Año A. Domingo 3° del Tiempo Ordinario. Cuando comenzamos a pensar en otros, entonces nos acercamos a la misión de Jesús
Homilía Domingo 3° del Tiempo Ordinario
Domingo 22 de Enero de 2023
El 29 de diciembre del año que recién terminó, murió Pelé. Las redes sociales se llenaron de alabanzas al jugador brasileño. Pero también aparecieron aquellas imágenes o videos que volvían a preguntar quién era el más grande jugador de América Latina, si acaso Pelé o Maradona. Lo mismo sucedió cuando murió el Papa Benedicto, además de una serie de documentos alabando su inteligencia, rápidamente se preguntaba si él había sido mejor papa de lo que fue Juan Pablo II o de lo que está siendo Francisco. En muchos casos, las personalidades famosas entran en conflicto con otras personalidades. Las lecturas de este domingo nos ayudan a poner el corazón en el centro y a comprender que la misión de cada ser humano no es estar en competencia con el otro, sino que estar en relación con Jesús.
Los israelitas están viviendo una situación triste, según nos relata el profeta Isaías. Por vuelta del año 732 aC, las tribus galileas de Zabulón y Neftalí fueron deportadas para Asiria. Lo interesante, según el texto del profeta, es que, a pesar del momento sombrío, el pueblo mantiene una luz de esperanza: el nacimiento de un rey cuyo nombre es Emanuel, es decir, Dios-con-nosotros.
Este relato es el que Mateo retoma en el evangelio. Juan Bautista ha desaparecido de escena, y aparece Jesús en todo su esplendor misionero. Esta vez, la acción de Jesús no se dará en Judea, sino en Galilea, según la promesa de la primera lectura. La luz de Jesús es la sanación de las enfermedades.
Toda la correspondencia a los Corintios, más de 7 cartas en total, nos relatan una serie de advertencias y tensiones entre Pablo y la iglesia que se reunía en la ciudad. No pensemos que son cientos de personas. Es un grupo pequeño, pero muy vivo. Tan vivo, que es capaz de hacer que Pablo les escriba y les hable con claridad. En esta ocasión, la segunda lectura está hablando de la identidad del apóstol. El verdadero cristiano no es el que atrae a las personas hacia sí, sino que es el que las conduce hacia Jesús.
Poco importa el carisma personal de cada uno. Unos están acá para enseñar, otros para predicar, otros para bautizar, otros para sanar, otros para hacer política, otros para dirigir, otros para cantar, etc. Cada uno de nosotros tiene una misión diferente. Si no tenemos claridad de nuestra misión, entonces es muy probable que queramos “seducir” a las personas y atraerlas hacia nosotros. Una misión es un medio para seguir anunciando el mensaje de salvación y esperanza. Como Jesús mismo encarnó esa misión de anunciar la vuelta al Padre y a su Reino (eso significa conversión, epistrephó: volver al Padre).
El mensaje de Pablo es muy importante en tiempos como los actuales. Nos dejamos seducir por la propaganda política, por la publicidad comercial, por un buen predicador, un artista talentoso o un deportista energético. Y no se trata de no admirar la bondad que hay en las personas. Si alguien es talentoso, hay que decírselo; pero debemos cuidarnos de andar siguiendo como ciegos a aquellos que lo único que buscan es sacar provecho de nosotros: un voto, abusos de todo tipo, un like en Instagram, un disco comprado, etc. En esos casos, ellos están primero y serán siempre el centro de atención. Por eso, cuando mueren, uno los pone en competencia con otros. Ellos siguen siendo el centro.
Antes bien, como discípulas y discípulos, estamos llamados a seguir a Jesús. A anunciar que el encuentro con el Padre Dios es posible, que la justicia no puede seguir esperando para los miles que sufren la imposición de un sistema aberrante. Como discípulos y discípulas estamos llamados a ser pescadores de hombres, que no pescan para beneficio propio, sino que pescan para beneficio de todos. A fin de cuentas, ahí se encuentra Cristo, presente en la comunidad. Cuando comenzamos a pensar en otros, entonces nos acercamos a la misión de Jesús, y entonces, la vida de Cristo, como dice Pablo, no está vacía de significado, y yo añadiría, tampoco la nuestra.
Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
Comentarios
Publicar un comentario