Año A. Domingo 1 de Adviento. Año nuevo, vida nueva... Vigilantes del buen vivir

Homilía Domingo 27 de Noviembre de 2022

01 Domingo de Adviento. Año Litúrgico A.

Hay luces que enceguecen e inclusive pueden ser peligrosas, por ejemplo, la de autos conduciendo con las luces altas en una carretera oscura. Hay otras, como las potentes luces de un escenario, que no dejan ver con claridad lo que está pasando. Y hay luces, a veces tenues, que alumbran y aclaran el camino. No siempre necesitamos grandes focos, sino que necesitamos de una luz justa, que ilumine nuestra vida. Es lo que las lecturas de este domingo primero de Adviento nos ayudan a entender.

 

El profeta Isaías nos presenta una visión proclamada por vuelta del año 700 a. C. El escritor ya no espera la salvación por parte de los políticos de turno. Se ha dado cuenta de que los grandes portentos de reyes y jueces no han traído la paz necesaria. En Sion, el lugar de la presencia de Dios, en el tiempo justo, todas las naciones subirán y el Mesías futuro implantará paz, es decir, en la mentalidad hebrea, implantará armonía y felicidad. Esa es la única manera de vivir en paz. En armonía con el entorno, con uno mismo, con Dios. Ha puesto su confianza en el Dios del día a día, el que acompaña en la vida cotidiana, el que no hace grandes milagros, que no ofrece los cambios del cielo a la tierra como un político en campaña, sino que camina junto a su pueblo y anima la transformación del corazón y de la sociedad, con armonía, con fuerza. Y cuya luz es para todos.

 

La carta de Pablo a los Romanos es una invitación a levantarse, a despertar del letargo que la comunidad cristiana puede vivir. Con la venida de Cristo, el día decisivo ha llegado, es decir, se ha hecho presente la armonía, una luz que brilla para toda la humanidad. Pablo soñaba con el día en que Cristo realmente viniera al mundo. Pero no se trata solamente de un día específico, sino de una actitud decisiva. Pablo soñaba con el día en que toda la humanidad viviera en armonía, en paz, sin sufrimiento, con esperanza.

 

El evangelio nos recuerda la misma actitud de Isaías y de Pablo: debemos estar vigilantes. ¿Qué significa eso? Para explicarlo, Mateo toma dos imágenes. Una del Antiguo Testamento y una de la vida cotidiana. Del AT, Mateo nos recuerda la historia de Noé. El diluvio, la catástrofe, parecía inimaginable, algo que nunca sucedería. Por un lado, eso es estar vigilante. Es imaginar y trabajar por aquello que creemos que nunca va a llegar. “Vigilante” es el antónimo del que se “conformó” con lo que ya existe. El que dejó de soñar, el que dejó de luchar por una sociedad diferente, ese ya no es “vigilante”, se dejó vencer. El otro ejemplo es más cotidiano, el dueño de casa que quiere defender su dignidad. Otra forma de ser vigilante es defender aquello que hemos soñado. Un padre o madre que dejó de creer en sus hijos no es un adulto vigilante. Un profesor que dejó de creer en sus estudiantes no es vigilante. Una sociedad, una Iglesia, una familia adormecida, que no son capaces de velar por la dignidad de todos y todas, no son vigilantes. 

 

La idea es la misma en las lecturas: estar atentos, vigilantes. El público es igual de amplio: toda la humanidad. El medio para lograrlo es lo que hace la diferencia: Jesús. Pablo en la carta a los Romanos nos invita a ser “otro Cristo”, a que la gente nos confunda con Jesús, que nuestras actitudes y modos se parezcan a los de Él. Ese es el mejor modo de comenzar el Adviento. En vez de imponernos cargas o limitaciones, Adviento es un tiempo de abrir horizontes, de volver a soñar, de volver a luchar por la dignidad de todos y todas, de no quedarnos dormidos, sino que, atentos, vigilar para que Jesús siga presente en el mundo. Esto no significa que colguemos cruces o andemos con rosarios, sino que nuestra forma de vida se asemeje a la de Jesús, fiel al Padre, soñando con un Reino de Justicia y Armonía para todos y todas. En eso, usando la ancestral sabiduría mapuche, el “buen vivir” es el mejor propósito y el mayor sentido del Adviento.

 

 P. Juan Salazar Parra, SJ.

 

 

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