Corpus Christi. Año C. Alimento y felicidad para toda la humanidad
“El Señor lo ha jurado, y no se arrepentirá”
19 de junio de 2022, Homilía de Corpus Christi
El recuerdo o "hacer memoria" es muy importante para nuestras sociedades, culturas ancestrales e incluso para nuestras familias. Esta primavera pasé una semana con mi hermana y su familia. El panorama más valioso de estas vacaciones fue sentarnos a la mesa y hablar durante horas acerca de nuestra infancia, nuestra familia, reírnos y sentir que estábamos todos juntos. La memoria es algo más que recordar algo, es revivir nuestra historia, volver a tener los mismos sentimientos, para poder aprender y repetir lo que sea valioso, así como no volver a vivir aquello que puede ser dañino. La memoria de los antepasados que nos relatan el sentido profundo de nuestras identidades, los museos de memoria para aprender que la dignidad humana tiene un valor universal, son ejemplos también de "hacer memoria". Las lecturas de hoy nos ayudan en la comprensión cristiana de la Eucaristía como "hacer memoria".
En la primera lectura vemos a este personaje: Melquisedec. No es el personaje más importante del antiguo testamento, y solo aparece una vez. Pero por alguna razón, el autor del libro llamado Hebreos en el nuevo testamento lee entre Melquisedec y Jesús un correlato de acciones. La escena descrita hoy es breve en el libro del Génesis. El actor principal es, al mismo tiempo, rey y sacerdote. Ofrece los dones más sagrados, es decir, la subsistencia de todo ser humano en el mundo antiguo: el pan y el vino. Símbolos de comida y felicidad. Su ofrenda es sagrada porque su intención es saciar el hambre de todos. Recordemos que él no es judío, por lo que implica que esa oferta de salvación es para todos, no sólo para algunos pocos elegidos. Saciar el hambre y acceder a la felicidad plena de manera universal es lo que el autor de Hebreos está haciendo memoria.
La lectura de la primera carta a los Corintios es el resumen de la última cena según los evangelios sinópticos. ¿Y qué nos dijo Jesús que hiciéramos? Él dijo: “hagan “esto” en memoria mía”. ¿Qué es “esto"? ¿Qué estaba haciendo Jesús? Esa es la pregunta principal hoy. Jesús no solo celebró la cena con sus amigos y seguidores. Él fue a la cruz y dio su vida por nuestra salvación. Y lo hizo porque era consecuente con el mensaje de Dios.
Sí, venimos todos los domingos, y algunos de nosotros, todos los días para celebrar la Eucaristía, pero esto no debería ser solo un rito. Como han dicho algunos santos: nuestra vida debe ser una Eucaristía prolongada. Significa que la Misa nunca termina si estamos trabajando en el proyecto del Reino de Dios. No podemos estar en comunión con Jesús o hacer memoria honesta de su vida, si rechazamos, despreciamos o discriminamos a nuestros hermanos y hermanas, por su ideología política, por su condición social, racial u orientación sexual. Este sacramento nos recuerda que Él vendrá de nuevo, y no seremos juzgados por lo bien que memoricé las oraciones o la posición en la que estaba durante la Misa. Jesús nos preguntará por nuestra relación con la humanidad. Si fuimos misericordiosos, generosos y si seguimos su ejemplo.
Su ejemplo, según el evangelio de Lucas, es la acción de hoy: dar de comer a la multitud. Esa es la invitación de Jesús. Como Melquisedec, Jesús ofreció el elemento principal de subsistencia para la vida humana: el pan. Y en la cena antes de morir, celebró también con vino. Es decir, Jesús nuevamente pone en el centro de nuestra atención el alimento y la felicidad.
En la Misa de hoy escuchamos las palabras que según los evangelios Jesús pronunció en aquella cena. Él hizo algo: tomó pan y vino y nos dio de comer, porque quiere que nuestra vida sea plena y feliz. Pero también nos dio una misión: hacer lo que él hizo, en su memoria. Significa hacer que la vida de las personas que nos rodean esté llena de sentido y felicidad. Que a nadie le falte el alimento, y que todos sientan que este mundo es su hogar, con una vida digna y plena. Eso es Eucaristía, porque ese es el proyecto de Dios que Jesús hizo vida.
Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ
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