Domingo 7° del Tiempo Ordinario. La propuesta de Jesús es caminar hacia la plenitud de toda la humanidad.
Homilía Domingo 7° del Tiempo Ordinario
Domingo 19 de febrero de 2023.
En el colegio donde realicé mi Magisterio entre 2014-2016, se realizaba una experiencia que reunía esfuerzos de docentes, pastoralistas, jesuitas, trabajadores, familias y estudiantes: SEMASOL. La semana solidaria era un tiempo en que los jóvenes de penúltimo año de educación secundaria colaboraban reparando las casas y mediaguas de sectores muy desprovistos de la ciudad. Lo más interesante era que nadie era profesional de la construcción, ni los que estábamos a cargo, ni los estudiantes. Éramos un grupo de aficionados y entusiastas. El trabajo realizado era intenso, cansador y demandante. Lo que se lograba era poco, y ciertamente no era perfecto. Sin embargo, tanto las familias del lugar como los estudiantes del colegio terminaban la experiencia con una sonrisa y con un corazón transformado. Probablemente porque vivían un tiempo de plenitud, gratitud, de soñar un mundo más justo, y también en mayor comodidad para vivir y sobrevivir al invierno. La perfección del trabajo se asoció a la plenitud y no a la falta de errores. Algo de esto es lo que las lecturas de este domingo nos quieren invitar a mirar y examinar en nuestras vidas.
El evangelio que la liturgia hoy nos presenta es muy complejo de leer y entender a la luz de la cultura en la que vivimos. Cuando todo parece insistir en que debemos pasar por encima de los otros, la buena noticia de Jesús nos remece y nos hace mirar nuestra vida. La antigua ley del talión era la forma de hacer justicia, es decir, “haz a otros exactamente lo que te han hecho”, “ojo por ojo, diente por diente”. Eso parece, a primera vista, muy normal y hasta apropiado. Si alguien me golpea, debo golpear de vuelta. Si alguien me roba, debo robarle también. El problema con esa forma de pensar es que en vez de hacer justicia o, en otras palabras, cortar la injusticia, se acrecienta. Si la violencia se responde con violencia, lejos de detener la violencia, se acrecienta.
Jesús está invitando a destruir esa lógica. Y lo hace mediante una propuesta que nos resulta, como a los jóvenes del colegio, intensa, cansadora y demandante. Ser justo, hacer justicia, cortar las cadenas de violencia y destrucción, no es tarea simple. De hecho, Jesús no dice que sea fácil, ni siquiera dice que es posible. Lo que el texto dice es que Jesús nos pone en camino al Padre, y ese camino se hace cambiando las lógicas de agresión y competencia a las que el mundo está acostumbrado.
La invitación a la perfección requiere un análisis aparte. La palabra que usa el autor del texto es téleios. Un adjetivo que normalmente se traduce como “perfecto”. Por eso escuchamos “sean perfectos, como el Padre es perfecto”. Sin embargo, esto tiene un problema. Ese Padre que es perfecto, es el mismo que se arrepiente de sus acciones (Génesis 6, 6-7). Entonces, la perfección, en el sentido bíblico, no es la “falta de errores”. Téleios es una derivación del sustantivo télos, que significa plenitud o finalidad. La perfección no es “hacerlo todo bien”, la perfección de Dios es un camino que nos conduce a ser más plenamente humanos, con todas nuestras imperfecciones, debilidades, luces y sombras. La perfección es un llamado a la santidad, es decir, a estar entre la gente, a vivir la realidad del mundo, y siendo plenamente humano, caminar en un reino de justicia y dignidad, que es la propuesta de Jesús, enviado del Padre.
Los jóvenes del colegio hicieron trabajos perfectos, no porque estuvieran exentos de errores técnicos, sino porque eran trabajos santos. Involucrados con la vida de las personas, se comprometieron con ellas y, de esta manera, intentaron romper el círculo de violencia que es la pobreza. La invitación que hoy el Señor nos hace por medio de su Palabra es a vincularnos con el mundo, con toda su complejidad, con lo que nos gusta y lo que no, con sus luces y sombras, y comprometernos a romper ese círculo de destrucción y violencia que nos aqueja. A romper las ataduras de la violencia (física, simbólica, económica, sicológica, etc.) contra la mujer, los indígenas, los migrantes, la comunidad LGBTIQ+, los menores, los ancianos, los pobres, etc.
Miremos el mundo como lo haría Jesús y, en vez de desentendernos de él o de golpearlo con más fuerza (como la ley del talión), ofrezcamos la otra mejilla, es decir, ofrezcamos nuestras fuerzas, riquezas, capacidades, para caminar en la perfección, es decir, caminar hacia la plenitud de toda la humanidad.
Que así sea.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
Aquí el evangelio de este domingo:
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 5, 38-48
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: “Ojo por ojo y diente por diente”. Pero Yo les digo que no hagan frente al que les hace mal: al contrario, si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere hacerte un juicio para quitarte la túnica, déjale también el manto; y si te exige que lo acompañes un kilómetro, camina dos con él.
Da al que te pide, y no le vuelvas la espalda al que quiere pedirte algo prestado.
Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero Yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque Él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
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