8° Domingo del Tiempo Común. El cuidado de unos por otros es puerta de salvación.
Hay un dicho popular: "el sentido común es el menos común de los sentidos". Las lecturas de hoy nos permiten obtener algunos criterios para mejorar nuestro sentido común, nuestra forma de vivir en comunidad y nuestra participación en la sociedad civil.
Para ser una buena persona, una buena educación no es suficiente. Por un lado, conocemos algunos Doctores que tienen comportamientos desagradables y groseros. Gente con mucho dinero y también mucha arrogancia. Por otro lado, también conocemos mucha gente que trabaja duro cumpliendo sus labores del día a día, de manera simple y amable. Probablemente, muchos de los lectores de este blog se encuentran en este último grupo. La vida nos ayuda a descubrir que el dinero o la educación académica no compra el sentido común. Éste es sabiduría, y la sabiduría implica cuidado. Eso es lo que el libro de Jesús Ben Sirah, parte de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento, nos está diciendo en la primera lectura: "El fruto del árbol muestra el cuidado que aquél ha tenido". No se trata sólo de hacer cosas, sino de la calidad con la que las ejecutamos. Conozco personas que suelen hablarles a las plantas cuando las están regando. El cuidarlas para que crezcan sanas, no se trata sólo de la cantidad de agua necesaria, sino de un modo delicado y constante. En nuestro caso, cuidar de otros no es trabajo para un solo día, sino que es trabajo de todos los días, para padres y madres, profesores, cristianos, sacerdotes, para toda la Humanidad. Tenemos la una sabia oportunidad de hacer de este mundo un mejor y más cuidadoso lugar.
El Evangelio es otra llamada al cuidado. Hoy leímos la última parte del Sermón de la Planicie de Lucas. Se nos presentan varias características de personajes: un maestro, discípulos, hermanos de la misma comunidad, uno que puede quedar ciego, otro que actúa mal, otro que juzga, otro que es juzgado. Puede que sean diferentes historias (éstas y las que hemos venido leyendo en el Sermón de Lucas), de distintos momentos en la vida de Jesús, que el autor de este texto creyó que podríamos entender mejor si las leíamos juntas. Con esta estrategia, el escritor está queriendo mostrar un punto de vista: Jesús cuida y quiere que cuidemos también.
Podemos aprender mucho de libros, artículos de investigación. Podemos leer mucho. Podemos gritarle al mundo que una hija o hijo entró en una buena escuela o universidad, que es la mejor de la clase, que avanzamos en nuestro trabajo, etc. Todas cosas buenas, de las que tenemos derecho a sentirnos bien. No hay nada de malo en ello. La pregunta es si esos éxitos (personales y ajenos) nos convierten en mejores personas o no. La relación de un maestro con su discípulo, por ejemplo, es una relación de cuidado. El maestro debe cuidar de sus discípulos, mostrarles una forma de vivir, ayudarles a ser personas sabias, no sólo en conocimiento. La sabiduría es mucho más que conocimiento. Sabiduría es sentido común. Y el discípulo debiera aspirar a convertirse en el maestro: Una persona sabia que cuida de otros. Tal vez sólo ahí estaremos en condiciones de decir que "el discípulo ha superado al maestro".
Vivimos momentos difíciles como sociedad. La situación de Ucrania con Rusia no nos puede dejar impávidos, en silencio, atemorizados. Ni siquiera quiero referirme a los asuntos políticos. Eso es trabajo de otros. Simplemente, quiero hablar de Humanidad. Hermanos y hermanas nuestros están muriendo por decisiones que se han tomado sin cuidado. Cuando todo lo miramos desde las alturas, desde los números macro, podemos perder los detalles. Y la vida está llena de detalles. Una pareja enamorada, abuelos cariñosos, una madre trabajadora, un padre paciente, la sonrisa de los amigos, también la vida de nuestros hermanos de Humanidad, aunque estén al otro lado del mundo.
La Buena Noticia de hoy es un llamado al cuidado en esos detalles. Es un llamado a que lo que sea que hagamos, lo hagamos con calidad. Tal vez, esa es nuestra manera de ser verdaderos discípulos de nuestro Maestro Jesús, que cuidó tanto, que fue capaz de ver los corazones de hombres y mujeres, y sin juicios, ofrecer un proyecto de vida mejor para todos. San Pablo nos recuerda, en la segunda lectura, que todo esfuerzo hecho en nombre del cuidado, es una victoria sobre la muerte, porque "en el Señor, tus labores [nuestras labores] no son en vano".
Que así sea. Amén.
P. Juan Salazar Parra, SJ.
Comentarios
Publicar un comentario