Año A. Domingo 2 de Adviento. Es tiempo de reforzar nuestra fidelidad al proyecto de Justicia y Paz que el Señor trae

Homilía

2° Domingo de Adviento. Año A.

Domingo 4 de diciembre de 2022.


No hay peor cosa que no mirar a la cara cuando se está conversando. Por un lado, la sensación que deja es de desconfianza, de que algo se está ocultando, de que los sentimientos no son honestos. Dicen que los ojos son la ventana del alma. Mirar honestamente a la cara cuesta. Es un acto de valentía, algo en nuestro corazón nos debe mover a hacerlo. Es un sano atrevimiento cuando queremos miramos con el corazón y lo hacemos de verdad. Habrá gente que mira a la cara con frescura y miente. Esa no es la invitación de los cristianos del evangelio. 

Mateo nos invita al arrepentimiento, este domingo. Si bien, algunas traducciones usarán la palabra “convertirse”; en verdad, Mateo usa el verbo “arrepentirse”. Los textos neotestamentarios reconocen que metanoeō es un verbo que indica arrepentimiento, un cambio de mentalidad. Se trata de una actitud mental y afectiva. Arrepentirse, nada tiene que ver con la culpa o con experiencias pasadas. El arrepentimiento es un sentimiento que te ayuda a mover, a progresar, a hacerte responsable de la vida personal y social. Es un cambio de corazón, es pura honestidad. Cuando Mateo pone en boca del Bautista la invitación al arrepentimiento por el Reino de los Cielos, no nos está invitando a darnos golpes en el pecho, sino a examinar los sentimientos que nos mueven para participar de la comunidad cristiana. 

 

Algunos serán cristianos porque sus familias lo son, o porque se criaron en colegios cristianos, o porque sienten que es más fácil vivir así, o necesitan algo para sostener sus decisiones. La invitación al arrepentimiento es una invitación a evaluar el sentido de nuestra relación con Cristo. ¿Por qué creo en Él? Y, según el texto mateano, ¿mi fe en Jesús concuerda con su proyecto, es decir, con el Reino? Nuestra relación con Jesús no es individualista. Es personal, sí, porque nos comunicamos con él, como amigos, en un lenguaje que cada uno conoce. Pero no es individual, sino que está orientada al Reino de Justicia y Paz.

 

En un par de semanas, 20 días, celebraremos Navidad. Y llenaremos nuestras casas y templos de pequeños “pesebres”, árboles, luces de colores. Y me parece genial que celebremos, que nuestra fe sea motivo de alegría y fiesta para nosotros y para el mundo. Pero, como cristianos, estamos invitados a hacer que esa alegría sea también fuerza espiritual y afectiva para poder mantener nuestras convicciones que nos unen al proyecto de Jesús. 

 

Este tiempo de Adviento, que sea tiempo de preparar el corazón, es decir, de reforzar nuestra fidelidad al proyecto de Justicia y Paz que el Señor trae. Que sea tiempo de mirar nuestra relación con Jesús y profundizar nuestra fe. Que sea tiempo de valorar lo que es verdaderamente importante y actuar de corazón. Que sea tiempo de reanimar nuestra caridad, para que otros también puedan experimentar la cercanía de Jesús y su presencia de Justicia y Paz en medio nuestro.

 

Hacia allá caminamos… Eso es Adviento… Esa es la espera de la Navidad. 

 

Que así sea. Amén.

P. Juan Salazar Parra, SJ.

Comentarios

Entradas populares