1° Domingo de Cuaresma. Año C. Cuaresma como espacio de encuentro y confirmación
El miércoles pasado comenzó la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Cenizas. Ya estamos medio acostumbrados a las "cuarentenas" (palabra relacionada a cuaresma) y creo que hemos podido entender mejor de qué se trata. En principio, todos pensábamos que una cuarentena era de 40 días, después fueron de 15, otras veces fueron largos meses de encierro y hoy ya van en algunos pocos días. Parece que la cuarentena, la cuaresma, no se trata sólo de la cantidad de días, sino que esos días son un símbolo de algo más profundo, que le da sentido a ese tiempo de cuidado y renovación. Las lecturas de hoy, nos insisten en que lo importante es darle sentido a este tiempo que vivimos como comunidad de fe.
La primera lectura nos muestra el sentido profundo de la fe del pueblo de Israel: Dios los liberó de la esclavitud de Egipto. Y cada israelita se siente parte de esa tradición viva: "Mi padre era un arameo errante". No se trata sólo de una experiencia histórica, como si fuera un evento del pasado, sino que es un evento que tiene que ver con la vida cotidiana, con los afectos, con las relaciones. Esa es la libertad que Dios ofrece a diario.
Sobre lo mismo, insistirá Pablo en la carta a los Romanos. La fe cristiana es que por la Resurrección de Jesús hemos sido liberados de la esclavitud de la muerte. Y cada cristiano se siente parte de esa tradición, profesando con sus propios labios que "Jesús es el Señor". No se trata de algo que se lea o se aprenda de memoria, sino que se declara con la vida, con palabras que brotan del corazón, y, por tanto, es un evento que tiene que ver con la vida cotidiana, los afectos, las relaciones. Evidentes son las similitudes entre ambos textos y contenidos.
El evangelio retoma esas historias de intimidad con el Dios que libera y el autor del texto lleva a Jesús al desierto. En ese desierto donde Dios puso a prueba a su pueblo y el pueblo puso a prueba a Dios (al negarlo o al increparlo), ahora se desarrolla un relato de tentaciones. Jesús es tentado en tres ocasiones y la ayuda del Espíritu recibido previamente y su conocimiento de las Sagradas Escrituras le permiten sobrellevar el diálogo con satanás. Jesús es "puesto a prueba", dicen algunas Biblias y algunos documentos que podemos leer. Y la verdad es que, aunque la tentación pueda ser comprendida como prueba, hoy Lucas nos ayuda a mirar el desierto como un lugar de confirmación de la fe. En el desierto, Jesús no pone a prueba a Dios, no lo encara ni le recrimina nada. Tampoco, Jesús es maltratado (el texto de Marcos dirá que los ángeles lo servían) y tampoco se ha "vencido la prueba" totalmente (el mismo evangelio dice que el tentador lo deja hasta una nueva ocasión). En verdad, Jesús en el desierto confirma su fe en el Dios que libera, que salva a la Humanidad, y también da muestras de su fidelidad a ese Padre. Por lo tanto, el desierto es el lugar de la confirmación de la fidelidad.
Estamos viviendo este tiempo de preparación a la Resurrección y, tal vez, en vez de enfocarnos solamente en la conversión como 'dejar de cometer faltas', deberíamos levantar la cabeza y mirar la conversión como una posibilidad de vincularnos con el Padre (como Jesús lo hace). Este podría ser un camino de confirmación de nuestra fe, porque queremos ser mujeres y hombres fieles al proyecto de Dios en el mundo: que el derecho, la justicia y la paz se establezcan entre las naciones.
Que esta "cuarentena" tenga verdadero sentido y que transforme nuestras vidas, es decir, haga más sólidos nuestros vínculos de fraternidad. Que sea una Cuaresma en la que confirmemos nuestra fidelidad al Dios que libera y acompaña a su pueblo. Y que eso lo podamos vivir en nuestras vidas cotidianas, siendo agentes de liberación y compañía, con nuestras familias, compañeros de trabajo, hermanos de comunidad cristiana, etc.
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ
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