Domingo 6° del Tiempo Ordinario. El sentido final de la sabiduría es que actuemos con justicia

Homilía Domingo 6° del Tiempo Ordinario

Domingo 12 de febrero de 2023. 


Cada vez que voy a cortarme el pelo (que debe de ser tres veces al año), veo más canas en el piso. Señal de que la vida pasa y los años también. Cosa rara esto de las canas, porque son ambiguas. Son señal de equilibrio y de desequilibrio al mismo tiempo. Por un lado, desde pequeño escuché que las canas eran muestra de sabiduría. Una persona con pelo cano era una persona sabia, equilibrada, tranquila. Por otro lado, más de una vez escuché que personas o situaciones “hacen salir canas”, es decir, por lo estresantes que son, hasta el pelo cambia de color. El desequilibrio se hace presente en las canas también. Ahora bien, en ambas versiones, las canas son signos de una vida vivida profundamente, no superficialmente. De eso, nos hablan las lecturas de este domingo.

 

Como el buen Rivaldave (carmelita, profesor de Biblia) solía decir, la sabiduría no es sólo tarea, también es un don/regalo de Dios. El libro de Sirácida, de donde se toma la primera lectura de hoy, pertenece a la literatura sapiencial y se preocupa por hacernos comprender que la vida entera es un don y una tarea. El Señor nos ha regalado el fuego y el agua, la vida, las oportunidades, y es nuestra tarea saber escoger aquello que nos conduzca a más amar y servir a Dios y a nuestros hermanos. La Ley está para vincularnos con Dios y con nuestro prójimo, no para ser cumplida como una tarea rígida y absoluta que sólo nos vincule a nuestro ogullo (“yo hago las cosas bien”). Sólo los sabios, de pelo cano, podrían asumir la libertad que Sirácida propone. Libres de ataduras a compromisos del mundo, a los deseos de poseer bienes materiales, sabiendo que todo eso ha sido preocupación por tanto tiempo, pero que no es lo central, entonces, un ser humano sabio se puede poner de frente a Dios y discernir correctamente lo que verdaderamente vale la pena. 

 

En ese espíritu de hondura es que Mateo continúa el Sermón del Monte y nos regala estas imágenes para recordarnos que lo importante no es lo urgente, no es la ley cumplida a rajatabla, sino que es el sentido, el valor que nosotros le otorgamos. Es importante y urgente no matar a nuestros hermanos, pero hay que tener cuidado con no ser un asesino de puñales en mano, pero sí una persona violenta, agresora verbal, psicológica, física, o desconsiderada con los que necesitan de una mirada y apoyo. Es importante y urgente no cometer adulterio, pero hay que tener cuidado con no actuar como adúltero con nuestras palabras y actitudes, haciendo de las otras personas (hombres, mujeres, menores, etc.) objetos de nuestros deseos sexuales, afectivos o posesivos. Los celos son un modo, por ejemplo, de creer que las personas nos pertenecen, son signo de desconfianza. 

 

El tema de fondo es que la ley se puede cumplir como una meta rígida que me hace mejor que el resto y, al mismo tiempo, como algo que cumplo específicamente (“al pie de la letra”), pero no me importa todo lo demás. Jesús está invitándonos a mirar la vida con amplitud y profundidad. ¿Qué sentido tiene para mí la vida de mis amigos, familiares, vecinos, compatriotas? ¿Qué sentido tienen las relaciones que tengo, mis amistades, pareja, compañeros de trabajo, jefe, empleados, estudiantes, comunidad, etc.? ¿Qué sentido tienen los compromisos que he adquirido en la vida? Y no es para ponernos neuróticos y andar evaluándolo todo, todo el tiempo, porque eso sería entrar en la idea de que quiero ser mejor que el resto, porque la gracia de Dios se “gana” con mi esfuerzo. Al contrario, hacernos estas y otras preguntas nos pueden ayudar que nuestras acciones reflejen el don y tarea que tenemos ante la vida. La vida, igual como los sabios de Israel creían, es don y tarea. Es un regalo de Dios que debemos cuidar. La vida propia, la de los demás, la de la naturaleza, la de la sociedad. Una sociedad injusta, no es una sociedad sabia. Cuando se queman los bosques del sur de Chile y se quiere sacar rédito económico o político, no estamos en actitud de sabiduría. 

 

Pablo reconoce esto con mucha fuerza en la primera carta a los Corintios. Dice que anunciamos sabiduría, pero no de la que se aprende en los libros, sino de la que se aprende en la vida. De esa que nos hace salir canas y que nos permite mirar con libertad lo que pasa alrededor, escandalizándonos menos y buscando mayor justicia. 

 

A fin de cuentas, ese es el sentido final de la sabiduría, que actuemos con justicia. Que no nos sintamos obligados por un par de leyes que hay que cumplir, sino que escojamos aquello que es mejor para nuestras familias, para el país, para la comunidad, y que, por medio de ello, nos encontremos con Dios. Esto no es fácil, porque no está escrito como receta en ningún lado. Tal vez, esa es la idea de las canas, que salen porque queremos vivir la vida en profundidad, y no solamente porque queremos cumplir lo que otros nos dicen que tenemos que hacer.

 

P. Juan Salazar Parra, SJ.

 

 

 

 

 

 

 

 

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