17° Domingo del Tiempo Común. La oración, el encuentro con Dios sólo tiene sentido si nos preocupamos de otros y no solamente de nosotros mismos

 

"¡Me escuchaste, Señor, cuando te invoqué!"

Homilía por el 17° Domingo del Tiempo Común

24 de Julio de 2022


Visitando una feria o el mercado de las pulgas no es difícil observar una cierta costumbre: el regateo. Hombres y mujeres de distintas edades y procedencias regatean insistentemente para que el vendedor le baje el precio de lo que desean comprar. Este domingo nos enfrentamos a tres lecturas profundas que toman este tema: el regateo de Abraham, la insistencia del evangelio, y el premio de la carta a los Colosenses.

 

Abraham, en la primera lectura, está regateando con Dios. Nos parece que interactúa con Él de una manera transaccional. Pero la preocupación del teólogo que escribió este texto no tiene que ver con la transacción económica que no conduce a nada (porque al final, Sodoma y Gomorra históricamente perecieron), sino con la imagen de Dios. Independiente del resultado histórico, la actitud de Dios es siempre la misma: dar otra oportunidad, porque su deseo es que todos se salven.

 

Esa bondad de Dios que el texto del Antiguo Testamento ha querido salvaguardar, es la que Jesús retoma en el evangelio. El texto del Padrenuestro de acuerdo a Lucas contiene cinco peticiones:

 

santificado sea tu Nombre

que venga tu Reino,

danos cada día nuestro pan cotidiano;

perdona nuestros pecados

y no nos dejes caer en la tentación

 

Como buen semita, el escritor coloca al centro la petición más importante, que hace sentido a toda la propuesta del evangelio según Lucas, cuya preocupación primera son los pobres y cómo ayudarlos concretamente. El pan cotidiano o de cada día es el centro por el cual se vive el Reino en el Nombre de Dios, y cuando no somos capaces como sociedad de que todos los ciudadanos tengan pan sobre sus mesas, entonces entramos en verdadera dinámica de pecado, de alejarnos de la propuesta del Reino. Es lo que le pasó a Sodoma y Gomorra, no perecen por cualquier pecado, sino por falta de solidaridad. Y entonces, la comunicación con Dios, y toda su propuesta de salvación parecen tener sentido a la luz del pan de cada día que se comparte.

 

La segunda lectura ayuda a que pongamos la mirada en la gracia que nos ha sido dada por medio de Jesús. La resurrección no es un evento mágico según el autor de la carta, sino que es una posibilidad de re-escribir la historia, de dejar atrás el pecado del egoísmo y la codena de la avaricia, para abrir el corazón a poner nuestros medios al servicio de otros, a ejemplo de Jesús en la cruz.

 

En tiempos en que todo parece dominado únicamente por los criterios de la economía, en que los números, el valor del dólar, la bolsa internacional, la depreciación del cobre, etc., dependen de la especulación de algunos pocos, la Palabra de Dios vuelve a poner el acento en las personas reales y concretas de la historia. Pidámosle al Señor que nos regale la gracia de ser insistentes con su proyecto y no con el nuestro, es decir, que seamos insistentes y luchemos por hacer de este mundo, un espacio donde todos tengan el pan de cada día.

Que así sea. Amén.

 

P. Juan Salazar Parra, SJ.  

 

 

 

 

Comentarios

Entradas populares