2° Domingo de Cuaresma. Año C. Invitados a ser protección para otros...
Todo el mundo tiene un teléfono actualmente. Pagamos por esos teléfonos inteligentes justamente por lo que no tienen de teléfono. Pagamos más por la calidad de la cámara fotográfica, la velocidad de conexión, la capacidad de almacenamiento fotográfico. En esos aparatos, escuchamos música, vemos películas, enviamos mensajes y obtenemos direcciones. De hecho, confiamos en lo que el teléfono dice por medio del mapa y seguimos el camino que nos traza.
El evangelio de Lucas es llamado el evangelio del Camino por dos razones fundamentalmente. En primer lugar, al grupo de cristianos del primer siglo se le llamada “los del Camino”, y Lucas escribió su texto de dos tomos (el evangelio y los Hechos de los Apóstoles) para representar la vida de la comunidad. En segundo lugar, el evangelio tiene ese nombre porque en Lucas podemos leer una narrativa del Camino de Jesús a Jerusalén. Por eso, “el camino” es una buena clave de lectura para estas lecturas dominicales de Cuaresma.
Justo antes de seguir su camino a Jerusalén, Jesús se detiene a orar. Debemos recordar que el Jesús que Lucas “dibuja” es el modelo del creyente, un orante. En esa oración, tiene una especie de entrevista con Moisés y Elías, representantes de la educación hebrea y de su profecía. Y ellos hablan sobre este nuevo éxodo que Jesús deberá realizar, un nuevo camino que deberá vivir en Jerusalén. Pero Jesús no está solo. Está con sus seguidores. Estos tres amigos: Pedro, Santiago y Juan, están abrumados por la situación. Están cansados, saben que deben seguir caminando hacia Adelante, y se dan cuenta de que Jesús es diferente, no porque ahora aparezca con ropas blancas, sino porque les ha hablado del sufrimiento y la entrega en favor de una causa mayor.
En medio de ese miedo, sienten la presencia de Dios en la nube y la sombra. Esa sombra se asocia al hebreo shekinah, que también se refiere a la tienda que cubría y protegía el Arca de la Alianza del pueblo de Israel. Shekinah para judíos y cristianos es la presencia divina de Dios representada como luz que protege. Entonces no es una sombra oscura, sino que se parece a cuando uno mira directo al sol y queda “medio ciego” por el brillo. Esa es la sombra que están experimentando.
Es una imagen muy plástica para representar la presencia (Dios está ahí), guía (Dios es la luz que ilumina la vida) y la protección (Dios nos cubre) del Señor durante nuestro camino, es decir, nuestra vida con sus tiempos de crisis. La misma nube/sombra que caminó con Israel en el desierto se une a los discípulos de Jesús para mostrar protección y compañía. Se demuestra entonces, que el camino del sufrimiento y la entrega que Jesús está mostrando no es un camino solitario, sino que el Señor está presente siempre, protegiendo y acompañando, lo que no quita problemas de la vida misma.
Cuando hay mucha gente que dice que sus sufrimientos son castigo de Dios o que tienen dinero gracias a Dios (por lo tanto, los pobres no tienen dinero porque Dios no los quiere), este Evangelio nos ayuda a una mejor comprensión de nuestra vida cristiana, porque en el dolor (como Jesús lo va a experimentar en Jerusalén) y en la alegría (que los discípulos viven), Dios siempre está presente.
Dios ha estado siempre presente, desde la alianza con Abraham en la primera lectura, en forma de fuego. Y en la segunda lectura, Pablo nos recuerda que nuestro camino, “nuestra patria está en el cielo”. Solemos estar abrumados por el cansancio, las deudas, el dolor, el dinero, el trabajo. Está bien preocuparse de la vida diaria, pero debemos comprender que esas necesidades no son el propósito final de nuestra vida. El objetivo de nuestra existencia es vivir como Jesús, que es vivir al estilo de Dios, es decir, proteger, acompañar y ser luz para otros.
Por eso, podemos preguntarnos ¿cuándo, dónde y quién ha sido presencia, protección y guía de Dios en mi vida? Y también ¿cuándo, dónde y para quién, yo he sido presencia, protección y guía de Dios en sus vidas?
El viernes 11 se iniciaba un nuevo gobierno político y democrático en Chile. Es tiempo de orar, como Jesús, para que el Presidente y sus colaboradores sean signo de esperanza, de luz y protección para Chile, especialmente, para los que más necesitan de ello.
Tal vez, al aceptar la invitación de Jesús de ser presencia de Dios para otros en esta Cuaresma, podamos cantar con el salmista que Dios es nuestra luz y nuestra salvación.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
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