que eso supuso, los orígenes sencillos de una persona o la humildad que requiere poder llevar a cabo un proyecto. El evangelio de este domingo y las lecturas nos recuerdan que el origen (la fuente) de Jesús y su ministerio está en la entrega por otros, y que ese origen nos anima a vivir en comunidad. 

 

El evangelio que leemos este domingo es conocido por la figura de Tomás. Muchas veces escuchamos que hay que ser como Tomás, "ver para creer" y también cuando se describe a alguien desconfiado, le decimos que es como un Tomás. Nos olvidamos de que la semana pasada, por ejemplo, también el discípulo amado “vio y creyó”.  Tomás es, justamente, lo contrario; él es como todo seguidor de Jesús. A Tomás se le apodaba “El Mellizo”. Un mellizo tiene un hermano o hermana de quien ser mellizo(a). En la lectura, no se nombra al mellizo de Tomás. Esto podría, entre otras cosas, deberse a que el escritor quiere que, así como nos identificamos con el discípulo amado, también nos identifiquemos con el mellizo. En otras palabras, somos los mellizos de Tomás. Tomás es uno de nosotros. Como Tomás, somos los que seguimos perteneciendo a la comunidad a pesar de las dudas y de los errores. Somos los que a veces nos atemorizamos por la realidad, pero no bajamos los brazos. Somos los que pedimos claridad a Dios. Somos los que tenemos el deseo de encontrarnos con el Señor y cuando abrimos nuestro corazón, podemos reconocer quién es. Porque Tomás no se encontró solamente con un espectro del resucitado. Algunos dirían que Tomás se encontró con el crucificado-resucitado. Tomás es capaz de ver y palpar el dolor, el sufrimiento de Jesús y es ahí cuando reconoce que Jesús ha resucitado. Jesús resucitado muestra su origen, que es  acompañar a los que sufren, en la cruz. Cuando somos capaces de reconocer el dolor del mundo, de palpar su miseria, de sufrir como sufren otros, entonces y solo entonces, podemos reconocer la presencia real del resucitado. 

 

Pero el evangelio nos dice, también, que esa vida resucitada se experimenta cuando la vivimos en comunidad. El lenguaje de Jesús resucitado que se aparece no es el lenguaje individual. Se dice tres veces “La paz esté con ustedes”, Jesús los envía diciendo “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen”. El texto original y la traducción hablan siempre en plural. Nuevamente, el evangelista insiste en la dimensión comunitaria de la resurrección. Nuestra vida de fe, de fe en Jesús, no es una experiencia personal, intimista. Por el contrario, creer en Jesús resucitado es una experiencia comunitaria que nos lanza también a la comunidad. Es como cuando asistimos a la eucaristía dominical y "comulgamos lo que somos", es decir, comulgamos el cuerpo de Cristo, porque cuando estamos reunidos en comunidad "somos el cuerpo de Cristo". No quiero negar el valor de la vida de oración personal, al contrario, me parece que es sumamente importante para darle sentido a nuestra existencia. Pero dicha experiencia personal debe estar orientada a la comunidad, se debe validar en la comunidad creyente y debe tener como horizonte el mundo. 

 

La paz y la misericordia (que están muy presentes en el evangelio de hoy) son gracia de Dios y se sienten en lo profundo del corazón de cada hombre y mujer de fe. Pero si queremos ser fieles al evangelio, debemos reconocer que la paz y la misericordia vienen a nuestra vida cuando formamos parte de la comunidad; cuando, junto a otros, nos podemos consolar en las dificultades y animar en las alegrías. Jesús es el resucitado, y la resurrección es una experiencia que se vive en comunidad. 


Por eso, para reconocer esa vida plena a la que nos invita la resurrección hay que reconocer nuestros orígenes y los del mundo, es decir, debemos palpar, con humildad, el dolor del mundo y, allí, ofrecer esperanza. En la comunidad parroquial, también en la comunidad familiar, en el trabajo, en la política, en la sociedad,  estamos llamados a unirnos a otros y sentir sus realidades, para poder dar testimonio de la vida resucitada. 

 

No olvidemos de dónde venimos, para poder sentir en el corazón que la vida que nos regala Jesús es de verdad y se comparte con otros. 


Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.



ACLAMACIÓN AL EVANGELIO Jn 20, 29

Aleluya.

Ahora crees, Tomás, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!, dice el Señor. Aleluya.

EVANGELIO

Ocho días más tarde, apareció Jesús.

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan   20, 19-31

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: ¡La paz esté con ustedes!

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo:

¡La paz esté con ustedes!

Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes.

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:

Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al Señor!

Él les respondió: Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes!

Luego dijo a Tomás: Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.

Tomás respondió:

¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.


 

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