16° Domingo del Tiempo Común. La hospitalidad como valor, y no la legalidad.

 

"Señor, ¿quién entrará en tu casa?"

Homilía para el 16° domingo del Tiempo Común

17 de Julio de 2022

Alguna vez escuché que la educación se entrega en casa. Ser amable, dar las gracias, pedir las cosas por favor, no ser taimado, parecen ser actitudes que se aprenden en la vida, y que ninguna escuela o universidad podrán enseñar. Hoy las lecturas nos hablan de un valor fundamental para el mundo de Oriente antiguo: La hospitalidad.

 

En la primera lectura, Dios se le presenta de incógnito a Abraham, bajo la apariencia de tres viajeros. Abraham actúa sin preguntar nombres ni pedir credenciales especiales, ni visas de procedencia. Él actúa con la bondad que aprendió de su cultura, actuó de pura gratuidad. Dios le responde con ternura y le promete herencia. Es decir, le promete un pueblo (en la figura de un hijo) que actúe de la misma manera.

 

El evangelio sigue esta lógica y nos muestra que quien acoge a un huésped, en vez de estar “entregando” algo, está “recibiendo”. Hospedar, cuidar, atender, son cosas buenas. Jesús no las niega. Pero sí pone el acento en lo fundamental. Tal vez, al hospedar, más que hacer muchas cosas, debemos esforzarnos por conocer, por conversar, por intentar captar algo de la esencia de las personas. Normalmente, cuando recibimos invitados, estamos moviéndonos para todos lados, preocupados de qué van a comer, de si están bebiendo algo, de si están entretenidos. Pero rara vez nos sentamos a preguntar honestamente cómo están, y dedicar un largo rato a escuchar la respuesta, a acoger. 

 

El activismo es una actitud de todas las épocas y todos los lugares. Los trabajólicos han existido siempre. Los que pasan poco tiempo con la familia, los que están pegados al celular o en reuniones eternas, han existido siempre y seguirán existiendo. Jesús aprovecha esta oportunidad, de ir donde sus amigas, para mostrarnos que el activismo no puede estar por sobre la hospitalidad. Que quien está siempre “dando”, tal vez no se dé el tiempo de agradecer por lo que “recibe”. Acoger a Jesús en el corazón no es simplemente ponernos a hacer oraciones, ir a misa, a trabajos de verano o a construir mediaguas. Acoger a Jesús es vivir con un corazón agradecido, ser capaces de entrar en relación con otros y, a partir de nuestro corazón grato, entonces ponernos en marcha para ayudar a otros. 

 

El activismo corre el peligro de ser una autoafirmación, en vez de ser un servicio honesto al estilo de Jesús.  El activismo corre el peligro de dejar de lado la hospitalidad. Países y sociedades “activas”, con grandes riquezas, con armamentos militares, con lujos y un alto PIB, pueden olvidarse de ser espacios de hospitalidad, donde migrantes y refugiados tengan un lugar, donde nos preguntemos primero por el bienestar de la persona, antes que por sus papeles. 

 

Tal vez, así, seremos dignos herederos de Abraham y fieles seguidores de Jesús.

 

Amén 

Comentarios

  1. Durante el año pasado, me pude reencontrar con mi hermano. De verdad, me siento agradecida, pues nos ayudó para escucharnos, saber de sus sueños, también de sus dolores, de sus esperanzas. Me decia que en nuestra casa se sentía en familia.De verdad, que todo esto ha sido un regalo de Dios.

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