3° Domingo de Cuaresma. Año C. Siempre hay una nueva oportunidad para comenzar.
Cuando era pequeño, las cuatro estaciones del año, al menos en Valparaíso, se marcaban con mucha claridad. En el verano había más calor, las playas se llenaban de gente, las noches eran más vivas. En primavera, todo se volvía verde y colorido. En otoño se caían las hojas de los árboles, y jugábamos a pisarlas. En invierno caía la lluvia y el frío, había inundaciones inclusive. Hoy día eso es distinto. Pero esa forma de vivir las estaciones, me marcó mucho, porque representaba el paso del tiempo y también de la esperanza. Cuando vemos las hojas caer de los árboles en otoño, esperamos que ese mismo árbol se llene de hojas verdes en primavera. Eso es la conversión y lo que el tiempo de Cuaresma nos intenta animar a vivir. Las lecturas de hoy nos dicen algo sobre este proceso de cambio que, bíblicamente, llamamos 'conversión'.
La primera lectura es una maravillosa introducción a la liberación del pueblo de Israel. Dios está, literalmente, "en llamas". Se apasiona por sus hijos y por salvarlos de la opresión de un injusto poder humano. Escoge, entonces, a Moisés para que trabajen juntos en la liberación. ¿Cómo se llama ese Dios que libera? Tiene un nombre medio extraño: "Yo soy" o Yahvé. "Yo soy" significa que Dios está presente, que no es parte del pasado junto a Moisés, ni una promesa de futuro apocalíptica. Dios está activamente presente en nuestras vidas.
La segunda lectura nos recuerda esa historia de salvación. Pablo sabe de dónde vine, es un judío muy bien educado y conoce los eventos del desierto. Sabe que mientras Israel era liberado, al mismo tiempo, desconfiaban de Dios y de Moisés. Entonces, Pablo instruye a la comunidad de Corinto que las cosas pasan no porque Dios sea malo o la gente haga cosas malas, sino porque nos olvidamos (muy a menudo) de que somos libres para amar a nuestros hermanos como respuesta al amor De Dios y no por obligación o por deuda.
El Evangelio es incluso más claro sobre este tema. Podemos dividir el texto de Lucas en dos partes. Una primera que habla de tragedias y una segunda que introduce el tema de la esperanza. Hay un comentario muy común, lo era en tiempos de Jesús y lo es ahora, de que las cosas buenas le pasan a la gent buena y las cosas malas le deben pasar a las personas malas. Es como si una enfermedad fuera fruto de nuestros malos comportamientos o el dinero o el bienestar fuera recompensa de algo que hice bien. No sé si alcanzamos a dimensionar que ese pensamiento nos convierte en dueños de la historia y tienen una 'palabra definitiva' sobre nosotros. Esa manera de pensar no es cristiana, porque no dejamos a Dios ser Dios y nos convertimos en nuestros propios dioses y jueces de nuestra vida. Pero también son pensamientos fatalistas, porque si hice algo estoy maldito o, al menos, definido como tal, para el resto de mi vida. Es una manera de vivir poco libre (estamos presos de lo que hacemos) y, sin dudarlo, poco agradecida (porque todo 'me lo merezco').
Jesús predica una solución diferente a ese pensamiento. Le recuerda a sus discípulos que las malas cosas suceden, que a veces nos equivocamos, no porque seamos malos, sino que la vida es de esa manera. Pero que siempre tenemos la posibilidad de cambiar. Esa es nuestra esperanza y la forma en que Dios actúa en nuestras vidas. Si estamos pasando por un mal momento, Él está ahí con nosotros, para ayudarnos a entender y sobrellevar ese momento difícil. Y cuando cometemos un error, Él siempre nos da una nueva oportunidad y más tiempo para cambiar. Nos recuerda, también el texto, que el cambio no es para nuestra propia salvación, sino que es para dar fruto (de allí la imagen del árbol de la higuera), o sea, es para ayudar a otros y compartir lo que somos y tenemos, de manera agradecida.
Hay dos palabras en las Escrituras para conversión. En este evangelio, Lucas usa la palabra metanoia que significa 'cambio de mentalidad'. Es como un deseo de cambio. Cuando nos damos cuenta de que las cosas pueden ser mejores, que en nuestra familia podemos vivir con más afectos, que en nuestros barrios podemos compartir más y que en nuestro país podemos tener más justicia. En ese momento, algo cambia en nuestro corazón. Vivimos la metanoia. Esa es nuestra esperanza y la esperanza De Dios. Como el Pueblo de Israel, nosotros también somos liberados para ayudar a otros, para mostrarle al mundo que existe y es posible una manera diferente de vivir: más comprometidos, más compartidos, más felices, más descansados, más justos.
Ciertamente, no vamos a cambiar nuestra mentalidad de la noche a la mañana. Es un proceso con altibajos. Lo importante es cultivar el suelo (como dice el evangelio), que intentemos vivir una vida más justa. Dios es paciente, nos da más tiempo, y nosotros tenemos que ser pacientes también, para mostrarle al mundo, junto al salmista, que el Señor asegura la justicia y los derechos de todos los oprimidos.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
Podemos encontrar las lecturas en: https://www.eucaristiadiaria.cl/domingo.php
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